#GENÓMICA

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| viernes, 06 de julio de 2018 h |

Desde principios de 2018, una Comisión del Senado está tomando el pulso y escuchando las opiniones de diferentes expertos en el ámbito sanitario y científico sobre la Medicina de precisión, sus posibilidades y necesidades, con el objetivo de trazar una estrategia nacional para implantarla.

Este tipo de medicina, también llamada personalizada, representa un cambio de paradigma “ganador” en la forma de prestar la asistencia sanitaria ya que supone una mejora indiscutible en el tratamiento de los pacientes y en la prevención de la enfermedad. Sin embargo, falta todavía voluntad política y una financiación adecuada para llevarla a cabo, a pesar de que debería ser la norma en la práctica clínica diaria de la oncología española.

Es una realidad que la Medicina de precisión mejora los resultados clínicos, ofrece oportunidades extraordinarias para la salud pública y fomenta la investigación biomédica, además de racionalizar el gasto, seleccionando a pacientes con una probabilidad mayor de respuesta e impidiendo que pacientes con nulas o escasas posibilidades de respuesta sean expuestos a tratamiento caros, innecesarios o tóxicos.

Pero para llevarla a cabo con garantías hace falta una adecuada planificación que garantice la equidad y la calidad, preservando los derechos de los pacientes y profesionales, y manteniendo la solvencia del sistema sanitario público. Es en este punto en el que la Administración debe dar un paso adelante y definir una cartera de servicios que incluya qué biomarcadores deberían hacerse de forma estándar, dónde hacerse, con qué controles de calidad, accesibles a todos los pacientes y con actualización periódica.

A pesar de los años de ventaja que nos llevan otros países, como es el caso de Francia, estamos todavía a tiempo y debemos aprovechar la oportunidad que tenemos delante. Una oportunidad que se convierte, en nuestro caso, en obligación.

Es tarea también desde las administraciones impulsar la acreditación de centros de referencia para la realización de determinaciones y secuenciación genómica de alta calidad, el trabajo en red de hospitales y centros diagnóstico de referencia, la creación de un observatorio de seguimiento y el impulso de las redes de investigación.

Todo ello bajo el paraguas de una estrategia y una planificación consensuada con todos los interesados (autoridades, investigadores, médicos, sociedades científicas, industria farmacéutica y asociaciones de pacientes), sin la cual no se podrá garantizar la calidad técnica y la equidad en el acceso a las mejores prácticas, arriesgando la solvencia del sistema de salud.


“Este tipo de medicina personalizada representa un cambio de paradigma ganador”