Retos del cáncer en 2022

Por Enriqueta Felip, Presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica

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Por Enriqueta Felip, Presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica

El cáncer sigue siendo una de las principales causas de morbi-mortalidad a nivel mundial. A falta de los datos actualizados, se ha estimado una incidencia de 276.239 casos y más de 113.000 fallecidos por cáncer en España en 2021. A nivel mundial se prevé un aumento del número de casos nuevos en las dos próximas décadas con 30,2 millones de casos nuevos al año en 2040. No obstante, la pandemia de la COVID-19 ha repercutido en el número de diagnósticos de cáncer, debido entre otras causas a que los programas de cribado de cáncer se han visto afectados en mayor o menor medida. Es por ello que se prevé una reducción en el diagnóstico de tumores tan frecuentes como los cánceres de colon y mama en los últimos dos años.

Recientemente, hemos visto un desarrollo incesante de los tratamientos oncológicos, centrado en los denominados “tratamientos diana”, es decir, fármacos dirigidos frente a alteraciones moleculares concretas de la célula tumoral, así como en el desarrollo de la inmunoterapia, tratamiento que utiliza el propio sistema inmune del individuo, bien reforzándolo o cambiando su funcionamiento, para atacar al tumor. Estos avances han demostrado un impacto significativo en la supervivencia de los pacientes oncológicos, y han supuesto un cambio de paradigma en nuestra especialidad, con un control de la enfermedad tumoral a largo plazo.

No obstante, las más de 113.000 muertes por cáncer esperadas en España en este último año, reflejan que aún queda mucho por hacer. A pesar de los avances terapéuticos, en un porcentaje significativo de pacientes, el tumor acaba desarrollando mecanismos de resistencia a los tratamientos recibidos. Por ello, es necesario seguir avanzando en el conocimiento de la biología tumoral, identificando tanto nuevas vías celulares implicadas en la aparición y el crecimiento tumoral, como factores predictores de respuesta a los distintos tratamientos que permitan incrementar la eficacia de las estrategias terapéuticas actuales, todo ello dirigido al desarrollo de una medicina personalizada y de precisión en Oncología. Estos factores predictores de respuesta o biomarcadores predictivos ya han cambiado la historia natural de determinados subtipos tumorales, como algunos tumores de mama o de pulmón, identificando alteraciones genéticas concretas que predicen la respuesta a un determinado fármaco en particular.

Debemos seguir trabajando para que este avance se amplíe a más pacientes, ya que muchos tumores, hoy en día, continúan huérfanos en la identificación de biomarcadores predictivos y terapias dirigidas. Uno de los principales problemas que existen actualmente es el acceso equitativo a la determinación de biomarcadores ya aprobados, así como de los fármacos dirigidos frente a distintas alteraciones moleculares. Es necesaria una estrategia nacional para la evaluación, implementación y financiación de los biomarcadores en la práctica clínica, así como para un mejor control de calidad en su determinación. Además, esta estrategia debe venir acompañada de proyectos de investigación con registros clínicos electrónicos que permitan compartir grandes cantidades de información en tiempo real, bajo un marco regulatorio que ampare la confidencialidad de los datos. De tal manera que toda la información molecular, así como la respuesta a los tratamientos dirigidos pueda compartirse con otros investigadores, generando un conocimiento oncológico global que ayuda al desarrollo científico.

Además, no podemos olvidar que, para lograr mantener la excelencia en la Oncología, debemos garantizar la sostenibilidad del sistema. Cada vez disponemos de más tratamientos, aumentamos las posibilidades de curación o de cronificar la enfermedad con una buena calidad de vida, pero la incidencia del cáncer sigue incrementándose, los precios de los nuevos fármacos son muy elevados, y todo ello supone un gasto enorme para un sistema sanitario que debe encontrar la forma de poder subsistir en el tiempo.

Por último, sabemos que muchos tumores tienen que ver con factores de riesgo evitables como son el sedentarismo, la obesidad, el consumo de tabaco y alcohol y una dieta rica en grasas de origen animal, estimando que su incidencia podría reducirse entre un 30 y un 40 por ciento si se lograran cambiar ciertos hábitos. Por todo ello, otro gran reto de la oncología es evitar la aparición de tumores o aumentar las posibilidades de detección en estadios precoces mediante los programas de prevención primaria que consistirían en reducir la incidencia de la enfermedad evitando la exposición a determinados factores causales, o los programas de prevención secundaria que tratarían de detectar lo antes posible los tumores en personas sanas para modificar la historia natural de la enfermedad. Por tanto, la prevención del cáncer con hábitos saludables de vida, diagnóstico precoz, vacunas, como la del virus del papiloma humano, y las Unidades de Consejo Genético son herramientas esenciales para reducir la incidencia y la mortalidad de muchos tumores.