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| viernes, 31 de agosto de 2018 h |

Aspirar a una Sanidad que no distinga entre géneros cuando se habla de equidad y calidad debe ser el estandarte que abandere cualquier Ministerio de Sanidad que aspire a hacer gala de su nombre. No hay duda de que la recuperación del Observatorio de Salud de la Mujer es un paso importante para lograr que el eslogan se convierta en realidad y que el 50 por ciento de la población española no sufra, una vez más, una discriminación que debería avergonzar a cualquier democracia que se precie.

Una vez sentada esta base hay que tener claros cuáles son los objetivos. Evidentemente, aquellas patologías propias de un género (desde la salud reproductiva y sexual hasta la oncología en órganos femeninos) deben disponer de todo el arsenal terapéutico existente. También debe existir la planificación necesaria para abordar las comorbilidades asociadas, como la asistencia psicológica, y la formación de los profesionales sanitarios para que el engranaje funcione a la perfección. Pero desde el Ministerio deben realizar también un esfuerzo en aquellas patologías que si bien son comunes entre ambos géneros se ceban especialmente con las mujeres.

Decía Carmen Montón que para 2019 se conocerán datos precisos sobre el impacto de la endometriosis en España. Todo un paso adelante que además cuenta con el aval de haber escuchado con atención a la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados. Pero la ministra de Sanidad y el Observatorio de la Salud de las Mujeres no deben renunciar a la visión panorámica dentro de la perspectiva de género. Existen patologías como las asociadas a las fracturas óseas que afectan en gran medida a las mujeres, sobre todo a nuestras mayores. Una fractura de cadera suele ser el primer paso hacia los últimos días de la vida y en demasiadas ocasiones con una pérdida de calidad en la misma. Y el impacto en España no es baladí: la prevalencia de la osteoporosis en España se estima en torno al 22,6 por ciento en las mujeres mayores de 50 años de edad

Por ello el Ministerio de Sanidad debe ser valiente y constante en sus ambiciones. En los próximos años la recuperación de este Observatorio de la Salud debería notarse en todas aquellas patologías que afectan a las mujeres de manera más insidiosa. Es cierto que un primer acercamiento lleva a pensar que este resucitado organismo tiene muchas tareas pendientes en patologías propias de la mujer pero la urgencia no debe distraernos de lo importante. Una sociedad sana es aquella que no se deja ningún problema por el camino. Ahora toca dejar trabajar a los técnicos, pacientes y profesionales para que este editorial no deba tener que ser reescrito en el futuro.