El abordaje de las enfermedades neurológicas en el contexto COVID

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Por José Miguel Láinez Andrés, presidente de la Sociedad Española de Neurología.

La asistencia a los pacientes que sufren enfermedades neurológicas en nuestro país se ha desarrollado dentro de un nivel muy satisfactorio, a pesar de los recursos limitados de nuestro sistema de salud. El gran esfuerzo de los profesionales y una gran dedicación a la clínica de los neurólogos ha permitido que tengamos una Neurología de primer nivel y comparable a la de los países más desarrollados. Por parte de la Sociedad Española de Neurología (SEN) nos habíamos planteado como objetivos el conseguir aumentar los recursos humanos para permitir una mayor de dedicación de nuestros profesionales a las tareas de investigación y caminar hacia una Neurología de excelencia.

El advenimiento de la pandemia nos ha cambiado todos los planes y nos ha obligado a redirigir nuestros esfuerzos y a organizar la asistencia en función de una nueva enfermedad sobrevenida que ha cambiado cualquier tipo de plan establecido. Este coronavirus ha trastocado de forma radical nuestro modo de vida, introduciendo cambios inimaginables en nuestra cotidianeidad y en nuestras formas de relación. Pero sin duda, la estructura social que ha sido sacudida más brutalmente por la pandemia ha sido la sanitaria.

El sistema sanitario fue desbordado en pocas semanas por una enfermedad de la que desconocíamos casi todo. Los neurólogos, como todos los profesionales sanitarios, tuvimos que llevar a cabo un proceso de adaptación rápido para intentar mantener nuestra actividad asistencial. En la primera ola hubo diferentes problemas que mermaron la capacidad de atención: algunos compañeros se incorporaron a los equipos COVID con éxito (una buena demostración de que la formación actual del neurólogo es buena y tiene capacidad para participar en la atención de pacientes con otras patologías) y en la mayoría de servicios se establecieron turnos por el temor al contagio masivo de las plantillas. 

Teléfono-medicina

En estos primeros meses el número de pacientes neurológicos que demandaba asistencia neurológica en urgencias se redujo (en algunas comunidades autónomas se llegó a reducir el número de ictus un 50%), probablemente por el miedo de la población al contagio en los hospitales. La suspensión de las consultas ambulatorias por el confinamiento y la sobrecarga de los hospitales, obligó a realizar la asistencia neurológica por medios telemáticos en un sistema que no estaba preparado para ello. Realmente lo que se hizo fue teléfono-medicina; este tipo de contacto fue bien aceptado por los pacientes y permitió resolver los problemas más importantes.

Por parte de la SEN, para intentar apoyar a nuestros socios, se elaboró un Manual COVID-19 para el neurólogo general, que tuvo un gran éxito a nivel nacional e internacional, y se estableció un registro para conocer las consecuencias de la enfermedad sobre el sistema nervioso; también colaboramos en diversas iniciativas de entidades internacionales como la Academia Europea de Neurología o la Organización Mundial de la Salud. Además se publicaron múltiples documentos de orientación en la nueva realidad para los pacientes con diversas enfermedades neurológicas.

La reducción en el número de pacientes infectados ingresados permitió recuperar la normalidad en la asistencia hospitalaria y una progresiva mejoría de la atención a nivel ambulatorio, aunque con problemas por los retrasos de las consultas canceladas en el pico de la primera ola, difíciles de resolver al tener que mantener consultas con un número reducido de pacientes.

Los neurólogos, como todos los profesionales sanitarios, tuvimos que llevar a cabo un proceso de adaptación rápido para intentar mantener nuestra actividad asistencial

Con las lecciones aprendidas en los primeros meses hemos intentado manejar mejor la situación en las fases siguientes de la epidemia. La segunda ola, al ser de desarrollo más lento en la mayoría de las comunidades, permitió mantener bien la asistencia hospitalaria y con una relativa normalidad la ambulatoria.

La última fase ha tensionado de nuevo enormemente los hospitales, aunque los efectos han sido variables en las diferentes comunidades e incluso de los diferentes hospitales, si bien la demanda de asistencia urgente no ha bajado como en la primera. De nuevo se han cancelado muchas visitas ambulatorias y se sigue recurriendo, así ha sido desde el principio de la pandemia, a la atención telefónica de los pacientes, aunque con peor receptividad por su parte por la ausencia continuada del contacto directo con el neurólogo.

Recuperar la normalidad

Esperemos que el actual sea el último pico de la pandemia y que en los próximos meses podamos recuperar la normalidad. Hacerlo en la asistencia hospitalaria va a ser fácil en cuanto dejemos de tener la presión del número de enfermos ingresados por COVID. Normalizar la asistencia ambulatoria, demorada en meses sucesivos, va a ser un proceso más largo que exigirá, de nuevo, un esfuerzo extraordinario de todo el sistema, fatigado después del excepcional trabajo realizado en los últimos meses. 

Hemos aprendido que podemos resolver algunas situaciones con nuevas herramientas; la telemedicina sin duda va a jugar un papel crucial en la asistencia de los pacientes e incluso en la investigación clínica. Pero es importante que se dote al sistema de herramientas tecnológicas que permitan llevarla a cabo con las máximas garantías y que se regule legalmente su implantación.