Por Beatriz Domínguez-Gil, Directora de la Organización Nacional de Trasplantes

5.449 trasplantes y 2.302 donantes en 2019. Son cifras históricas, de récord; porque España, un año más, revalida su liderato mundial en donación y trasplante. ¿Cómo? Gracias a una sociedad generosa, un sistema bien organizado, profesionales muy implicados y a la sempiterna búsqueda de la innovación. Nadie podría imaginar que no han transcurrido ni 70 años desde que se iniciaron estas terapias.
Hoy, el trasplante de órganos es una técnica habitual en más de cien países de todo el mundo.

Los avances técnicos y la mejora de los medicamentos inmunosupresores y anti-infecciosos han sido determinantes para conseguir los excelentes resultados actuales, tanto en términos de supervivencia, como de calidad de vida. Una donación que permite tres trasplantes supone 31 años de vida ganados, cifra que alcanza los 56 años cuando un donante hace posible seis trasplantes. El trasplante renal es además coste-efectivo en comparación con otras formas de tratamiento sustitutivo renal. En nuestro país, cinco años de tratamiento con un trasplante renal suponen un ahorro por paciente de cerca de 160.000 euros en comparación con la hemodiálisis, y de 90.000 en comparación con la diálisis peritoneal. No debemos olvidar que los pacientes que necesitan tratamiento sustitutivo renal representan el 0,3 por ciento de la población española y consumen el 3 por ciento del gasto sanitario.

El principal problema que impide la plena expansión de la terapia del trasplante no es técnico o inmunológico, como lo fue en sus principios, sino la escasez de órganos para cubrir la creciente demanda de trasplante de la población. En el mundo se realizan cada año cerca de 140.000 trasplantes de órganos, una cifra impresionante que sin embargo apenas cubre el 10 por ciento de las necesidades globales.

“Si existe el interés y el deseo de mantener lo logrado, de seguir creciendo y mejorando, es necesario reflexionar sobre los recursos necesarios para conseguirlo”

El problema de la escasez de órganos se ha afrontado de manera desigual entre países. España es el país que ha registrado una mayor actividad de trasplante al superar en los últimos años los 110 pacientes trasplantados por millón de población (pmp), muy por encima del resto de países del mundo. Esto ha sido posible por el extraordinario desarrollo de la donación de personas fallecidas en nuestro país, gracias a un modelo organizativo que se conoce internacionalmente como “Modelo Español de Donación y Trasplante” y que se ha constituido en referencia internacional.

El Modelo se basa en una gestión exquisita de un proceso de alta complejidad –el proceso de donación de personas fallecidas. El Modelo pivota sobre la figura de coordinador hospitalario de trasplantes, y está organizado en unidades de coordinación lideradas por médicos intensivistas. Estos profesionales actúan conforme a protocolos bien establecidos, reciben formación de manera continuada y son sujetos a una evaluación de su actividad para identificar áreas donde existe espacio para la mejora. Todo ello facilitado por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y las Coordinaciones Autonómicas de Trasplante, que actúan como un verdadero interfaz entre el nivel técnico y el político, y en soporte por el desarrollo exitoso de ese proceso de donación. La innovación continuada, con la puesta en marcha de nuevas estrategias para mejorar el acceso de nuestros pacientes al trasplante, ha permitido que la donación haya crecido casi un 40 por ciento en seis años.


El sistema español de trasplantes es también un excelente ejemplo de cohesión del Sistema Nacional de Salud. La estructura es funcionalmente una red que actúa conforme a líneas y objetivos estratégicos comunes. La distribución de órganos, que atiende a criterios geográficos (necesarios por las limitaciones impuestas por los tiempos de isquemia) y clínicos, arroja un dato paradigmático: el 24 por ciento de los trasplantes que se efectúan en España se realizan con órganos que han sido donados en otra comunidad autónoma, contribuyendo de forma importante a la cohesión de nuestra sociedad. Conviene no obstante reflexionar sobre la sostenibilidad de este exitoso sistema español de trasplantes. Como todo el país, también se vio afectado por la dura crisis económica que atravesó nuestro país. Personal, camas de hospital y recursos destinados a sus actividades y proyectos se redujeron.

El programa de subvenciones de la ONT disminuyó un 20 por ciento, situación que aún persiste. Pero sus profesionales y su implicación fueron fundamentales para que, a diferencia de lo ocurrido en países vecinos, nuestro sistema no sólo no se deteriorara, sino que saliera reforzado de una situación potencialmente fatal. Porque durante la crisis, la actividad de donación y trasplante creció. En este tiempo se iniciaron proyectos innovadores que han sido determinantes para seguir progresando hacia la auto-suficiencia en trasplantes. Es decir, con mucho menos, se hizo mucho más. Pero ello, a expensas de tener al sistema muy tensionado, tensión que continúa a día de hoy, porque el sistema no se ha reforzado pese a la evolución de la actividad. Si existe el interés y el deseo de mantener lo logrado, de seguir creciendo y mejorando, es necesario reflexionar sobre los recursos necesarios para conseguirlo. Unos recursos siempre bien invertidos, por el ahorro que esta actividad genera a las arcas públicas.

Más que nunca, la administración nacional, autonómica y hospitalaria ha de adecuar los recursos humanos y materiales de la red de donación y trasplante a su actividad y a los programas que desarrolla. Sólo así se podrá evitar un desgaste que ya se empieza a notar a muchos niveles.
La atracción y retención de talento profesional en un ámbito que ha perdido el glamour de tiempos pasados es otro de los retos para su sostenibilidad. El relevo generacional, que no se está asegurando, ya está poniendo en situación crítica a algunos equipos de trasplante. Esto exige iniciativas diversas que fomenten el bienestar laboral, el reconocimiento y el desarrollo profesional, y la apuesta por la investigación.


El futuro ya está aquí. Células humanas modificadas nos están permitiendo tratar enfermedades incurables. El futuro permitirá la utilización de células madre para reparar órganos y tejidos dañados. Es posible que en unos años asistamos a la creación de órganos bioartificiales, lo que no sólo permitirá afrontar la escasez de órganos, sino construir órganos a la carta, con células del propio paciente, lo que significará evitar el uso crónico de fármacos inmunosupresores. Pero hasta que estas promesas de la investigación se hagan realidad, el trasplante de órganos va a seguir funcionando tal y como lo conocemos a día de hoy. Y ha costado mucho llegar hasta aquí. Por ello acabo con una llamada muy simple y clara: una llamada a preservar, proteger y reforzar un sistema de trasplantes que ha beneficiado a miles de pacientes y que ha convertido a España en un referente indiscutible a nivel internacional.