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Esther Martín del Campo Madrid | viernes, 06 de julio de 2018 h |

Las carpetas sobre la mesa, los carros circulando por el hospital repletos de historias clínicas de los pacientes o las radiografías clásicas han pasado a la historia. Así de contundente se muestra Ferran Sanz, director del Programa de Investigación en Informática Biomédica del Hospital del Mar.

“Hay realidades que ya son incontestables”, asegura, reforzando la idea de que “todo se guarda y se transmite de forma electrónica, con consecuencias directas en los pacientes y múltiples ventajas”, subraya.

La nueva realidad, puntualiza, ofrece muchas posibilidades, porque toda esa información, con el debido cuidado y garantías se, puede usar en beneficio del paciente y la salud para descubrir tendencias, respuestas al tratamiento, comorbilidades entre enfermedades, muchos aspectos que pueden llevar a mejor conocimiento de tratamientos, efectos adversos, etc.

El experto destaca que todo esto ya es realidad y hay muchos proyectos a distintas escalas para rentabilizar la información clínica en beneficio de los pacientes y de la sociedad.

El programa de este centro barcelonés fue pionero en España. De hecho, Ferran Sanz lleva 30 años embarcado ello, hasta ahora “que se ha producido su eclosión absoluta”, destaca.

Una de las líneas de trabajo de este programa es la utilización de datos clínicos en la investigación biomédica. Además, explica que hay otras líneas ligadas con investigación básica o traslacional, como puede ser la utilización de datos acumulados en la industria farmacéutica para predicción de toxicidad de medicamentos, “son proyectos europeos que coordinamos”, indica.

Quizá uno de los más llamativos sea una iniciativa que pretende poner a disposición de la comunidad y de los profesionales sanitarios toda la evidencia disponible a escala internacional sobre la relación entre genes y enfermedades. En este proyecto, que va por su quinta edición y comenzó hace una década, se han incorporado recientemente tecnologías de análisis masivo de datos. Actualmente cuentan con 30.000 usuarios en 150 países de todo el mundo.

“Vimos que aunque juntáramos todas las bases mucha información no llegaba a recogerse, porque nadie había incorporado algunos artículos a la base de datos. Es complejo, cada año se publican muchos artículos, etc.”, asegura. Gracias a una herramienta de text mining han podido pasar de 100.000 asociaciones descritas en las bases de datos a más de medio millón de asociaciones, de las que 400.000 se han extraído a partir de estas técnicas.

Las expectativas, destaca el experto, comienzan a cumplirse por primera vez en muchos años, a pesar de que hay grandes retos.


Ferrán Sanz:
“Todo se guarda y se transmite de forma electrónica, con consecuencias directas y ventajas”


Las carpetas sobre la mesa, los carros circulando por el hospital repletos de historias clínicas de los pacientes o las radiografías clásicas han pasado a la historia. Así de contundente se muestra Ferran Sanz, director del Programa de Investigación en Informática Biomédica del Hospital del Mar.

“Hay realidades que ya son incontestables”, asegura, reforzando la idea de que “todo se guarda y se transmite de forma electrónica, con consecuencias directas en los pacientes y múltiples ventajas”, subraya.

La nueva realidad, puntualiza, ofrece muchas posibilidades, porque toda esa información, con el debido cuidado y garantías se, puede usar en beneficio del paciente y la salud para descubrir tendencias, respuestas al tratamiento, comorbilidades entre enfermedades, muchos aspectos que pueden llevar a mejor conocimiento de tratamientos, efectos adversos, etc.

El experto destaca que todo esto ya es realidad y hay muchos proyectos a distintas escalas para rentabilizar la información clínica en beneficio de los pacientes y de la sociedad.

El programa de este centro barcelonés fue pionero en España. De hecho, Ferran Sanz lleva 30 años embarcado ello, hasta ahora “que se ha producido su eclosión absoluta”, destaca.

Una de las líneas de trabajo de este programa es la utilización de datos clínicos en la investigación biomédica. Además, explica que hay otras líneas ligadas con investigación básica o traslacional, como puede ser la utilización de datos acumulados en la industria farmacéutica para predicción de toxicidad de medicamentos, “son proyectos europeos que coordinamos”, indica.

Quizá uno de los más llamativos sea una iniciativa que pretende poner a disposición de la comunidad y de los profesionales sanitarios toda la evidencia disponible a escala internacional sobre la relación entre genes y enfermedades. En este proyecto, que va por su quinta edición y comenzó hace una década, se han incorporado recientemente tecnologías de análisis masivo de datos. Actualmente cuentan con 30.000 usuarios en 150 países de todo el mundo.

“Vimos que aunque juntáramos todas las bases mucha información no llegaba a recogerse, porque nadie había incorporado algunos artículos a la base de datos. Es complejo, cada año se publican muchos artículos, etc.”, asegura. Gracias a una herramienta de text mining han podido pasar de 100.000 asociaciones descritas en las bases de datos a más de medio millón de asociaciones, de las que 400.000 se han extraído a partir de estas técnicas.

Las expectativas, destaca el experto, comienzan a cumplirse por primera vez en muchos años, a pesar de que hay grandes retos.

El primero de ellos en información clínica, asegura Sanz, es compaginar el interés que puede tener para la salud pública con la salvaguarda de la privacidad de las personas de las que se recoge esta información. “Hasta ahora hay un buen balance de ello y las autoridades están siendo razonables en la búsqueda de este equilibrio”, considera.

Otro reto importante es el de la disparidad de formatos y vocabularios. “El mismo gen puede recibir hasta treinta nombres distintos y solo en un idioma, lo mismo sucede con las enfermedades”, alerta. Por ello, subraya que es importante cuando se trata de conectar información en el mundo del big data que seamos capaces de superar esta disparidad.

“Los profesionales están en una fase de ilusión, los técnicos que están a pie de cama, etc. Confían en que les podrán ayudar a trabajar mejor, y no podemos defraudarles”, afirma el experto.

Otro dato que no se ha de pasar por alto, en su opinión, es que quienes desarrollan este tipo de herramientas han de hacer un esfuerzo importante para que estas herramientas sean fáciles de utilizar, “es algo que olvidamos a veces, hay insistir en ello”, remarca.

En este sentido, el responsable destaca algunas iniciativas en las que han participado desde el centro, como un proyecto europeo en el que los profesionales que emplearán las aplicaciones aportan su visión desde la fase del diseño. “El usuario final debe estar presente en el diseño desde el día uno”, sentencia.