Convertir la pandemia en oportunidad

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Por Patricia de Sequera, presidenta de la Sociedad Española de Nefrología.

Esta pandemia ha puesto a prueba a todo el sistema sanitario español y mundial y ha perjudicado, como era de esperar, la atención y evolución de pacientes afectados por otras patologías. La necesidad de concentrar los recursos sanitarios en la atención a la Covid-19, la implementación de medidas de protección de contagios en espacios sanitarios y la propia reserva o temor de los pacientes a la hora de acudir a un centro sanitario han supuesto una reducción importante de la actividad sanitaria programada tanto en consultas externas, como en procedimientos quirúrgicos y diagnósticos.

Aunque no se tiene aún un informe que evalúe el impacto global, sí han ido apareciendo estudios concretos, tanto por comunidades como por áreas terapéuticas, que nos ayudan a hacernos idea. Por ejemplo, en el ámbito de la donación y el trasplante de órganos, tan relevante para nuestra especialidad, la pandemia de SARS-CoV-2 ha ocasionado un retroceso dramático, especialmente por la saturación del sistema sanitario y, específicamente, de las unidades de cuidados intensivos. De la media de 16,1 trasplantes/día en España antes de marzo de 2020 hemos pasado a una media de 2 trasplantes/día.

En resumen, la pandemia ha golpeado de forma global todo el sistema, y la nefrología no sido ninguna excepción, a pesar de los esfuerzos realizados. Según un estudio publicado en nuestra revista Nefrología, con participación de más del 50% de los servicios de Nefrología de nuestro país, el SARS-CoV-2 ha tenido un fuerte impacto tanto a nivel de la hospitalización como de la actividad de consultas externas, afectando al programa de trasplante renal y al cuidado de los pacientes en programas de hemodiálisis. Un impacto que no se relaciona solo con la limitación de los recursos y la necesidad de compatibilizar la atención de nuestros pacientes con los estrictos protocolos de seguridad requeridos por la situación, sino que, en nuestro caso, se vincula además con la fuerte correlación entre la Covid-19 y las patologías renales.

Con un crecimiento del 30% en la última década, en cuanto a prevalencia y mortalidad, unos siete millones de españoles ya se encuentran afectados por la Enfermedad Renal Crónica

Y es que la Covid-19 ha tenido una afección especial en las personas con Enfermedad Renal Crónica. Asimismo, las consecuencias y complicaciones del virus han sido mayores en los pacientes con algún problema renal. E incluso las personas sin antecedentes de patologías renales previas se han visto afectadas por la aparición de problemas en el riñón tras verse contagiadas por esta infección.

Desde el comienzo de la pandemia leíamos publicaciones procedentes de Wuham que indicaban que los pacientes con enfermedad renal eran más susceptibles de infectarse, y que en ellos la infección sería más grave. Y así ha sido. De hecho, la mortalidad de nuestros pacientes ha llegado a ser superior al 25%, si bien en la segunda ola la tasa de fallecimientos fue menor, y esperemos que en esta tercera ola lo sea aún más.

Qué duda cabe que el año 2021 se presenta con el objetivo de doblegar la pandemia, pero mucho me temo que antes debemos seguir adaptándonos a una pandemia que ha planteado nuevos y continuos retos para la actividad de la nefrología española y la atención integral a los pacientes renales.

El SARS-CoV-2 ha acreditado además algo que ya veníamos advirtiendo los nefrólogos y es la creciente centralidad y transversalidad de nuestra especialidad dentro del sistema sanitario, en el ámbito hospitalario pero también fuera de él. Una centralidad y transversalidad que viene dada por las propias patologías que atendemos, por su alto grado de correlación con otras enfermedades, y por su elevada mortalidad.

Con un crecimiento del 30% en la última década, en cuanto a prevalencia y mortalidad, unos siete millones de españoles ya se encuentran afectados por la Enfermedad Renal Crónica (ERC), entre ellos, más de 64.000 pacientes que están actualmente en Tratamiento Renal Sustitutivo (diálisis o trasplante). Se trata, además, de una enfermedad cuyos síntomas son poco reconocibles en los estadios iniciales y por tanto con una alta tasa de infradiagnóstico, algo que hace que muchos nuevos casos nos lleguen en fases avanzadas.

Y por último, a pesar de su fuerte impacto en la calidad de vida de los pacientes y en el propio sistema sanitario, se trata de una patología relativamente poco conocida, hasta el punto de que la ERC es denominada como “la epidemia silenciosa”.

Por ello, el gran reto de la nefrología para 2021, además de seguir adaptándonos a los retos que nos plantea la covid19, sin dejar atrás a ningún paciente, es propiciar un gran aprendizaje en torno a la pandemia, haciendo de la crisis una oportunidad. Una oportunidad de impulsar nuevas formas de atención y seguimiento de los pacientes basadas en la telemedicina, así como de propiciar nuevas dinámicas de colaboración con otros profesionales sanitarios.

Pero también una oportunidad de hacer a la sociedad y a las administraciones sanitarias más conscientes de la vulnerabilidad asociada a las enfermedades renales y, por tanto, la necesidad de combatirla no solo en el ámbito hospitalario sino también fuera de él, haciendo especial hincapié en el diagnóstico temprano y en la prevención. Desde la SEN trabajaremos en esa dirección.