El uso de la información en salud: la palanca que cambiará millones de vidas, por José Luis Fernández

Por José Luís Fernández Arteagabeitia, SVP & GM, Spain, Portugal & Turkey en Iqvia

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Según un estudio reciente de Iqvia, el 73 por ciento de la población valora de manera positiva el uso de los datos de salud con el objetivo de desarrollar investigación y mejorar la calidad del sistema de salud. Y hasta un 87 por ciento de la población afirma que accedería a brindar sus datos para estos fines. Estos porcentajes cobran especial valor cuando provienen de la propia comunidad clínica; casi un 95 por ciento de los médicos considera esencial conectar la información disponible del paciente, dispersa hoy en diferentes sistemas. Y solo un 27 por ciento de estos médicos aseguran que la información de los pacientes es totalmente accesible y está integrada en una única plataforma.

Ante esta fotografía, ¿acaso no es prioritario acelerar el uso de la información como una de las palancas transformadoras de nuestro sistema de salud?

En el entorno actual, no se trata solo de los datos y la tecnología que tenemos a nuestro alcance, sino de lo que hacemos con ellos. Si trabajamos en el aprovechamiento idóneo de estos datos, seremos capaces de contribuir a abordar los retos sanitarios más complejos.

En la era de la digitalización es perfectamente posible aprovechar la información que ya tenemos recogida en los diferentes sistemas para aportar soluciones a temas como gestionar de manera proactiva los retrasos en el diagnóstico y tratamiento de pacientes que arrastramos desde la pandemia; pero también para mejorar la calidad asistencial a los pacientes, ayudar en la toma de decisiones clínicas o poder responder de forma robusta y con evidencia del mundo real a un sinfín de hipótesis clave en salud.

Tenemos un reto mayúsculo para el que la información actualmente existente, convenientemente tratada, podría aportar solución: salir a buscar proactivamente una parte de los 5 millones de pacientes sin diagnóstico en nuestro país que tarde o temprano aflorarán a las puertas del sistema.

El Reino Unido, por poner un ejemplo, lo tiene claro, y aboga por la relevancia de la información como base del sistema de salud, convenientemente tratada, conectada y puesta al servicio de los distintos actores clave del sistema, desde investigadores a personal gestor o asistencial: “Data saves lives”.

En este contexto internacional, debemos ser ambiciosos y apostar por iniciativas paneuropeas como Darwin, surgida con el propósito de establecer una red internacional de estudios en farmacovigilancia, y que es un fantástico ejemplo de que podemos generar redes colaborativas del ámbito público-privado mucho más ambiciosas.

O el Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EHDS por sus siglas en inglés), impulsado por la Comisión Europea, y que aspira a convertirse en uno de los pilares centrales de una Unión Europea de la Salud fuerte. Este proyecto fomentará un auténtico mercado único de servicios y productos sanitarios digitales en un marco eficiente, fiable y coherente para usar los datos sanitarios en investigación, innovación, elaboración de políticas y reglamentación, a la vez que se garantiza el pleno cumplimiento de las estrictas normas de protección de datos de la UE.

¿No es este un escenario óptimo para apostar por la transformación de nuestro ecosistema sanitario hacia uno más coste -eficiente y que se apoye en las nuevas tecnologías?

Si lo es. Y disponemos de un ecosistema favorable, aunque demasiado tensionado en algunos ámbitos, para ponerlo en marcha. Somos un país pionero en investigación (solo en el año 2021 Iqvia realizó cerca de 750 ensayos clínicos en España), uno de los países europeos con un mayor potencial de fabricación de medicamentos (la producción creció un 8’8 por ciento en 2022 según datos del INE) y líder en exportación de talento.

Desde Iqvia tenemos un propósito esencial como compañía: ser un catalizador de la innovación en la asistencia sanitaria, impulsarla y hacer posible lo extraordinario para mejorar la salud de los pacientes. Toca ahora apostar decididamente por el fortalecimiento de un sistema cuya estabilidad se ha mantenido siempre gracias a la vocación de servicio de sus profesionales, a pesar de no recibir el nivel de inversión pública que precisa.

Para nosotros, no hay mayor impulso que seguir siendo un conector entre los diferentes agentes del sector para garantizar un engranaje efectivo para todas las partes:  industria farmacéutica, investigadores, sociedades científicas, organismos gubernamentales, pagadores, asociaciones de pacientes, organizaciones sin ánimo de lucro y otras partes interesadas en la atención sanitaria.La colaboración entre todos es una de las piezas clave para seguir fortaleciendo este ecosistema y para incorporar de manera más eficaz la innovación en la cartera del Sistema Nacional de Salud.