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Carlos B. Rodríguez Madrid | miércoles, 22 de enero de 2020 h |

Fue el ex consejero de Sanidad Jon Darpon quien, en el contexto del Gobierno vasco y ya en 2016, instauró la idea de que el desarrollo tecnológico y farmacéutico es el principal determinante del gasto sanitario, por encima incluso del envejecimiento de la población. Esta idea, que entre otras en estos años ha dado nuevos argumentos a Euskadi para seguir pidiendo un sillón propio en la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos, se ha convertido en una convicción que también defiende Nekane Murga. Así lo ha asegurado en un desayuno organizado por Europa Press, en el que ha apostado por avanzar hacia una “evaluación más rigurosa” de los medicamentos.

En un momento clave en el que el sistema sanitario español debe trabajar para incluir en la cartera de servicios la medicina de precisión o la genómica, la presión que el gasto farmacéutico ejerce en términos de sostenibilidad aumenta. Y aunque España es un modelo para otros países a la hora de financiar y dar acceso a innovaciones, Murga ha criticado que quizá se esté haciendo con demasiada rapidez en el caso de las que vienen asociadas a una elevada incertidumbre sobre su beneficio clínico y sus resultados.

“La innovación tecnológica, cuando es coste-efectiva y se introduce en e momento oportuno, genera beneficios para el paciente para los sistemas sanitarios —ha señalado Murga—. Pero los sistemas a veces incorporamos tecnologías y fármacos con gran rapidez, o en una etapa en la que deberíamos valorar mejor el valor. Debemos seguir exigiendo una evaluación más rigurosa para asegurar que los beneficios serán percibidos en la practica clínica. Cada innovación debe asegurar que supera el coste-efectividad de lo incorporado hasta ese momento”.

La consejera resaltó que esta “crítica constructiva” no sólo toca a la industria farmacéutica; también atañe a las autoridades sanitarias competentes. “La industria farmacéutica es la primera interesada”, añadió, en que el sistema sea sostenible. Por ello, instó a “seguir trabajando conjuntamente y pensando en avanzar y en hacer sostenible el sistema para que los pacientes reciban lo más beneficioso en términos de percepción y resultados”.

Los retos de Euskadi en 2020

Que el desarrollo tecnológico y farmacéutico es un reto lo ponen de manifiesto los nuevos tratamientos celulares, como las CAR-T, un ámbito en el que Euskadi sigue trabajando en la acreditación de un centro propio. Se trata de convertir ese reto en oportunidad, algo que también es posible. Para Murga no hay mejor ejemplo que el de la hepatitis C. Con cerca de 7.500 personas tratadas —el 97 por ciento de las cuales se ha curado— y una inversión realizada de 93 millones, el País Vasco encara 2020 dando los primeros pasos para eliminar la hepatitis C. Y lo hará desplegando, ya durante el primer trimestre, un plan de cribado en dos ejes: a población de riesgo y cribado oportunista, realizado desde los centros de AP.

No será este el único hito que Euskadi pretende alcanzar este año. En estos meses, el despliegue del cribado de cáncer de cérvix estará extendido en el conjunto de la región, sumándose al cribado de cáncer de mama y colorrectal, dos programas consolidados, con resultados probados y que obtienen una alta participación ciudadana. Solo el año pasado, los programas de cribado han permitido detectar precozmente más de 900 cánceres de mama y colon.

Asimismo, el Departamento de Salud se ha marcado otros objetivos, de los cuales cabría resaltar dos: serán importantes los trabajos dirigidos a medir la satisfacción del paciente e incluir este indicador ofrecer información útil a la hora de apoyar la toma de decisiones y, muy especialmente, los pasos que permitirán terminar de construir el edificio socio-sanitario en Euskadi.