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Álvaro Rodriguez Lescure

Por Álvaro Rodríguez-Lescure.

La Oncología Médica en España discurre, como el resto de especialidades, por la senda de tiempos de cambio; cambio, en gran medida, condicionado por la exigencia de una nueva visión y planteamiento del Sistema Nacional de Salud y del modelo de atención en cáncer. Los avances en diagnóstico y prevención, la innovación terapéutica —no sólo farmacológica—, el envejecimiento de la población y los estilos de vida condicionan un aumento de la incidencia de cáncer en nuestra sociedad con un incremento parejo de la supervivencia y, por tanto, de la prevalencia del cáncer. A priori, más necesidades, más demanda. Nuestro sistema ha establecido con éxito el abordaje multidicipinar del paciente con cáncer, cuestión ésta que ha contribuido también a mejores resultados en supervivencia.
Los nuevos tratamientos antitumorales implican nuevos retos de capacitación, habilidades y formación más especializada aún en la oncología médica, pero también el nuevo reto de una exigencia de mayor dedicación a más pacientes y a situaciones mucho más complejas, inimaginables antes del inicio de la medicina personalizada y de precisión y de la terapia biológica dirigida. El planteamiento ante el paciente anciano o ante el recurso terapéutico de los cuidados intensivos en el paciente oncológico son dos ejemplos de cómo en muy poco tiempo hemos pasado de un razonable y lógico abstencionismo a considerar tratamiento con posibilidades de beneficio en función de perfiles predictivos y del incremento en supervivencia y calidad de vida al que pueden optar en la actualidad algunos pacientes con cáncer. Todo ello, junto al reto de la medicina personalizada de precisión y los nuevos paradigmas de atención en cáncer va a exigir un mayor peso del oncólogo médico en nuestro sistema sanitario, de la mano de otras especialidades que se van a ver afectadas por las mayores y crecientes incidencia y prevalencia y por la mayor oferta de tratamiento.

“Las cargas de trabajo del oncólogo medico fueron estudiadas, definidas y publicadas por primera vez por SEOM hace ocho años, y ya se antojan claramente obsoletas”


Como especialidad, en este sentido, la oncología médica ha crecido en las últimas décadas hasta configurar el mapa actual nacional, con 1.500 oncólogos médicos titulados y un sistema basado en 140 servicios hospitalarios. Desde SEOM trabajamos en catalogar ese mapa de servicios de oncología médica en España (Proyecto Oncomapa), definiendo los servicios, plantillas, oferta docente pregrado, programas de investigación básica y clínica, impacto de publicaciones científicas, acreditación docente y actividad asistencial de cada servicio de la red nacional. Pero, por otro lado, consideramos necesario entender y, sobre todo, prever las necesidades de oncólogos médicos que va a requerir la provisión de la atención en cáncer por parte del SNS en los próximos años. En esta necesidad de previsión concurre una circunstancia peculiar de nuestra especialidad en España. Ésta es que, hasta la fecha, aún no se ha jubilado la primera generación MIR (integrada por tres médicos) de oncólogos españoles y, de hecho, son pocos los oncólogos médicos que se han jubilado en nuestro país, algunos de ellos, los padres y pioneros de nuestra especialidad que como tal existe oficialmente desde hace 41 años.
Nuestros servicios acreditados forman entre 100 y 110 médicos residentes por año en la actualidad, lejos de aquellos tres de la primera generación MIR. Las cargas de trabajo del oncólogo medico fueron estudiadas, definidas y publicadas por primera vez por SEOM hace ocho años y ya se antojan claramente obsoletas, máxime por la demanda de oncólogos médicos que requiere y va a requerir el abordaje del cáncer en nuestra sociedad, en la actualidad y en los años venideros.
La necesidad de más oncólogos médicos con más y nuevas habilidades, funciones y actividad es y va a ser una realidad, debida a una demanda creciente de nuestra sociedad, abocada a afrontar el reto de la creciente incidencia y del aumento de las opciones de tratamiento para el paciente con cáncer. Prever y comprender estos escenarios no es una opción; es una necesidad.