La epidemia silenciosa de la ERC

Patricia de Sequera Ortiz, Presidenta de la Sociedad Española de Nefrología (SEN)

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Patricia de Sequera Ortiz, Presidenta de la Sociedad Española de Nefrología (SEN).

El concepto de “One Health” o una ‘sola salud’, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las Naciones Unidas, se introdujo a comienzos de este siglo para poner de relieve algo conocido desde hace tiempo: la profunda interrelación entre salud humana y salud animal, así como la conexión de ambas con la salud del planeta, es decir, con la del medio ambiente. Este concepto, que está calando cada vez más fuerte en la opinión pública, nos viene a señalar la necesidad de promover una visión más transversal y proactiva de la salud que exceda por completo el tratamiento de la enfermedad; algo que bajo el actual contexto de la pandemia de la COVID-19 nos ha enseñado algunas cosas importantes.

Una de ellas es hasta qué punto es interdependiente la salud del planeta, de los animales y de las personas. Y otra, no menos relevante, es hasta qué punto esa única salud es frágil y debe ser protegida antes de que haya sido deteriorada, fortaleciendo aspectos como la necesidad de trabajar de una forma mucho más proactiva e integrada en el fomento de la salud pública.

Descendiendo al campo de la nefrología y a las patologías renales, muy especialmente en el caso de la enfermedad renal crónica (ERC), estos dos aspectos cobran una especial relevancia, tanto por la creciente prevalencia de la ERC como por su impacto global sobre la salud y la calidad de vida de las personas. Ese enfoque proactivo e integrado implica un énfasis muy importante en la prevención, además de un trabajo mucho más coordinado con otras especialidades y profesionales sanitarios. Hay grandes espacios de intersección entre las patologías renales y otras como las del corazón, que comienzan en los propios factores de riesgo y los hábitos de alimentación y estilo de vida que llevan a esas enfermedades. Avanzar en el abordaje de estos problemas de salud, supone avanzar juntos y hacerlo además desde un enfoque que conceda especial atención y esfuerzo a la prevención y el diagnóstico precoz. Ese es uno de los principales objetivos estratégicos que se ha marcado la Sociedad Española de Nefrología (SEN), para así prevenir la ERC y anticipar su detección y tratamiento, promoviendo esa única salud.

Por destacar algunos datos, la ERC se ha convertido en un grave problema de salud pública: una epidemia silenciosa cuyas tasas de prevalencia e incidencia han crecido de manera notable en las últimas décadas, y que conlleva además a una elevada mortalidad (en España ha crecido un 30 por ciento en los últimos diez años). De hecho, la ERC es la segunda enfermedad cuya mortalidad y discapacidad más aumentó entre los años 2006 y 2016, tras el alhzéimer. A ello hay que añadir que, según uno de los últimos informes de la OMS, de los 55 millones de muertes que se produjeron en 2019 en el mundo, más de la mitad (el 55 por ciento) se debieron a 10 patologías, entre las cuales se situaba por primera vez la enfermedad renal. Por ello resulta clave seguir concienciando a la administración para utilizar medidas y estrategias de prevención y detección temprana que permitan intentar frenar esta epidemia.

Una segunda línea estratégica que también estamos promoviendo desde nuestra Sociedad Científica es avanzar es el fomento de los tratamientos domiciliarios de la enfermedad renal, tanto la diálisis peritoneal como la hemodiálisis domiciliaria, para lograr que el porcentaje de aplicación y uso de este tipo de técnicas crezca, y se consolide como una opción con grandes beneficios para el paciente, además de para la sostenibilidad del sistema sanitario. Estos tratamientos domiciliarios tienen importantes ventajas para la calidad de vida y la propia seguridad y salud de las personas (mayor autonomía, mejor conciliación laboral, evita desplazamientos al hospital…), lo que le permite una mayor independencia y adaptar su tratamiento a sus necesidades y estilo de vida.

En España las tasas de enfermedad renal crónica han crecido un 30 por ciento en los últimos diez años. Es la segunda enfermedad cuya mortalidad y discapacidad ha aumentado más en una década, tras el alzhéimer

El empoderamiento y la atención centrada en el paciente son elementos clave para mejorar los resultados en salud, aumentar la satisfacción de las personas que viven con enfermedad renal y optimizar el uso de los recursos sanitarios. De ahí la importancia de realizar una mayor labor de conocimiento de este tipo de tratamientos domiciliarios, y de un cambio cultural que también fomente un acompañamiento y una mejor y más empática comunicación con el paciente y su entorno.

Este cambio de concepto en nuestra cultura también tenemos que lograr trasladarlo en el ámbito de los trasplantes de donante vivo, otro de los retos estratégicos de la SEN para los próximos años. Aunque España es líder mundial en trasplantes de riñón, la realidad es que hay un importante desequilibrio entre el número de pacientes en lista de espera y la oferta de órganos para el trasplante. Cada vez tenemos menos potenciales donantes fallecidos debido al avance en el abordaje de las enfermedades cerebrovasculares y otros aspectos como la reducción de los accidentes de tráfico. Para compensar este desequilibrio es imprescindible el fomento de la donación de vivo, un procedimiento que, aunque muchos no conozcan, representa la mejor opción para el paciente con ERC avanzada, y que cuenta con unos resultados que son mejores que los del donante fallecido en términos de supervivencia del trasplante y reducción de complicaciones. Además, ofrece todas las ventajas en cuanto a seguridad, planificación y comodidad tanto para el donante como para el receptor.

Desde nuestra sociedad científica trabajaremos intensamente en estas tres direcciones, propiciando en suma ese cambio cultural que necesitamos para frenar el crecimiento de la enfermedad renal y proporcionar la mejor atención posible a nuestros pacientes.