El Global Madrid | lunes, 27 de agosto de 2018 h |

Tras el anuncio del Gobierno de restablecer en nuestro país la asistencia sanitaria universal, se ha descubierto que tiene beneficios secundarios, además de mejorar la salud. Así lo afirma un estudio dirigido por la Harvard T.H. Chan School of Public Health (Estados Unidos), publicado en la revista ‘Science’, en el que se concluye que la sanidad universal aumenta la productividad y reduce las desigualdades económicas y sociales. En un momento en que la atención médica universal está ganando amplio apoyo y es un imperativo central para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Naciones Unidas (ONU), los investigadores enfatizan que los países deben lograr un equilibrio entre ampliar la cobertura médica y garantizar la calidad de la atención que se brinda.

“Es difícil pensar en una aspiración que refleje y contribuya al progreso humano más que la sanidad universal. El desafío es la distribución y el reparto, que requieren una fuerza política y financiera sostenida, además de tecnologías e instituciones innovadoras. Lo más importante es que no debemos centrarnos solo en la atención primaria ni las intervenciones que promueven la prevención de enfermedades y la detección temprana, sino también en la equidad social y económica, y la cooperación internacional”, asegura David Bloom, autor principal del estudio.

Hace cuarenta años, los líderes mundiales de salud emitieron la Declaración de Alma-Ata, que elevó la conciencia mundial de la ‘salud para todos’ como un derecho humano universal y enfatizó la importancia de la atención primaria de la salud. “Los beneficios son abundantes y van más allá de mejorar la salud. Puede generar ganancias económicas al aumentar la productividad, y puede mejorar la estabilidad social y política a la vez que reduce las disparidades de salud y las desigualdades económicas y sociales”, detallan los investigadores.

Además, explican que los países en los que la mayor parte del gasto en atención médica se paga con financiación del estado tienen tasas más bajas “del tipo de gastos de salud que pueden llevar a la bancarrota a las familias”, en comparación con los países que dependen en mayor medida de seguros privados.