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¿Cómo se plantea el futuro de la Farmacia Hospitalaria y, en concreto, la atención farmacéutica que se realiza en estos Servicios? ¿Qué cuota de protagonismo tendrá la telefarmacia en él? Para despejar la ‘X’ en estas incógnitas, la SEFH organizó recientemente una suerte de ‘cónclave’ virtual con responsables de Servicios de Farmacia.

En este encuentro quedó patente una cuestión: la pandemia y la necesidad de responder a la crisis sanitaria y las medidas asociadas —como el estado de alarma— han permitido que “en unas semanas la FH ha avanzado en herramientas como la telefarmacia, que en condiciones normales hubiesen llevado años”, apuntó Emilio Monte, responsable de Unidad de Pacientes Externos del Servicio de Farmacia del Hospital La Fe. “Primero hubo que romper las reglas y luego ya vino el acompañamiento autonómico y nacional”, completó José Manuel Martínez Sesmero, especialista del Hospital Clínico San Carlos (Madrid).

Así las cosas, la telefarmacia está marcada en rojo en la agenda de la SEFH, pero los expertos recuerdan que “va mucho mas allá de la dispensación” y que quedan aspectos por definir. Por ejemplo, definir modelos de estratificación de pacientes beneficiarios.

Desde los servicios de Farmacia y su sociedad científica lo tienen claro: “no todos los pacientes externos pueden beneficiarse de la telefarmacia”. Por ello, uno de esos retos pendientes pasa por consensuar modelos de estratificación, en los que no solo se tengan en cuenta diversas variables para elección, sino la propia opinión y necesidades del paciente respecto al servicio. “Hay que discutir mucho sobre esto”, refrenda Monte.

“Hay que conocer los factores económicos, sociales, culturales, etc., del paciente. Incluso su propia experiencia con la tecnología o si, pro contra, puede estar afectado por la brecha digital”, completa Ramón Morillo, especialista del Servicio de Farmacia del Hospital de Valme y uno de los coordinadores del Mapa de Atención al Paciente Externo (Mapex) con el que cuenta la SEFH.

Diferentes modelos de  estratificación

Precisamente, su compañero responsable de la Unidad de Pacientes Externos del Hopsital La Fe está trabajando en posibles modelos de estratificación, si bien recordando que “son muchas las variables a considerar y desde muchos puntos  de vista, las cuales se influyen y modifican entre sí”. Una catalogación básica aludiría a variables clínico-terapéuticas, de seguimiento terapéutico, demográficas, geográficas, socioeconómicas, personales y de estilo de vida, etc.

También las de otros entornos  no ligados a la atención por los servicios de Farmacia. “Por ejemplo, si un paciente ya está incluido en un programa de teleconsulta con su especialista médico y está familiarizado con él, quizá es óptimo que también entre en el servicio de telefarmacia”, apunta Monte.

El primero de los modelos de estratificación que se podría plantear es el denominado como “tradicional”: asignar una puntuación a cada variable y realizar la suma conjunta. Cuanto mayor sea la puntuación, más lógica y (sobre todo) efectiva se atisbaría su inclusión en el servicio de telefarmacia. Otro modelo —que Monte denomina como “sencillo”— pasaría por dividir/comparar entre variables consideradas de “exclusión” e “inclusión” en el servicio y valorar qué lado de la ‘balanza’ se impone.

El tercer y último modelo de los planteados por este profesional pasaría por un “enfoque diferente”, y consistiría en establecer diferentes variables por niveles de prioridad (alta, media, baja) y seleccionar aquellos que más variables de alta prioridad. Ahora bien, Monte vuelve a alertar de posibles incongruencias entre las propias variables que dificultan la decisión.

“Una mala adherencia sería un motivo excluyente de la telefarmacia, pero según el modelo a tomar como referencia una buena adherencia sería una variable de prioridad baja, porque no deja de ser una actitud que se debe suponer/exigir al paciente”, pone como ejemplo. ¿La solución? “no hay un modelo completo, hay que trabajarlo y consensuarlo entre la profesión”.

Entrega a domicilio y trazabilidad

La telefarmacia tiene su ‘culmen’ en la entrega de la medicación en el domicilio del paciente —o en otros puntos que elija el beneficiario, como puede ser el centro de salud o la farmacia comunitaria—. Aunque los datos que maneja la SEFH son positivos (reflejados en una reciente encuesta sobre la telefarmacia durante el estado de alarma) también aquí hay cuestiones por apuntalar.

“La entrega a domicilio presenta dificultades que no tiene la dispensación presencial como es la trazabilidad; la dispensación a domicilio no siempre aporta la realidad del paciente que sí te permite conocer la entrega física”, apunta Miguel Ángel Calleja, jefe de Farmacia del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla —donde se puso en marcha una de las primeras experiencias de telefarmacia— y ex presidente de la SEFH. Mario Gil, compañero especialista del Hospital de Fuenlabrada, apuesta por “registrar la casuística del paciente, su ecosistema”.

Otros especialistas, como Martínez Sesmero, creen que aunque el paciente se beneficie de la entrega a distancia sin acudir al hospital, “desde luego que sería preferible que la dispensación última la realizase un farmacéutico o un sanitario (centro de salud), pero lo ideal sería que fuera el propio paciente quien así lo eligiera”, apunta.

En definitiva, la telefarmacia está creciendo. Y, por ende, a expensas de ir sumando esos importantes ‘aprendizajes de vida’.