#MacroglobulinemiadeWaldenström

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Sandra Pulido Madrid | viernes, 02 de febrero de 2018 h |

La macroglobulinemia de Waldenström suele tener un curso crónico y una evolución muy lenta, pudiendo permanecer asintomática durante años, situación en la que no requiere tratamiento.

“Es una enfermedad poco frecuente pero los pacientes sobreviven por fortuna bastantes años. Aproximadamente puede haber un diagnóstico cada año de cerca de 200 pacientes y como sobreviven mas puede haber en España cerca de 2.500 pacientes con esta enfermedad”, explica GM Ramón García-Sanz, miembro del Grupo Español de Mieloma del Programa Español de Tratamientos en Hematología (GEM-PETHEMA) y vicepresidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH).

Los avances de los últimos años se han centrado en el diagnóstico.

“Ha avanzado sobre todo el conocimiento del mecanismo de producción de la enfermedad porque se ha encontrado una mutación específica que afecta a las células, los linfocitos B. Es una mutación que se puede encontrar en casi todos los pacientes, en torno a un 95 por ciento. Esto facilita mucho el diagnóstico de los pacientes porque es muy fácil de detectar la mutación celular. Es en un gen que se llama MYT88 y que está en un punto muy concreto, afectando al aminoácido 265. Hace un cambio de aminoácidos en esa zona, una leucina por una por una prolina”, destaca el hematólogo.

Sobre los nuevos tratamientos “se dispone ya del primer fármaco con aprobación formal para esta enfermedad, ibrutinib (Imbruvica, Janssen). Provoca muy poca toxicidad y es oral. Tiene muchas ventajas y es muy eficaz con todos los pacientes”, continúa el experto.

“Afortunadamente este fármaco tiene un impacto muy bueno. A penas tiene efectos secundarios. Con el tratamiento que teníamos antes, que era quimioinmunoterapia, tenías buenos resultados pero era un tratamiento bastante molesto para el paciente, incomodo y con efectos secundarios. Y ahora es un tratamiento más relajante, más cómodo”, añade.

Afinar el tratamiento

Actualmente existen dos líneas de trabajo en esta enfermedad.

“Una es mejorar el tratamiento con ibrutinib. Hay inhibidores de segunda generación que son mucho más específicos y no tienen efectos sobre otras tirosín kinasas. El objetivo es afinar el tratamiento con un poco más de eficacia” y por otro lado “se está intentando buscar alternativas para ver que combinaciones de distintos fármacos con poca toxicidad funcionan mejor. El problema de los inhibidores es que producen respuestas parciales. Es un imposible en estos fármacos por si solos. Pero si se combinan con otros fármacos es posible plantearse conseguir respuestas completas”, concluye Ramón García-Sanz.


Ramón García-Sanz:
“El objetivo es afinar el tratamiento con un poco más de eficacia”