Monitorización remota
Olga Delgado

Por Olga Delgado, presidenta de la SEFH.

Uno de los retos mas importantes de la terapéutica actual, en el que confluyen diversas especialidades médicas y del que la farmacia hospitalaria no es ajena, es la incorporación de la medicina personalizada de precisión (MPP) de forma eficiente y sistemática a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades. El caso más difundido, aunque no el único, es el cáncer, con terapias dirigidas para tratar tipos específicos de células tumorales y el uso de marcadores tumorales para el diagnóstico y tratamiento del tumor.


La individualización de los tratamientos farmacológicos y la adecuación de la terapéutica a las características y situación clínica de cada paciente es una actividad básica de la Farmacia Hospitalaria, que se lleva a cabo con la valoración y validación del tratamiento y de la revisión de la farmacoterapéutica global del paciente. En este ámbito se incorpora la farmacogenética de forma prioritaria, permitiendo contribuir a individualizar el tratamiento basándose en características moleculares.

La MPP supone la adaptación del tratamiento médico a las características de cada paciente para lo que utiliza la información de los genes, las proteínas y el ambiente de una persona para prevenir, diagnosticar y tratar una enfermedad. Esto conlleva la posibilidad de identificar pacientes que difieren en su respuesta a un tratamiento, tanto en eficacia como en seguridad, permitiendo tratamientos más eficaces y seguros, tratando a los pacientes que realmente se pueden beneficiar de un medicamento y evitando tratamientos en pacientes que puedan presentar toxicidad.

“Para el farmacéutico de hospital supone un reto adicional la evaluación de la evidencia científica ante la fragmentación de las patologías según sus características moleculares”


La MPP constituye un cambio en el tratamiento farmacológico que se ha ido introduciendo paulatinamente en la asistencia, en muchos casos marcados por el ritmo de lanzamiento de medicamentos dirigidos al mercado, pero que actualmente conlleva grandes desigualdades en su difusión, nivel de evidencia e implantación en las distintas especialidades y contextos. La integración de los datos genómicos y de otras ciencias ómicas con los datos del paciente y su entorno no se realiza de forma homogénea, ni sistemática, a pesar de que proporcionará tratamientos más eficaces y seguros.

Las estrategias de implantación en cada hospital o comunidad autónoma son heterogéneas, irregulares y no existe una estrategia nacional que coordine o cohesione las iniciativas particulares, a pesar de que la unificación de técnicas y elaboración de un catálogo de pruebas genéticas disponibles esté en la agenda de muchos sistemas de salud.


El desarrollo de la terapia dirigida es paralelo a la disponibilidad de los biomarcadores
que permiten su incorporación. Muchos de los nuevos fármacos siguen caracterizándose por ser terapias dirigidas a mutaciones presentes o vías de señalización, que requieren habitualmente la presencia de patrones moleculares para seleccionar aquellos pacientes con mayor posibilidad de obtener beneficio clí-nico del tratamiento. Sin embargo, no se dispone de un procedimiento ni de un marco regulatorio de evaluación, implantación y financiación de biomarcadores en la práctica clínica, los biomarcadores no están en la cartera de servicios a nivel nacional siendo el acceso a estas técnicas irregular y en muchos casos dependiente de la industria farmacéutica y no de los sistemas de salud. Tampoco hay protocolos en cuanto al momento en que se deben determinar los marcadores, ni su recogida está habitualmente contemplada en los algoritmos terapéuticos y guías clínicas.


Debe garantizarse la equidad en el acceso a la determinación de biomarcadores predictivos que condicionan la selección de tratamientos. Estos biomarcadores deben estar en la cartera de servicio a nivel nacional, debiendo existir un procedimiento estandarizado y un marco regulatorio específico para su evaluación, implementación y financiación.


Por otra parte, deben realizarse esfuerzos en investigación para el desarrollo e implantación de nuevos biomarcadores predictivos que permitan seleccionar los pacientes que se beneficiarían de los nuevos tratamientos, reduciendo la exposición de aquellos con baja probabilidad de beneficio, con riesgo de efectos adversos y para evitar costes asociados.


Para el farmacéutico de hospital supone un reto adicional la evaluación de la evidencia científica ante la fragmentación
de las patologías según sus características moleculares, que ha supuesto la segmentación de las enfermedades, pasando de pocas enfermedades con muchos pacientes a muchas enfermedades con pocos pacientes. En este contexto los estudios tradicionales no son adecuados y el reclutamiento de pacientes se complica, apareciendo estudios más breves, no comparativos, con resultados no definitivos, pero que permiten un acceso precoz a los medicamentos.


Así mismo, otro reto es la incorporación de los datos del paciente, el conocimiento y manejo de la información que genera, en bases de datos seguras, cuyo análisis requerirá técnicas de big data.
Desde la Farmacia Hospitalaria es necesario contribuir a la evaluación, regulación y formación en MPP, pero quizás el reto más importante al que nos enfrentamos es el compromiso por la incorporación plena de los conocimientos de la MPP en la asistencia sanitaria, proceso para el que la contribución del farmacéutico de hospital se hace imprescindible.