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La enfermedad de la COVID-19 posaguda parece ser una enfermedad multisistémica, que en ocasiones ocurre después de una enfermedad aguda relativamente leve. Por este motivo, el manejo clínico requiere de una perspectiva integral del paciente por parte de los médicos de Atención Primaria. Así lo determinan investigadores en un artículo publicado en la British Medical Journal (BMJ).

El artículo indica que “muchos pacientes se recuperarán sin la participación de un especialista”. A pesar de ello, el médico de atención primaria puede desarrollar “un papel clave” en la evolución del paciente.

El artículo está dirigido a médicos de atención primaria y se relaciona con el paciente que tiene una recuperación tardía en un episodio de COVID-19. Asimismo, el artículo hace referencia a los pacientes que se trataron en la comunidad o en una sala de hospital estándar.

Enfermedad COVID-19

Los autores del artículo definen la enfermedad de COVID-19 posaguda como aquella que se extiende más allá de las tres semanas desde el inicio de sintomas. Por otra parte, la COVID-19 crónica como el que se extiende más de 12 semanas.

Alrededor del 10 por ciento de los pacientes que han dado positivo en la prueba del virus del SARS-CoV-2 permanecen enfermos más allá de tres semanas, y una proporción menor durante meses. Este porcentaje hace referencia al estudio de síntomas en Reino Unido a través de una aplicación de teléfono.

En relación a la prolongación de la enfermedad, no se sabe por qué ocurre. Los autores del artículo señalan que factores como anticuerpos débiles, recaída o reinfección, o incluso reacciones inflamatorias pueden contribuir a la viremia persistente.

Asimismo, el documento hace referencia a las secuelas descritas para otros coronavirus (SARS y MERS) que tienen paralelos fisiopatológicos con el COVID-19 posaguda.

Pruebas requeridas para tratamiento de pacientes

Es probable que la investigación adicional perfeccione las indicaciones y la interpretación de diagnóstico y monitoreo de seguimiento de la COVID-19. A pesar de ello, los autores dan una serie de pautas a valorar en el momento de requerir pruebas diagnósticas.

En primer lugar, los análisis de sangre “deben solicitarse de forma selectiva”, señala el documento. Esto es necesario para poder ver las indicaciones específicas después de una historia y un examen cuidadoso del paciente. Aunque es posible que el paciente no necesite ninguno.

Es conveniente indicar que si se realizan este tipo de análisis, se deben tener en cuenta los niveles de dímero D y otros biomarcadores como la linfopenia porque pueden ser indicadores de que el paciente desarrolle la enfermedad de una forma severa.

En relación a los pacientes que no fueron admitidos en cuidados intensivos, los autores se remiten a la guía de la British Thoracic Society. La institución propone un seguimiento comunitario con una radiografía de tórax a las 12 semanas y la derivación para pacientes nuevos, persistentes o con síntomas progresivos.

Para los pacientes que tengan un daño pulmonar evidente, los investigadores recomiendan la derivación a un servicio respiratorio, ya que hacerlo de forma temprana puede ayudar a la recuperación.

Infografía resumen

Patologías previas en pacientes

Las patologías previas que tienen los pacientes que han padecido COVID-19 también tienen su hueco en el artículo de difusión. Los expertos indican que muchos tienen comorbilidades que incluyen la diabetes, hipertensión, enfermedad renal o cardiopatía isquémica.

Asimismo, experimentar momentos personales duros como la pérdida de un puesto de trabajo, o de un familiar, puede suponer un aumento de estrés y de tensión. En este contexto, el confinamiento también ha influido.

Para las complicaciones cardiopulmonares, el artículo indica que “quizás el 20 por ciento de los pacientes ingresados” tuvieran afectación cardíaca clínicamente significativa. En este sentido, las complicaciones pueden incluir pericarditis, infarto de miocardio, arritmias, miocarditis o embolia pulmonar.

Respecto al ámbito social, los investigadores señalan que es “más común” que la COVID-19 tenga un peor pronóstico en la fase aguda para personas pobres, de edad avanzada y ciertos grupos étnicos minoritarios. Sin embargo, “es demasiado pronto” para determinar patrones sociodemográficos en relación a la enfermedad.

Implicación del médico de atención primaria

Una vez que el médico de atención primaria excluya las complicaciones graves en curso, y hasta que los resultados de los estudios de seguimiento estén disponibles, los pacientes “deben ser tratados de forma pragmática y sintomática con un enfásis en el apoyo holístico”.

Por otra parte, el documento indica que no parece ser necesario para la mayoría de pacientes la derivación a un servicio de rehabilitación especializado.

Para la atención a pacientes en atención primaria, la utilización de tecnologías remotas es una de las potenciales soluciones. Los investigadores consideran que “se puede lograr mucho a través de servicios de rehabilitación interprofesionales y comunitarios que abarcan la autogestión del paciente”.

No obstante, el manejo de la post-aguda COVID-19 “debe ocurrir en conjunción de la gestión de recursos profesionales existentes o nuevas enfermedades concomitantes”, señala el documento.

“En nuestra experiencia, la mayoría de los pacientes que no ingresaron en hospital, se recuperan bien con cuatro a seis semanas”

Para esta recuperación, hacen referencia a la práctica de ejercicio aeróbico, como caminar o pilates, aumentando gradualmente la intensidad según se tolere.

Síntomas y apoyo en atención primaria

El artículo hace referencia a los distintos síntomas conocidos hasta la fecha con la valoración específica de cada uno de ellos. En este sentido, los investigadores tratan la tos, la falta de aliento o las secuencias neurológicas, entre otros síntomas.

La evaluación clínica del paciente con COVID-19 posaguda con dolor torácico debe seguir principios similares a los de cualquier dolor torácico: una historia clínica cuidadosa, teniendo en cuenta los antecedentes médicos y los factores de riesgo, un examen físico, respaldado según lo indicado por las investigaciones.

En estos casos, si el paciente se encuentra mal, o el diagnóstico es incierto, es posible que se precise de una derivación urgente a cardiología para una evaluación.

En relación a la rehabilitación pulmonar, el artículo señala que “muchos pacientes aún se están recuperando en las primeras seis semanas después de la COVID-19 aguda”. Además, indican que, por lo general, no requieren una entrada rápida en un programa de rehabilitación.

Es conveniente señalar que el documento destaca que la historia natural del COVID-19 posaguda y crónica en una población comunitaria se desconocía en el momento de escribir el artículo.


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