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La hoja de ruta hacia un futuro sostenible implica, de manera inexorable, que las organizaciones asuman como propios los 10 Principios del Pacto Mundial y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Para alcanzar estos ODS, debe pasarse de los compromisos a la acción. Para ello, se necesitan alianzas sólidas, inclusivas e integradas a todos los niveles.

Un paradigma de lo anterior es SIGRE, el mayor proyecto nacido de la colaboración entre industria farmacéutica, distribución y oficinas de farmacia, que se ha convertido en un referente a nivel internacional por su modelo basado en la corresponsabilidad de todo un sector.

A través de SIGRE, los tres agentes participantes en la cadena del medicamento avanzan hacia objetivos y metas compartidos, asumiendo funciones y responsabilidades para lograr entre todos un beneficio social.

En el caso de la industria, los laboratorios son los encargados de garantizar la financiación del Sistema SIGRE, que, como entidad sin ánimo de lucro, dedica todos estos recursos a la correcta gestión de los residuos de medicamentos y sus envases de origen doméstico, evitando así la contaminación del medio ambiente, fomentando un uso responsable de los medicamentos y contribuyendo a luchar contra las resistencias a los antibióticos, uno de los principales riesgos sanitarios a nivel global.

La lucha contra la contaminación y la resistencia a los antibióticos, impactos de la actividad de SIGRE

Pero también, la industria farmacéutica realiza un importante esfuerzo económico, técnico y de innovación para lograr que sus envases sean cada vez más ecológicos, aplicando medidas de ecodiseño —uno de los tres pilares en los que se basa el modelo de economía circular impulsada por la Comisión Europea— que permiten minimizar su impacto ambiental, reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera y luchar contra el cambio climático.

A lo largo de los últimos 20 años, bajo la premisa de que el mejor residuo es el que no se produce, SIGRE ha sido la entidad encargada de coordinar e impulsar los sucesivos Planes Empresariales de Prevención (PEP) de envases farmacéuticos, a través de los cuales la industria farmacéutica ha conseguido reducir el peso de sus envases más de un 25 por ciento.

De acuerdo al último sondeo de opinión realizado por SIGRE, el compromiso de las compañías farmacéuticas con esta iniciativa medioambiental y sanitaria se sustenta en el diálogo y la responsabilidad. Así, el 91 por ciento de responsables de medio ambiente considera que la actividad de SIGRE contribuye “mucho” o “bastante” a mostrar públicamente el compromiso de la industria farmacéutica con el medio ambiente y el 97 por ciento estima que SIGRE realiza una gestión responsable.

Pero no todo está hecho. Al contrario, queda mucho camino por recorrer y es imprescindible que este año 2020 marque el inicio de una década de acción ambiciosa a fin de alcanzar, con la colaboración de todos, los Objetivos para el 2030.


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