Primer caso de VIH en España: “Concluimos que se trataba de un cuadro completo de ‘homosexual-SK-infección oportunista’”

Gaceta Médica habla con Carmen Navarro, jefa de sección de Neuropatología del Vall d’Hebron en 1981 y la especialista que se encargó de analizar la lesión cerebral

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El punto de partida del VIH en España se sitúa en octubre de 1981. En concreto, en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona tras la muerte de un joven que fue diagnosticado de Sarcoma de Kaposi (SK) y de una infección intracerebral. Gaceta Médica habla con Carmen Navarro, entonces jefa de sección de Neuropatología del Vall d’ Hebrón y la especialista que se encargó de analizar la lesión cerebral.

Pregunta. Usted fue la primera especialista que diagnosticó el VIH sin saber que lo era…

Respuesta. Correspondía a un hombre de 35 años con una historia muy corta de dolor de cabeza persistente, lesiones de color púrpura en la piel del tronco -la primera hacía 2 meses-, adenopatías y adelgazamiento en los últimos 6 meses. Era homosexual, y aunque tenía una pareja estable, había tenido diversos contactos sexuales con diferentes hombres en viajes a Nueva York y a Turquía. Hice el análisis de la lesión cerebral que tenía ese paciente y diagnostiqué una Toxmoplasmosis Gondii, un diagnóstico totalmente inesperado que no era lógico en una persona mayor.

P. ¿Cómo se llegó a la conclusión de que era VIH?

R. Se llegó a ello combinando una serie de factores y gracias al equipo multidisciplinar del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. En la exploración clínica se observaban nódulos de color púrpura en la piel y en la mucosa oral, además de adenopatías diversas, una de las cuales fue biopsiada y diagnosticada de SK.  Al comprobar que padecía SK con una infección oportunista, concluimos que se trataba de un cuadro completo de ‘homosexual-SK-infección oportunista’, del que ya se había alertado a la población científica en el último año.

P. ¿Cuál fue el pronóstico de este primer paciente?

R. Durante su hospitalización se intensificó el dolor de cabeza, se identificó hemiparesia izquierda y se detectó una masa frontotemporal derecha que se consideró una metástasis de SK. Y, aunque se procedió a la extirpación quirúrgica de la tumoración intracerebral, una lesión bien delimitada de 3 centímetros de diámetro, el paciente falleció al cuarto día sin haber recuperado la conciencia tras la intervención. La autopsia, limitada a tórax y abdomen, demostró la existencia de SK en diversas localizaciones (piel y mucosa oral, pared gástrica e intestinal y múltiples nódulos linfáticos) así como una bronconeumonía por bacilos Gram negativos e inclusiones de citomegalovirus en suprarrenales, hígado y pulmón.

“Se trataba del primer caso de SIDA en España, pero también la primera vez que se asociaba la infección intracerebral por T. Gondii en este síndrome”

P. ¿Qué relevancia científica tuvo este caso?

R. Se trataba del primer caso de SIDA en España, pero también la primera vez que se asociaba la infección intracerebral por T. Gondii en este síndrome. Este hecho fue determinante a la hora de considerar este diagnóstico diferencial en pacientes con lesiones cerebrales de incierta etiología y, por lo tanto, poder tratar esta infección. Por ello fue prioritaria su publicación en The Lancet por parte del equipo del doctor Jaume Villaseca. En el mismo número de The Lancet se publicó tanto el primer caso en España como el primero en Francia.

P. ¿Se sucedió un ‘tsunami’ de casos después de este?

R. A partir de 1981 surgieron muchísimos casos. Fue una época de muchísimo temor en estos pacientes por las dudas sobre cómo se transmitía. Después de ese caso, hicimos un diagnóstico de 23 casos post mortem de pacientes con VIH que habían tenido patología cerebral. De esos 23 casos, había 10 con toxoplasmosis cerebral. Era importante pensar en esa posibilidad, que no se planteaba al principio, porque la toxoplasmosis se podía tratar con fármacos. 

P. ¿Cambiaron los protocolos de seguridad en cuanto al manejo de muestras en laboratorio?

R. En todas las muestras de sangre, líquido encefalorraquídeo, o de un tumor de cualquier localización de un paciente con sospecha de VIH se ponía un punto rojo en la hoja de petición. Se suponía que tanto el transporte por el celador como el modo de tratamiento en el laboratorio debían hacerse con medidas de precaución excepcionales. Ya se aplicaban protocolos de seguridad a muestras infecciosas que podían ser tuberculosis, etc. pero con esto se aumentaron muchísimo.


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