La psoriasis es una enfermedad inflamatoria del sistema inmunitario que suele afectar a la piel, a las uñas y a las articulaciones. Esta patología que impacta en el 2,3 por ciento de la población española, suele aparecer entre los 15 y 35 años, aunque también afecta a niños y a personas mayores. Su cronicidad y su presentación en brotes con exacerbaciones y remisiones son algunas de sus principales características.

Revolución terapéutica

Los múltiples avances en investigación e innovación han hecho que los pacientes dispongan de un gran arsenal de tratamientos para su enfermedad. Según apunta José Manuel Carrascosa, vicepresidente 2º y coordinador del Grupo Español de Psoriasis de la AEDV ha habido un salto cualitativo muy notable desde hace diez años, que tiene que ver con el conocimiento patogénico, que ha favorecido a la terapia biológica fundamentalmente frente a puntos clave del proceso patogénico.

“Se han desarrollado grupos terapéuticos como los fármacos anti-interleucina-17-23 que son específicos de psoriasis pero que se han exportado de alguna manera a otras enfermedades infamatorias crónicas y que han conseguido en estos diez años incrementar mucho las expectativas de respuesta”, ha explicado el especialista.

Y es que, en el momento actual, se consigue que más de la mitad de los pacientes prácticamente no tengan lesiones. Además, los tratamientos tienen un perfil de seguridad muy bueno, con pocos efectos secundarios y pocas interacciones.

Sin embargo, Carrascosa apunta la “parte no tan positiva” es que la mayoría de los pacientes incluso tratados con biológicos consiguen unas respuestas buenas, aunque no completas.

Asimismo, ha puesto de manifiesto que los pacientes que más se han beneficiado de estos tratamientos son los que presentan formas moderadas y graves. Mientras que los pacientes con formas leves-moderadas que a veces tienen un impacto importante en su calidad de vida, no han tenido este salto cualitativo y no tienen acceso a estos avances.

Por su parte Santiago Alfonso, director de Acción Psoriasis ha expuesto que la mayor revolución para los pacientes ha sido ver como su piel se ha blanqueado. “Los nuevos tratamientos están llegando a conseguir que los pacientes, dejen de tener psoriasis, no curarla, pero sí que las placas puedan desaparecer”, subraya.

Santiago Alfonso, director-gerente en Acción Psoriasis.

A pesar de que no existe un tratamiento curativo para la psoriasis, los profesionales sanitarios disponen de estrategias terapéuticas muy diversas: tratamientos tópicos, fototerapia, tratamientos convencionales y la última revolución de los tratamientos biológicos y nuevas pequeñas moléculas, que permiten perspectivas de respuesta más altas pero también son bastante más caros.

Hace 20 años esta enfermedad se consideraba únicamente un problema de la piel, ahora es mucho más que eso. Por ello, el manejo de los pacientes también ha cambiado.

El coordinador del Grupo Español de Psoriasis de la AED, explica que otro de los conceptos que ha evolucionado con el tiempo es el concepto de psoriasis como enfermedad inflamatoria sistémica. De manera que en la actualidad se considera que la psoriasis, igual que otras enfermedades inflamatorias crónicas, no solo afectan al órgano completo, sino que implican un cierto grado de activación inflamatoria en otros órganos y sistemas.

Acceso a tratamientos biológicos

Los tratamientos biológicos son un tipo de medicamentos que actúa específicamente bloqueando diferentes moléculas que intervienen en la inflamación, lo hace que sea mucho más específico y eficaz a la hora de tratar las lesiones. Sus beneficios son múltiples destacando el blanqueamiento de la piel, pero la mayor traba es su coste. Por ello, el acceso a estas terapias supone a veces un gran problema que deriva en inequidad en el territorio español.

“Existe mucha variabilidad, no hay un criterio común, y depende de donde vivas, puedes tener dificultades para llegar a estas terapias más innovadoras e incluso depende de donde vivas te va a tocar una, o aquellas que hayan decidido a veces las autoridades sanitarias aprobar”, destaca el dermatólogo.

Santiago Alfonso lo tiene claro: “el paciente todavía tiene diferencias asistenciales en función de donde se encuentre, el código postal sigue marcando, el acceso a la especialización y también a las terapias. 

José Manuel Carrascosa, coordinador del Grupo Español de Psoriasis de la AEDV.

Además, añade que cada CC.AA. tiene unos criterios que a veces no son igualitarios o no facilitan el mismo acceso a los pacientes.

Ante esto, Carrascosa plantea como solución hacer un mapa de acceso de equidad para saber realmente cuales son las barreras y las posibilidades de los tratamientos para la terapia innovadora. “Estamos trabajando en ello desde la AEDV”, señala.

Asimismo, propone llegar a un acuerdo desde el punto de vista científico y con las asociaciones de pacientes y las propias autoridades sanitarias, en el que se respetase la eficiencia y la equidad.

En este sentido, José Manuel Carrascosa, incide en que existen barreras para la prescripción de estos tratamientos biológicos que vienen condicionadas por el coste. De hecho, lo más frecuente es que las terapias innovadoras solo se pueden aplicar cuando han fracasado o están contraindicados los convencionales y los biosimilares.

Coste-efectividad de los tratamientos innovadores

Pero… ¿se sabe si estos medicamentos son coste-efectivos?, el dermatólogo remarca que hay dos maneras de verlo. Si que está demostrado que los biosimilares son coste- efectivos y son eficientes porque al no ser los mejores biológicos, tienen un coste sensiblemente inferior al de los tratamientos innovadores y muy cercanos a los tratamientos convencionales.

“Aunque están lejos de ser los mejores biológicos, el hecho de tener un coste relativamente bajo permite, que sean eficientes”

José Manuel Carrascosa, vicepresidente 2º y coordinador del Grupo Español de Psoriasis de la AEDV.

Por otro lado, los fármacos más innovadores que son bastante más caros que los biosimilares, permiten expectativas de respuesta terapéutica y un perfil de seguridad muy buenas, de manera que, aunque tienen un coste superior, su impacto en la enfermedad y en la calidad de vida es muy positivo, por lo que disminuye de forma secundaria también los costes del sistema porque por ejemplo, el número de visitas al especialista, y las bajas médicas también son menores.

Retos a bordar

A pesar de todos los avances en psoriasis, Carrascosa explica que aun quedan retos a abordar. El principal: curar la enfermedad. “Puede parecer un sueño pero quizás no lo es”, apunta.

Y es que, desde el punto de vista del conocimiento patogénico, estamos cada vez más cerca de identificar aquellos grupos celulares, aquellas “teclas claves en inflamación”, que si se gestionan bien, se podrán obtener no solo resultados en el corto plazo sino remisiones muy prolongadas o incluso conseguir curaciones en algunos pacientes.

Por otro lado, también destaca como desafío ser capaces no solo de controlar la inflamación cutánea sino de modular las comorbilidades. “No tenemos evidencia hoy por hoy de que, controlando la inflamación cutánea, hagamos que estos pacientes tengas menos obesidad, o menos riesgo de morir de enfermedad cardiovascular”.

Y concluye señalando que “todavía queda mucho por conocer de cómo funciona la psoriasis, vendrán nuevas moléculas pequeñas, nuevos tratamientos tópicos y formulaciones innovadoras. Se debe seguir investigando”.

Por su parte, Santiago Alfonso demanda que los pacientes puedan tener una plena integración social y laboral, ya que todavía sufren casos de rechazo y exclusión. Además, incide en que se trabaje más para un diagnóstico precoz y en el acceso temprano al tratamiento más adecuado para los pacientes.