Premios BiC
| viernes, 30 de agosto de 2019 h |

Hay varios factores que agudizan la dimensión de un hecho determinado. Una de las ciclogénesis más explosivas es una crisis sanitaria que se produce durante el periodo estival. La ausencia de hechos noticiables unida al incremento del tiempo libre de la mayoría de ciudadanos por el merecido descanso son grandes factores de riesgo. El primero porque hay muchas horas de televisión que rellenar y muchas hojas de periódico por escribir. El segundo porque existe el tiempo necesario para empaparse de ellas y acercarse al estado de histeria colectiva.

El brote por listeriosis ha sido y es grave, muy grave, no es cuestión de quitar hierro al asunto. También las dudas institucionales de los primeros compases han ayudado muy poco a mantener el estado deseable en cualquier situación de este tipo: una calma vigilante. Las bolas de nieve que no se atajan de raiz se convierten en aludes de difícil contención y eso es precisamente lo que se vivió en los primeros días de la crisis sanitaria. La histeria bebe del desconocimiento y este se alimenta de las dubitaciones. Un cóctel que se ha servido en muchos de los chiringuitos de las costas españolas durante la segunda mitad de agosto.

Si se consigue aislar el estado de histeria, labor profesional indispensable del periodista que quiera acercarse a la situación para informar de ella, se pueden sacar muchas conclusiones que evitan que el pánico se extienda. La primera de ellas es transmitir que sólo una partida de alimentos de una determinada marca (y también marcas blancas) son las causantes de la listeria. Lo segundo es cribar a la población entre los que son de riesgo y los que no. Esto es importante porque la listeriosis para una persona que no sea de riesgo no es más que una gastroenteritis media y no es necesario colapsar las urgencias de un hospital. Y transmitir quiénes son población de riesgo es igualmente importante porque las consecuencias entre un tratamiento precoz o tardío son muy significativas.

Pero, además, también hay que señalar otro tema de fondo: ante una crisis sanitaria no debería haber debate sobre responsabilidades hasta que se haya atajado. Cuando el juego político entra en escena se enrarece el ambiente. Se empieza a percibir que algo no se ha hecho como se debería y el miedo entre los ciudadanos se acrecenta. Seguro que no se ha hecho todo bien, pero conviene guardar la guillotina hasta el amanecer.