El estigma en la enfermedad mental lastra el esfuerzo titánico de pacientes, familiares y especialistas para conseguir que las personas con este tipo de patologías puedan llevar una vida normal y encontrar respuestas en forma de diagnóstico o tratamiento como sucede con otras enfermedades, con independencia de su gravedad.

Parece un ruido lejano, una música de fondo que aparece en cada espacio de análisis sobre salud mental, pero no. Lo cierto es que esa costumbre nefasta de señalar con el dedo lo diferente, de buscar nexos donde no los hay y de sacar conclusiones sin ninguna base científica hacen crecer la “losa” que muchos de estos pacientes han de levantar cada día.

Esta semana hemos asistido a un espectáculo lamentable. Los titulares de algunos medios de comunicación que se han hecho eco sobre los problemas de salud mental de la persona que remitió una carta con una navaja a la ministra de Industria, Reyes Maroto, provocan escalofríos. Hemos de admitir que en la redacción de GACETA MÉDICA los leímos con una mezcla de vergüenza ajena e impotencia.

Reproducimos algunos aquí para dimensionar el alcance del problema y con la única intención de que no se repitan: “La izquierda se aferra al “fascismo” aunque la navaja la envió un loco”; “El PSOE hace campaña con la amenaza de un esquizofrénico”; “Un enfermo de esquizofrenia detenido por la ‘amenaza fascista’ a Maroto: puso su nombre en el remite”… ¿Alguien imagina un titular en el que un “sidoso” o un “canceroso” -perdón por las expresiones- pueda protagonizar un acto violento con semejante desprecio? 

Como era de esperar, el tratamiento informativo de la noticia en estos medios ha generado asombro y rechazo en las redes sociales y un profundo malestar en quienes conocen de cerca la complejidad de todo lo que atañe a la salud mental.

Desde la Sociedad Española de Psiquiatría, su presidente, Celso Arango, esgrime este, entre otros muchos argumentos: “Décadas de investigación nos han demostrado que el mayor riesgo de violencia en las personas con trastorno mental es el que sufren por parte de los demás y no el que ellas ejercen”. “Las personas con trastorno mental grave estables no son más violentas que la población general, lo que sí son es más vulnerables a recibir esa violencia de otros y de la sociedad, incluidos titulares de periódico“, sentencia.

Desde asociaciones de pacientes, como SALUD MENTAL ESPAÑA, reclaman a los medios una reflexión profunda y una rectificación y recuerdan que estas informaciones vulneran los derechos de las personas con estas patologías.


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