Una reciente investigación, publicada en The Pediatric Infectious Disease Journal, ha evaluado las infecciones por virus resistentes a los fármacos antirretrovirales en uso terapéutico entre los adolescentes con nuevo diagnóstico de VIH en España entre los años 2004 y 2019. El objetivo de realizar esta caracterización era describir las mutaciones de resistencia a medicamentos transmitidas (TDR) y su transmisión por grupos de transmisión en esta población en nuestro país.

El estudio, que ha sido coordinado por el equipo de África Holguín, investigadora del CIBERESP en el Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria (IRYCIS), junto con Cristina Epalza, pediatra del Hospital 12 de Octubre, y en el que también ha participado el equipo del CIBERINFEC que lidera Marisa Navarro en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid; ha analizado datos de pacientes, de entre 12 y 19 años, estaban integrados en las cohortes nacionales de niños y adolescentes (CoRISPe) o de adultos (CoRIS) que viven con VIH de España. De esta manera ha estimado la prevalencia y naturaleza de las mutaciones de resistencia transmitida en la cohorte al diagnóstico de la infección antes de recibir cualquier terapia antirretroviral, también se evaluó mediante herramientas filogenéticas su posible transmisión por ‘clusters’ y la variante del VIH en cada paciente.

“El colectivo adolescente es considerado como de alto riesgo por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) con ya cerca de dos millones de adolescentes infectados a nivel global y más de 170.000 nuevos diagnósticos anuales”, explica a Gaceta Médica Holguín, que también añade que “uno de los pilares en el control de la epidemia de VIH/SIDA es conseguir la supresión virológica, pero eso puede resultar un desafío en la población adolescente, ya que las tasas de supresión viral y la adherencia al tratamiento antirretroviral son más bajas en los adolescentes que en niños más jóvenes y adultos”.

Caracterizar mutaciones de resistencia

Los resultados podrían ser especialmente relevantes tanto en el ámbito clínico como en la formulación de estrategias concretas para abordar la epidemia de VIH en adolescentes. Este estudio revela una elevada prevalencia de mutaciones de resistencia transmitida, destacando la mutación E138A, asociada con la resistencia a los medicamentos rilpivirina/etravirina, como la más frecuentemente detectada.

“Incluso con el tratamiento antirretroviral universal, un gran porcentaje de adolescentes recién diagnosticados con VIH pueden no responder a los regímenes de primera línea típicos debido a la presencia de virus resistentes. Por ello, es esencial evaluar la prevalencia y tipos de mutaciones de resistencia para asegurar un tratamiento adecuado. El caracterizar virológicamente a los adolescentes recién diagnosticados y conocer si sus virus han seleccionado mutaciones de resistencias podría ayudar a mejorar sus necesidades terapéuticas específicas y a personalizar tratamientos, con el fin de mejorar su calidad de vida y controlar mejor su infección por VIH manteniendo al virus a niveles mínimos”, señala la investigadora Holguín.

Esto subraya la importancia de considerar dichas mutaciones al diseñar planes de tratamiento y programas de prevención dirigidos a esta población vulnerable.

De acuerdo con Holguín, “las mutaciones de resistencia transmitida a rilpivirina pueden limitar las opciones de acceso a las nuevas terapias de acción prolongada cabotegravir/rilpivirina. En este estudio, encontramos que la mutación E138A en la transcriptasa inversa del VIH era la mutación de resistencia transmitida más frecuente (6.6 por ciento), cambio previamente asociado a resistencia frente a rilpivirina/etravirina. Eso quiere que el 6.6 por ciento de los adolescentes se infectaron por primera vez con una cepa de VIH que llevaba esa mutación, y que, aunque se tomaran bien una primera medicación con estos fármacos, el virus seguiría replicando”.

Estudio multicéntrico

Para realizar este estudio contaron con datos de 410 adolescentes con VIH-1 diagnosticados, de los cuales se seleccionaron 141 (34,4 por ciento) que presentaban virus secuenciados al diagnóstico y antes del inicio del tratamiento antirretroviral. Eran mayoritariamente hombres (81,6 por ciento), españoles (55,3 por ciento) y con conductas de riesgo (92,2 por ciento), principalmente contacto sexual entre hombres (63,1 por ciento). Posteriormente se identificaron las mutaciones empleando dos listados (OMS 2009, Standford v9.0) en las secuencias de dos proteínas del VIH dianas de fármacos antirretrovirales en uso clínico: la proteasa y la transcriptasa inversa viral.

“El VIH es un virus con alta variabilidad genética, y hay más de 170 variantes clasificadas como tipos, grupos, subtipos, sub-subtipos, y formas recombinantes circulantes (CRF), junto con innumerables formas recombinantes únicas (URF) más complejas generadas por múltiples recombinaciones entre variantes virales diferentes. La variante mayoritaria encontrada en este estudio fue el subtipo B (76,6 por ciento), como era de esperar al ser la cepa más frecuente en España y Europa occidental. Sin embargo, también encontramos cepas diferentes al subtipo B (variantes no-B) y una considerable diversidad virológica en uno de cada cuatro adolescentes con nuevo diagnóstico de VIH en España, principalmente procedentes de América Latina y África subsahariana”, señala Holguín.

Conocer de antemano las mutaciones

Este estudio marca un hito al tratarse del primer análisis multicéntrico en España centrado en los nuevos diagnósticos de VIH en adolescentes, donde se detallan las mutaciones de resistencia transmitida y su posible propagación en clústeres.

“Los datos muestran una alta prevalencia de resistencia transmitida en adolescentes con un nuevo diagnóstico de VIH en España, similar a la de los adultos. Ello es muy relevante en la práctica clínica, porque su presencia tiene implicaciones para el manejo terapéutico. Si los adolescentes ya se están infectando por virus resistentes desde el inicio, se reducen sus opciones terapéuticas en una infección que requiere tratamiento de por vida. Pero, por otra parte, conocerlas de antemano es muy positivo, ya que ello permite personalizar terapias”, destaca la coordinadora de la investigación.

Estos hallazgos resaltan la necesidad de diseñar y tomar medidas adaptadas para la prevención y el manejo del VIH en los adolescentes. “Es crucial monitorizar y mejorar los resultados de salud relacionados con el VIH en los adolescentes”, concluye Holguín.


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