Francesc Villarroya

Que la Organización Mundial de la Salud sigue considerando la obesidad como una verdadera epidemia es un clamor. En los países desarrollados cada año que pasa crece el número de personas con sobrepeso. El problema tiene tantas caras que aún nadie ha dado con la solución. Pero detrás de ella lleva muchos años Francesc Villarroya, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Barcelona. Entusiasta de la investigación en la Universidad, director de investigaciones en París y Nueva York, quizás un día su pasión por la ópera le lleve a dar con la fórmula mágica para erradicar este mal. Tal vez porque a la famosa frase de Pablo Picasso, “si llegan las musas, que te pillen trabajando”, podríamos darle la vuelta.

Villarroya, que es miembro de CIBER “Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición” (el centro de investigación del Instituto de Salud Carlos III que coordina la investigación en obesidad en España), dirige un equipo de investigación sobre el funcionamiento y propiedades de la grasa en el organismo desde hace años, con un especial foco en la investigación sobre grasa parda. De ello ha hablado con GM.

Pregunta. ¿Qué es el tejido adiposo pardo? ¿Cómo está relacionado con la obesidad?

Respuesta. Es un tejido al que denominamos también “grasa” o “tejido adiposo” porque contiene grasa, pero tiene una función totalmente opuesta al tejido adiposo blanco o grasa blanca, que es el que se acumula en la obesidad. La grasa parda “quema” las calorías de los alimentos y las elimina en forma de calor. Al principio se pensó que era sólo para mantener la temperatura del cuerpo, pero ahora se sabe que puede activarse para quemar el exceso de calorías que comemos y evitar que se depositen en la grasa blanca.  Cuando no funciona adecuadamente o se sobrepasa su capacidad de “defender” al cuerpo del exceso de entrada de alimentos, se favorece la obesidad.

P. ¿Dónde se localiza y cuándo se descubre que puede ser beneficioso para luchar contra esta enfermedad?

R. En los adultos se encuentra sobre todo debajo de las clavículas, alrededor del cuello y alrededor de arterias grandes y del corazón; los niños tienen también en la zona superior de la espalda y alrededor de los riñones. Se descubrió que era beneficioso para la obesidad a principios de los 80 del siglo pasado en animales de laboratorio, pero había dudas de si era eficaz en los humanos.

Se empezó a demostrar que sí que funcionaba en humanos adultos hace unos 10 años gracias a aplicar a estudios de grasa parda nuevas técnicas que se habían desarrollado para el diagnóstico de tumores (los escáneres PET).

“Hace un par de años un estudio en EE.UU. con más de 50.000 individuos ha mostrado inequívocamente que tener grasa parda activa se asocia a protección, no sólo frente a la obesidad, sino también frente a sus patologías asociadas como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares”

P. ¿Cómo se puede generar más tejido pardo o marrón en el organismo de forma natural?

R. El estímulo natural más potente de la grasa parda es el frío ambiental, o, al menos, temperaturas ambientales no altas. No obstante, no es realista proponer a la gente pasar frío para activar la grasa parda, aunque sí cabe recomendar no excederse en la temperatura de calefacción de las casas (desgraciadamente, en la civilización actual, cada vez la población considera temperaturas más elevadas como temperaturas de confort en las casas y lugares de trabajo) y favorecer la actividad al aire libre cuando no hace calor.

El segundo mecanismo, y más obviamente recomendable, es el ejercicio físico y en general evitar el sedentarismo. Ello favorece la actividad de la grasa parda al tiempo que tiene todo un conjunto de efectos metabólicos positivos adicionales.

“Algunos componentes dietéticos, como los ácidos grasos poliinsaturados omega-3, tienen efecto positivo para la activación de la grasa parda, debido a ello y sus otros efectos positivos conocidos, su presencia en la dieta es recomendable”

P. ¿Existen medicamentos que lo potencien? ¿Se está investigando en ellos? ¿Hay alguna farmacéutica que ya esté sobre la pista?

R. Existen un tipo de medicamentos que activan la grasa parda y favorecen la pérdida de peso, son los llamados simpatomiméticos. Ocurre que se ha tenido que retirar de su uso en pacientes cuando se han intentado usar porque tienen efectos secundarios negativos para el corazón. No tenemos actualmente moléculas ya a punto para poder actuar sobre la grasa parda y activarla sin que se ‘active’ indeseablemente también el corazón. Es uno de los desafíos de investigación importantes, hay nuevas moléculas candidato, pero, en general, no están aún en la práctica clínica a excepción de algunos medicamentos recientes para la diabetes que se pueden aprovechar para tratar la obesidad.

P. ¿Cuál es la situación de la obesidad en el mundo actualmente?

R. La Organización Mundial de la Salud sigue considerando la obesidad como una verdadera epidemia: su incidencia aumenta más y más en la mayoría de los países (todos los mínimamente desarrollados) y en algunos donde por su situación socioeconómica de escasez de alimentos no era prevalente, a la que mínimamente mejora la asequibilidad de alimentos a la población, el sobrepeso obesidad se disparan.

En EE.UU. ya están en tasas de obesidad franca cerca del 40 por ciento (sobrepeso sería cerca del 70 por ciento). En México tasas parecidas o incluso algo peores. Siguen la tónica otros países desarrollados de cultura anglosajona como Reino Unido, Australia, Canadá, con tasas cercanas al 30 por ciento. Aunque los países con mayor obesidad del mundo son países de las islas del pacífico, que tienen tasas de obesidad clínica de más del 50 por ciento.

“Prácticamente en ningún país se está revertiendo la tendencia al crecimiento de la obesidad excepto algunos países del norte de Europa (escandinavos), caracterizados por alto nivel educacional y de renta, con robustos sistemas sanitarios y de protección social (y, curiosamente, de ambiente climático no cálido…)”

En Europa, España está bastante mal posicionada, con más del 20-25 por ciento en obesidad (mucho peor que otros países de nuestro entorno como Francia o Italia), aunque con diferencias significativas entre comunidades autónomas (prácticamente se puede deducir en función de renta per cápita: donde es menor, la obesidad es mayor), y con un problema especialmente preocupante en obesidad infantil.

En países emergentes, como Brasil o incluso China, la progresión de la obesidad es exponencial a cada año que pasa. En resumen, una verdadera epidemia que está afectando incluso a los países desarrollados que hasta el momento tienen las menores tasas de obesidad a nivel global, como son Japón y Corea.

P. ¿Qué otras terapias están en la línea de investigación contra la obesidad

R. Aparte de seguir con las recomendaciones obvias de mejora en los hábitos de vida, actualmente se está avanzando mucho en el uso de nuevos medicamentos para ayudar a perder peso a personas con obesidad, los cuales se desarrollaron al principio para el tratamiento de la diabetes y se ha visto posteriormente que también producen pérdida de peso al parecer sin excesivos efectos secundarios. Son medicamentos basados en modificaciones de hormonas naturales que ya existen en el organismo y que se producen en el intestino de forma natural. Actúan promoviendo la sensación de saciedad y parece que, también activando la grasa parda, lo que es la combinación perfecta para la pérdida de peso.

P. ¿Qué acciones, además de las médicas, se están llevando a cabo?

R. Bueno, más que se estén llevando, “deberían” estarse llevado. Muchas de ellas son sociales, una suma de acciones educacionales y de legislación. Cabe tener en cuenta que en todas las sociedades en que está aumentando la obesidad, la relación inversa con el nivel de renta de las familias es enormemente significativo. Se deberían promover: acciones que hagan económicamente más accesible la comida saludable que la comida basura. Promover la disminución en la oferta de alimentos y bebidas de alto contenido calórico, pero bajo valor nutricional y alto potencial adictivo, especialmente en niños y jóvenes.

Luchar contra el sedentarismo (más allá de mitificar asistir de vez en cuando al gimnasio, y teniendo en cuenta los riesgos indirectos del teletrabajo, etcétera..) y combatir el calentamiento global, que incluye promover el consumo de productos alimenticios de proximidad, con menor transporte (y emisiones de CO2) asociado.


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