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E.M.C. / S.P.B. Madrid | viernes, 02 de febrero de 2018 h |

En el campo de la hematología, el tratamiento de los distintos tipos de leucemia ocupa buena parte del trabajo de los especialistas.

El avance en los últimos diez años en el abordaje de la leucemia linfática crónica es comparable al registrado en los últimos 30 años. Es la visión de David Valcárcel, hematólogo del Departamento de Hematología y Oncología del Hospital Universitari Vall d´Hebron, que destaca que este impulso tiene que ver con la aparición de nuevas moléculas como consecuencia de los avances den la comprensión a nivel molecular de la enfermedad, profundizando en las vías de señalización intracelular.

En el último, subraya, la novedad principal ha sido “la consolidación de los resultados, con mayor seguimiento, de los nuevos fármacos, que han confirmado los iniciales datos espectaculares”. No obstante, y a pesar de estos avances, “la enfermedad sigue siendo considerada como incurable”. Como rasgo particular, destaca que esta leucemia suele tener una progresión lenta en la mayoría de casos, “a diferencia de las agudas, con un curso mucho más agresivo”.

Las terapias disponibles en la actualidad en leucemia linfática crónica, expone Valcárcel, “están basadas en bloquear las alteraciones específicas de las células leucémicas”, de ahí que, en general, el perfil de toxicidad sea menor. “La calidad de vida de los pacientes mejora no solo mediante el control de la enfermedad, sino también por tener menos efectos secundarios”, subraya.

Desde el grupo especializado en esta patología de la SEHH se trabaja ahora en dos direcciones. “Por un lado, identificar la mejor manera de combinar los nuevos fármacos. Por otra, focalizando en el papel del sistema inmune y micro-ambiente en los pacientes con leucemia linfática crónica y otras neoplasias hematológicas”, concluye.

Dentro de las leucemias crónicas, la leucemia mieloide parece haber llegado a buen puerto. Juan Luis Steegman, hematólogo del Hospital La Princesa y responsable del Grupo Española de Leucemia Mieloide Crónica de la SEHH, explica que con tratamiento farmacológico se ha conseguido “que estos pacientes tengan una supervivencia similar a la de personas de su misma edad”. No obstante, insiste en que es preciso “ser inconformistas con su tratamiento, puesto que se corre el riesgo de una satisfacción excesiva, olvidando que los pacientes precisan un tratamiento continuado y, la mayoría, toda su vida”. “Debemos perseguir la curación”, sentencia.

Para este especialista, la llegada de imatinib en el año 2000 ha supuesto el avance principal de los últimos años. Con el arsenal terapéutico actual (imatinib, nilotinib, dasatinib, bosutinib y ponatinib, estas dos últimas moléculas en el último año) menos del cinco por ciento de pacientes son refractarios.

A nivel internacional, el mayor progreso, en su opinión, es “la evidencia de que se puede discontinuar el tratamiento farmacológico en una minoría de pacientes, que tengan una excelente respuesta previa, y que la mitad no recaigan”. Según estos estudios, la mitad están libre de recaída a los cinco años tras la suspensión, pero el seguimiento es de al menos 15 años para hablar de curación. En cualquier caso, el trasplante de médula logra que el paciente se mantenga libre de la enfermedad.

En la actualidad, el grupo especializado de la SEHH trabaja activamente en un nuevo inhibidor, ABL001, además, Steegman añade que van a incorporar ponatinib en los ensayos de discontinuación, además de otros proyectos ambiciosos en genómica, inmunología antileucémica y etiopatiogenia.

Leucemias agudas

Dentro de las leucemias agudas, el ritmo de avances en los últimos años ha sido desigual. Para Josep María Ribera, jefe del Servicio de Hematología Clínica del Hospital Germans Trias i Pujol y presidente de LAL-Pethema, los progresos han sido considerables en linfoblástica. En diagnóstico, la biología molecular ha permitido identificar nuevos subtipos de leucemia aguda linfoblástica (LAL), entre ellas la BCR-ABL like o la de fenotipo T muy inmaduro, entre otras, bastante frecuentes y sin buena respuesta al tratamiento convencional.

En tratamiento, explica que asistimos a la consolidación de dos tipos de terapias que complementan la QT convencional. Por un lado los dirigidos a lesiones moleculares de determinados subtipos y por otro la inmunoterapia, que en su opinión es la mayor novedad en el último año. Se ha demostrado la eficacia de los nuevos anticuerpos monoclonales, tanto conjugados con citotóxicos como biespecíficos, resume, y se ha demostrado la gran eficacia de las T CAR, “con una eficacia no vista hasta hahora”. En este momento, están en fase de refinamiento de esta opción, indica.

Por último, Pau Montesinos, hematólogo del Hospital Universitari i Politécnic La Fe, admite que en la práctica no se ha avanzado mucho en los últimos 15 años en el abordaje de la leucemia aguda mieloblástica.”El tratamiento actual en menores de 65-70 años consiste en esquemas de quimioterapia intensiva para reducir la remisión inicial, seguido de más ciclos de quimioterapia o trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos”, puntualiza.

En el último año, la principal novedad, en opinión del experto, es la incorporación en la práctica de los inhibidores de tirosín kinasa (TK) de primera generación, en combinación con la QT intensiva, para pacientes con mutaciones de FLT3, que suponen el 25 por ciento de los casos. Montesinos destaca que en la actualidad hay nuevos inhibidores de tirosín kinasa en desarrollo y tienen “la esperanza de que se traduzcan en un avance real y tangible en el futuro”.


David Valcárcel:
“Este año se han consolidado
los resultados con los nuevos fármacos
en LLC”



Juan Luis Steegman:
“Hemos visto que se puede discontinuar el tratamiento en una minoría de pacientes”



Josep Mª Ribera:
“La mayor novedad en el último año en LAL llegó de la mano de la inmunoterapia”



Pau Montesinos:
“Tenemos la esperanza de que los nuevos inhibidores de la TK marquen un avance”