Monitorización remota

Las enfermedades lisosomales son afecciones metabólicas congénitas que cursan con depósito de sustratos en diversos órganos y tejidos como resultado de deficiencias enzimáticas. Conseguir el diagnóstico precoz y un tratamiento eficaz en las formas graves son los retos principales en el abordaje de estas patologías.

Como cada año, Sanofi Genzyme ha celebrado el POST WS Rareview, una reunión que recoge los aspectos más relevantes presentados en el World Simposium de EE.UU. sobre Enfermedades Raras de Depósito Lisosomal, con el fin de compartir los últimos avances en el tratamiento e investigación de las patologías lisosomales.

Enfermedad de Fabry

El tratamiento en la enfermedad de Fabry se basa, hasta la fecha, principalmente en la terapia de sustitución enzimática a largo plazo con agalsidasa. Tal y como destaca Álvaro Hermida Ameijeiras, de la Unidad de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Metabólicas Congénitas del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, “hay que recordar que el origen de esta enfermedad es una enzima que no funciona bien, por lo que el tratamiento ha ido enfocado a sustituir esa enzima de forma quincenal”.

En los últimos años se han ido incorporando nuevos tratamientos no enzimáticos como las terapias con chaperonas. “Estos fármacos ayudan a que funcione la enzima pero solo son eficaces en un grupo determinado de pacientes”, continúa Hermida. Asimismo, está pendiente de aprobación en EE.UU. un nuevo tratamiento enzimático de acción prolongada. “De cara al futuro, ya hay ensayos clínicos en terapia génica con resultados preliminares”, concluye el especialista.

Álvaro Hermida.

El retraso diagnóstico sigue siendo el caballo de batalla en esta enfermedad. Así lo confirma Hermida quien estima hasta en 15 años el retraso diagnóstico en esta enfermedad. “¿Por qué? Porque sigue siendo una enfermedad poco frecuente y los pacientes tienen que pasar una odisea de consultas hasta que la enfermedad avanza y algún especialista da con la tecla”.

Asimismo, “es muy heterogénea, no hay dos pacientes iguales, no se manifiesta de la misma manera en hombres que en mujeres y hay formas clásicas que debutan con muchos síntomas a edades muy tempranas y luego hay formas no clásicas que debutan con pocos síntomas a edades avanzadas”, puntualiza el experto.

La aparición de tratamientos enzimáticos sustitutivos ha sido uno de los avances más importantes en los últimos años, así como la mejora en los trasplantes de médula ósea”

MPS

Sobre los avances en mucopolisacaridosis (MPS), Antonio González-Meneses López, de la Unidad de Dismorfología y Metabolismo del Hospital Universitario Virgen del Rocío, explica todos los avances que se han ido presentado a lo largo de los años en la Rareview.

“La aparición de tratamientos enzimáticos sustitutivos ha sido uno de los avances más importantes en los últimos años, así como la mejora en los trasplantes de médula ósea en la MPS I que recientemente, hemos visto que también pueden ser eficaces en la MPS II”, señala González-Meneses.

Antonio González-Meneses López.

Uno de los grandes hándicap en el abordaje de las MPS es la afectación cerebral donde no llega el tratamiento enzimático. “Para ello se está ensayando con enzimas modificadas, lo que se conoce como ‘un caballo de Troya‘. Se trata de una proteína trampa que el organismo introduce en el cerebro”, subraya el experto quien también resalta las novedades en terapia génica intracerebral en investigación para la MPS III. “Ya existen resultados de ensayos clínicos mediante el uso de virus modificados genéticamente para alcanzar el cerebro”, expone.

Con el paso de los años, el diagnóstico de esta patología se ha ido perfilando. “Tradicionalmente había que esperar a que hubiese muchos síntomas y hacer un estudio enzimático una a una. Ahora, hemos avanzado mediante paneles genéticos simultáneos enfocados a personas que tienen un bazo grande”, explica González-Meneses, quien añade que el grupo del Hospital Ramón y Cajal “lleva años liderando este tipo de diagnósticos”.

Enfermedad de Pompe

La enfermedad de Pompe tiene una prevalencia de <1 de cada 50.000 nacimientos y presenta un aspecto de gravedad bastante variable. “El tratamiento de sustitución enzimática es el único aprobado para esta enfermedad y ha demostrado prolongar la supervivencia en todas las formas clínicas, tanto en niños como en adultos”, señala Cristina Domínguez, del Servicio de Neurología, Unidad de Neuromuscular del Hospital Universitario Doce de Octubre (Madrid).

Cristina Domínguez.

Por otra parte, “en los últimos años hay nuevas investigaciones para mejorar el tratamiento enzimático sustitutivo y para avanzar en terapia génica“, añade.

El avance de la enfermedad Pompe conduce a una debilidad muscular creciente, a fallo orgánico y finalmente a la muerte. La gravedad varía en función de la edad de inicio, y del ritmo de progresión de las afectaciones muscular y orgánica.

La forma infantil es la más grave y se caracteriza por cardiomegalia, debilidad muscular generalizada, hipotonía, hepatomegalia y fallecimiento por fallo respiratorio antes del año de vida. La forma de inicio tardío aparece después del primer año de edad y se caracteriza por la afectación de la musculatura esquelética, que ocasiona debilidad muscular progresiva e insuficiencia respiratoria, suponiendo esta última la causa más frecuente de fallecimiento.

“Nos queda poder tratar la afectación neurológica de las formas graves. Por ello, se están estudiando fármacos que puedan alcanzar el cerebro”

GAUCHER Y ASMD

Tanto la enfermedad de Gaucher como la ASMD (siglas en inglés de Déficit de Esfingomielinasa Ácida) son enfermedades raras que cursan con hepatoesplenomegalia y pueden diagnosticarse tanto en la edad adulta como en la edad infantil.

Marta Morado.

“La enfermedad de Gaucher se viene tratando desde hace 30 años con la terapia de sustitución enzimática pero recientemente se ha incorporado una nueva terapia oral al arsenal terapéutico. Nos queda por tratar la afectación neurológica de las formas graves. Por ello, se están estudiando fármacos que puedan alcanzar el cerebro”, resalta Marta Morado, del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital La Paz (Madrid).

Por otro lado, la baja incidencia de pacientes con ASMD y su similitud de síntomas con Gaucher dificulta su diagnóstico. “A pesar de ello, empezamos a tener resultados beneficiosos con un nuevo tratamiento enzimático en últimas fases de investigación”, concluye.

Sobre el diagnóstico, la hematóloga recuerda que son enfermedades difíciles de identificar y pueden tardar “hasta 30 o 20 años” en diagnosticarse. “En los casos graves, los pedíatras están muy sensibilizados y saben que lo tienen que buscar pero los casos mas leves pueden pasar desapercibidos hasta la adolescencia o edad adulta”, incide. En los adultos hay que buscarla en pacientes con hepatoesplenomegalia y el bazo grande de causa desconocida.


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