Rondaba la primavera de 1970 cuando miles de universitarios, movilizados por el senador estadounidense Gaylord Nelson, se echaron a las calles para reivindicar la urgencia de proteger la naturaleza y cuidar el planeta. Su reivindicación culminó con la celebración del primer Día Mundial de la Tierra. Y con motivo de ese simbólico día, una compañía de fabricación de papel y cartones convocó un concurso entre estudiantes para el diseño de un logo que identificara sus productos reciclados.

Con sólo 23 años, Gary Anderson no sabía todavía que aquel triángulo de tres flechas que dibujó inspirándose tanto en la doblez de las hojas al pasar por los rodillos de una imprenta como en la cinta de Möbius, acabaría por convertirse en el símbolo internacional del reciclaje.

También con ya más de dos décadas de vida, otro símbolo del compromiso medioambiental de la industria farmacéutica se ha configurado como uno de los logos más reconocibles del sector y por la ciudadanía. Nos referimos al Símbolo SIGRE, que aparece en la parte exterior de los envases de los medicamentos que se consumen en los domicilios, y que indica que el titular de la autorización de comercialización o su representante local está adherido a SIGRE, en cumplimiento de la normativa sanitaria y medioambiental.

Con la creación de SIGRE el sector se adelantó a la legislación ambiental europea y española

Pero el símbolo SIGRE esconde otro significado. Detrás de esta flecha que conforma un círculo abierto y rodea una cruz hay una historia de responsabilidad medioambiental que va más allá del cumplimiento del deber. La industria farmacéutica puso de manifiesto su preocupación por el medio ambiente y su compromiso con el entorno natural y con la sociedad al plantearse la creación de SIGRE como un sistema selectivo de recogida de envases de origen domiciliario, específico para el sector farmacéutico, que fuera más allá de lo que la normativa en materia de envases, entonces existente, exigía.

Fruto de la sostenibilidad corporativa de la industria farmacéutica, esta iniciativa medioambiental, que contó desde su inicio con el decidido apoyo de la distribución y las farmacias, se enfocó a la recuperación no solo de los envases, sino también a la recogida y gestión ambiental de los medicamentos caducados y de los de tratamientos ya finalizados, una vez que el ciudadano los deposita en el Punto SIGRE.

De esta forma, el sector se adelantó a la legislación europea y española, incorporando nuevas actividades y objetivos que aportaran valor al medicamento y a la sociedad. Podemos decir que estamos ante una iniciativa pionera, social y medioambientalmente responsable, verdadero ejemplo de alianza sectorial.