OneHealth, cuando la salud de uno afecta a la salud de todos

One Health, una estrategia mundial para aumentar la comunicación y la colaboración en el cuidado de la salud de personas, animales y medioambiente

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SIGRE

El término OneHealth, “Una sola salud”, hace referencia a la interdependencia de la salud humana y la sanidad animal, siendo ambas dependientes del ecosistema en el que conviven. Cuando hablamos de OneHealth, hablamos de una colaboración global destinada a comprender y gestionar los riesgos para la salud del planeta y abogar por ecosistemas más sostenibles y equilibrados.

Los riesgos sanitarios están aumentando debido a la constante globalización del planeta y a los impactos de un desarrollo insostenible. Además, cada vez existe más riesgo de transmisión de patógenos de los animales a los seres humanos y viceversa.

La gestión de estos nuevos riesgos sanitarios mundiales, desde el control de enfermedades hasta el cambio climático o la contaminación atmosférica, no puede hacerse de manera individualizada, sino que conlleva un nuevo enfoque en la gestión. Se requiere una colaboración interdisciplinar entre los sectores responsables de la sanidad animal, la salud humana y el cuidado medioambiental para poder garantizar la seguridad alimentaria, el control de la zoonosis y la lucha contra la resistencia a los antibióticos.

En el contexto de la salud humana, el crecimiento de la población y su expansión geográfica ha logrado que las personas vivamos con un contacto mucho más estrecho con los animales domésticos y salvajes, dado que los ecosistemas de estos últimos se están viendo gravemente reducidos. Además, los movimientos poblacionales y el mundo completamente interconectado en el que nos encontramos están incrementando la llegada de nuevas enfermedades y el aumento exponencial de los vectores de transmisión; lo que lleva a un rango de dispersión total. En un mundo completamente globalizado, la aparición de una enfermedad infecciosa en un país podría desencadenar en una emergencia sanitaria mundial. El ejemplo más claro es el virus de la COVID-19 y su imponente expansión mundial en 2020, que dura hasta hoy en día.

Los cambios en los hábitats y en las condiciones ambientales favorecen este acercamiento entre animales y personas, dando lugar a que las enfermedades puedan ser transmitidas entre ellos. Esto se conoce como zoonosis y actualmente se calcula que animales y humanos compartimos cerca de 300 enfermedades. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), un 60% de las enfermedades infecciosas conocidas en humanos son de origen animal, así como un 75% de los agentes patógenos humanos emergentes.

Los riesgos sanitarios aumentan debido a la globalización y a la interdependencia entre el ser humano, los animales y el medioambiente

La alteración ambiental en los hábitats y las consecuencias de prácticas nocivas cada vez más implantadas están incrementando esta zoonosis a pasos agigantados. El planeta está experimentando una metamorfosis climática causada por fenómenos como el efecto invernadero, el elevado consumo de agua y la contaminación de suelos y aguas. Todas estas circunstancias favorecen el crecimiento y expansión de nuevas enfermedades tanto en humanos como en animales.

El abuso de los antibióticos en todos los seres vivos es otra de las causas del aumento de esta zoonosis. Los antimicrobianos usados en veterinaria y en salud humana pertenecen en su mayoría a las mismas familias y comparten similares mecanismos de acción. Como consecuencia hace que se creen resistencias bacterianas en estos seres vivos. De esta manera, aumentan los riesgos de transmisión de bacterias resistentes entre el ser humano y los animales por la cadena alimentaria o por otras vías de contacto.

El reciclaje es un punto importante para reforzar los principios de “Una sola salud”. El correcto reciclaje de los medicamentos en general y de los antibióticos en particular favorece, no solo a la salud humana dentro de un uso adecuado de los mismos, sino también al medioambiente al evitar que estos puedan llegar a contaminar los ecosistemas.

Estas actuaciones van en línea con la importancia que el II Plan Nacional Frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) otorga a los aspectos medioambientales. En concreto, hace un llamamiento a pacientes y cuidadores para que lleven los restos de antibióticos al Punto SIGRE de la farmacia al finalizar los tratamientos, para evitar que lleguen al medio ambiente y contribuyan a la generación y transmisión de las resistencias bacterianas.

Ningún gobierno ni institución puede hacer frente por sí solo a la amenaza de futuras pandemias. Todos debemos trabajar unidos en la prevención, preparación y respuesta frente a estas, bajo el enfoque de una sola salud y de un mundo unido.