Premios BiC
| jueves, 31 de octubre de 2019 h |

Puede parecer ilógico pero la Sanidad en mayúsculas no ha sido motivo de esfuerzo en los mensajes políticos a una semana de las elecciones. Uno de los grandes logros de nuestra sanidad está asediada por un cambio demográfico que aumenta la cronicidad y los pacientes pluripatológicos sin tener resuelta la necesaria financiación que permite seguir disfrutando de una de las mejores sanidades del mundo. Sí que ha habido propuestas para la ampliación de la cartera de servicios (bienvenidas, sean) pero lo más crucial no está en la agenda. La sanidad necesita que de la fragmentación parlamentaria resurjan los acuerdos y soluciones de consenso pero en una campaña en la que se buscan más las diferencias que los puntos en común el Pacto por la Sanidad ha salido herido de muerte.

Por suerte, ante la ceguera a nivel nacional, las comunidades autónomas han roto una lanza en favor del consenso. Y lo han hecho desde posiciones ideológicas diferentes pero con la gran convicción de que la sanidad es una de las mayores expresiones de cohesión social. Escuchar a los presidentes autonómicos Alberto Núñez Feijóo o Emiliano García-Page es una bocanada de esperanza que esperemos que inunde pronto el debate en clave nacional. Tener que lidiar día a día con presupuestos agarrotados —a pesar de la gran apuesta autonómica que permite ver, año tras año, que las cuentas para sanidad aumentan— las hace plenamente conscientes del problema que se avecina.

Quedan diez días para que los españoles decidamos la correlación de fuerzas que queremos que tengan las cámaras representativas, de la que emanará (esperemos) un nuevo Gobierno. Si bien el pacto por la sanidad debe tener su concepción en las cámaras legislativas, pedimos que el próximo gobierno no se acobarde y lidere lo que para los españoles es un bien de primera necesidad. Si la sanidad comienza la década sin el pacto que necesita los problemas que aún hoy pueden resolverse se encasquillarán. Toca, como ciudadanos, pedirlo primero a través de las urnas pero seguir insistiendo después por si la mala memoria se instalase de nuevo. Nunca es tarde si la dicha es buena pero el tiempo corre y no siempre estaremos a tiempo.