Somos el espejo en el que se miran

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Por María José Mellado, presidenta de la Asociación Española de Pediatría.

A lo largo de 2020 se ha puesto de manifiesto la importancia y necesidad de contar con vacunas eficaces y seguras que nos defiendan y protejan frente a microbios de todo tipo, especialmente este pasado año frente al SARS-CoV-2. Sin embargo este concepto es un paradigma básico en Pediatría.

Las vacunas han permitido salvar millones de vidas en la edad pediátrica, han conseguido erradicar patologías que comprometían la calidad de vida de nuestros niños y han puesto al servicio de la ciencia y la medicina un arsenal preventivo coste-efectivo muy potente. ¿Cuál es, por tanto, la importancia de la vacunación en el nuevo escenario asistencial?: La importancia que han tenido siempre: fundamental e irremplazable.

Las coberturas vacunales en nuestro país se sitúan en torno al 96%, lo que supone una protección colectiva vital para aquellos niños que no pueden ser vacunados, y un escudo defensivo muy fuerte frente a la reaparición de determinadas enfermedades, aparentemente eliminadas, y que tantos estragos han provocado a lo largo de la historia de la humanidad. Y este éxito tiene dos claros protagonistas.

Por un lado las familias, que deciden inmunizar a sus hijos, protegerlos y proteger al conjunto de la sociedad, confiando en las vacunas, en la ciencia y en los profesionales sanitarios. Y en segundo lugar, los pediatras, especialmente, los de Atención Primaria, quienes a base de ofrecer una información transparente, sencilla y directa, trasladan a las familias los beneficios y consiguen que estas vacunen a sus hijos desde la convicción y la certeza de estar ofreciendo a estos un “salvoconducto” sanitario seguro y eficaz frente a determinadas patologías.

Llegados a este punto, me gustaría agradecer ese sobreesfuerzo que los pediatras de Atención Primaria (AP) han realizado a lo largo de 2020 para mantener las coberturas en niveles óptimos. El estricto confinamiento sufrido en nuestro país durante los meses de marzo a mayo puso en jaque estos estándares de vacunación, lo que hizo que saltaran todas las alarmas: la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Sanidad y la propia Asociación Española de Pediatría, a través de su Comité Asesor de Vacunas (CAV-AEP), alertamos de las consecuencias que una continuada caída de la inmunización sistemática podría suponer, como la reemergencia de enfermedades inmunoprevenibles, hasta ahora prácticamente inactivas en nuestro país.

Rápidamente, los pediatras de AP establecieron en los centros de salud “zonas limpias”, horarios específicos de vacunación priorizando la inmunización de los lactantes, realizaron seguimiento de los calendarios de vacunación de sus pacientes y se pusieron en contacto con los padres para recordar las edades y pautas de vacunación.

Las vacunas han permitido salvar millones de vidas en la edad pediátrica, han conseguido erradicar patologías que comprometían la calidad de vida de nuestros niños y han puesto al servicio de la ciencia y la medicina un arsenal preventivo coste-efectivo

Todo ese esfuerzo ha tenido su fruto pues, tras el problema inicial, hoy podemos decir que las coberturas han sido restablecidas y se mantienen los óptimos estándares de inmunización que caracterizan a nuestro país. España es el espejo en el que se miran el resto de países europeos, el ejemplo a seguir, un liderazgo que ha de servirnos de estímulo para seguir marcando la hoja de ruta y motivarnos para trabajar con más ahínco, para ofrecer a los niños y adolescentes en España un calendario vacunal de máximos y equitativo en todo el territorio.

Las campañas de vacunación contra la COVID-19 se están dirigiendo a una parte muy importante de la población y será así, previsiblemente, a lo largo de todo el año. Este hecho podría absorber gran parte de los recursos dedicados a los programas de vacunación, particularmente en los ámbitos de la Atención Primaria y la Salud Pública.

Así pues, uno de los retos en vacunación pediátrica para este 2021 ha de ser mantener los niveles de coberturas vacunales alcanzados, a pesar de las exigencias y trabas que pueda suponer la actual pandemia. Es importante subrayar la atenta y constante actuación de los pediatras, así como el magnífico modelo de atención pediátrica que tiene nuestro país y que también es objeto de admiración en Europa, que están haciendo que el impacto de la COVID-19 en la salud y el bienestar pediátrico sea mínimo.

Pero siempre debemos aspirar a mejorar, por eso desde la AEP, institución que representa a cerca de 14.000 pediatras, solicitamos a las autoridades pertinentes la incorporación de determinadas vacunas en el calendario del Sistema Nacional de Salud, tal y como se recogen en el documento “Calendario de Vacunaciones de la Asociación Española de Pediatría. Razones y bases de las recomendaciones 2021” elaborado por el Comité Asesor de Vacunas de la AEP.

Nos referimos obviamente a aquellas vacunas que no están financiadas globalmente por el SNS, salvo en contadas CCAA: las vacunas antimeningocócica B, antirrotavirus y antimeningocócica tetravalente ACWY en lactantes; tosferina en adolescentes y papilomavirus humano en varones adolescentes en el calendario vacunal sistemático. Sería en estos momentos muy deseable que las comunidades autónomas y el Ministerio hiciesen un esfuerzo económico colectivo, que resultaría enormemente rentable en términos de Salud Pública, que financie para todos los niños de España; el mismo calendario pediátrico sistemático completo y universal.