Alberto Cornejo Madrid | viernes, 03 de marzo de 2017 h |

En un reciente debate en la Asamblea de Murcia en torno a una moción de impulso a la farmacia asistencial —y que incluía el estudio de una mayor dispensación de medicamentos de Diagnóstico Hospitalario en las boticas— el parlamentario popular Domingo Coronado denunciaba que “la farmacia comunitaria y la farmacia hospitalaria mantienen una lucha de poder para ver quien tiene que controlar los medicamentos y quien ofrece mayores garantías”. Al margen de valorar si este político está acertado (o no) al calificarlo como “lucha de poder”, lo cierto es que le han podido dar nuevos motivos para afianzar su parecer.

Es la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) quien añade nuevas líneas al debate. Lo hace con la publicación del dossier El valor de la Farmacia Hospitalaria en el que defiende que la presencia y dispensación de los DH en los hospitales “añade unas ventajas clínicas que no puede suplir la oficina de farmacia”. Entre las justificaciones se encontrarían, entre otras, la obtención de niveles de adherencia a los tratamientos “significativamente superiores que los conseguidos en la oficina de farmacia”, así como evitar un gasto adicional al SNS de 500 millones de euros anuales que acarrearía su retorno a la botica.

La polémica surge dado que la SEFH hace suya la premisa de que la mejor defensa es un buen ataque y también denuncia que la intención de la farmacia comunitaria por recuperar estos fármacos “responde más a intereses comerciales que a intereses basados en la mejora clínica o asistencial”, amén de suponer “una externalización privada del servicio”. Asimismo, avisa de que las entidades representantes del sector de oficinas de farmacia tratan de “influir” para esta vuelta “trasladando mensajes en los medios de comunicación especializados y llevando a cabo acciones de forma clara y organizada”.

El dossier de la SEFH parcela sus argumentos desde un punto de vista asistencial, económico y legal. Una estructura que ha querido mantener EG en el siguiente análisis sobre las credenciales que cada nivel asistencial pone sobre la mesa en este debate.

Asistencial: niveles de adherencia

En el apartado asistencial, la SEFH toma como referencia el Plan de Adherencia al Tratamiento presentado por Farmaindustria, el cual indica que los valores de adherencia en tratamientos con seguimiento hospitalario (cáncer, VIH) se encuentra entre el 70 y el 80 por ciento, “mientras que en patologías con seguimiento desde la farmacia comunitaria este valor cae hasta un 55 por ciento”, comparan desde esta sociedad.

No obstante, diversos proyectos desarrollados en la farmacia comunitaria revelan resultados superiores en adherencia a los que les atribuye la SEFH. Por ejemplo, el programa Adhierete impulsado en 2016 del Consejo General de COF reveló incrementos del 35 por ciento al 75,7 por ciento en la adherencia a los tratamientos tras la intervención del boticario.

Entre otras de las ventajas clínicas que aportaría la farmacia hospitalaria se mencionan la coordinación médico-farmacéutico y el acceso a la historia clínica. La SEFH incide en este “elemento diferencial básico” dado que “sin el acceso a la historia clínica no es viable realizar una adecuada gestión farmacoterapéutica del tratamiento”. “Si en la farmacia no hay acceso a la historia clínica, ¿dónde se informa de circunstancias que pudieran detectarse (interacciones, efectos adversos, etc.)?”, preguntan.

Accesibilidad: coincidencia con matices

Aunque con matices, es en este aspecto donde se manifiestan los únicos puntos de encuentro entre la farmacia comunitaria y la hospitalaria. Y es que, respecto a la mejor accesibilidad a estos tratamientos a través de la botica —uno de sus principales argumentos de los defensores de este canal, por la capilaridad de la red— la SEFH apunta que “es evidente que tiene su parte de razón”. Los números que maneja el CGCOF en este apartado reflejan una media de 84 farmacias por cada hospital público .

No obstante, esta entente cordiale tiene sus matices. Y es que la SEFH defiende que “los pacientes siguen acudiendo al hospital para sus visitas (…) por lo que la comodidad entendida como no traslado al hospital puede ser aplicable en determinados pacientes, habitualmente crónicos y estables, pero no en todos”. Incluso, el documento plantea “alternativas” para evitar estos viajes de los pacientes al hospital, a la vez que se mantiene como canal, como serían “las iniciativas de entrega en el domicilio o la dispensación delegada”.

Vertiente económica

Las discrepancias vuelven a resurgir al hablar de números. Como ya se ha comentado, la SEFH avisa que el retorno de los DH a la botica supondría un coste añadido anual al SNS en torno a los 500 millones de euros. Mientras, desde el entorno de la botica también se han divulgado estudios al respecto, con resultados diametralmente opuestos.

El Observatorio del Medicamento de FEFE publicó un estudio en julio de 2016 que concluía que la dispensación de DH tendría “los mismos costes directos” en ambos canales. Para su análisis llevó a cabo una comparativa de un medicamento de DH en torno a los 200 euros PVL, cuyo coste directo para el SNS se situaría en 182 euros, mientras que su dispensación en farmacia apenas aumentaría hasta los 188,9 euros. Ahora bien, la SEFH critica este estudio “al basar sus cálculos en un envase con un PVL de 200 euros, cuando la media PVL de un DH es de 1.243 euros”.

Perspectiva legal

Desde esta tercera —pero no menos importante perspectiva—, la legal, la SEFH estima que “no existen dudas” de que la legislación actual “justifica la dispensación desde los servicios de FH de aquellos fármacos que el Ministerio acuerde establecer reservas singulares”.

En este sentido, aunque pueda parecer contradictorio, los partidarios de su dispensación en boticas también se apoyan en la legislación. En concreto, en la concreción que hace la ley respecto a la “especial vigilancia, supervisión y control” que debe caracterizar a aquellos fármacos que sean sacados del canal farmacia rumbo al hospital. En este sentido, según se manifiesta desde el CGCOF, varios centenares de presentaciones que actualmente se dispensan en estos centros no requerirían ese especial control.