El sexo y el género tienen impacto en oncología. Ruth Vera, coordinadora de la Comisión Mujeres en Oncología de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), y jefa de Servicio de Oncología en el Hospital Universitario de Navarra, señala que “el primer impacto es que el cáncer es más frecuente en hombres que en mujeres y esto ya es un dato muy importante”. “Además de ser más frecuente, registra una mayor mortalidad en varones y esto está constatado, independientemente de los factores de riesgo”, puntualiza. Siguiendo este hilo indica que, aunque popularmente se haya expuesto que los hombres fuman o beben más, al hablar de la variable sexo, se deduciría que “existe mayor riesgo con una mayor exposición”.

“Cuando hablamos de sexo hablamos de variables biológicas como la genética, las hormonas o el sistema inmune y cuando hablamos de género nos referimos al constructo social, que incluye aspectos como el estilo de vida, creencias o cómo nos manejamos socialmente”, desarrolla la oncóloga.

Con todo esto, Vera afirma que ambas variables han de ser tenidas en cuenta con sus especificidades desde la prevención. “Por ejemplo, la obesidad es un factor de riesgo en cáncer que aplica a ambos sexos, pero en mujeres este factor tiene más impacto en la juventud mientras que en hombres influye más en edades adultas; hay diferente comportamiento ante el mismo factor de riesgo”.

Diferencias en prevención

Existen hábitos nocivos como el tabaquismo o el consumo de alcohol que afectan negativamente tanto a hombres como a mujeres. Pero, como expresa Vera, “para hacer prevención primaria y evitar el desarrollo de cáncer, los mensajes que se dan a hombres y mujeres deberían ser diferentes, por ejemplo, en términos de obesidad, vida sedentaria o alimentación”. Aquí, la oncóloga incide en que “quizá debería haber más investigación en este sentido”.

En cuanto a prevención secundaria, según Vera, “en el screening se ha visto que también hay diferencias; las mujeres participan más que los hombres y podemos diagnosticar de manera más precoz como ya se ha observado en cáncer de colon, lo que contribuye a reducir la mortalidad”.

Respecto a los cribados comunes a hombres y mujeres, Vera explica que “los criterios de inclusión son exactamente los mismos y de momento no hay datos que apunten a que deban ser diferentes”. “Lo que sí que vemos es que, en cribados que son iguales para hombres que para mujeres, como colon, la participación de mujeres es mayor”.

Abordaje por sexo

En cuanto al proceso oncológico, Vera manifiesta que “el abordaje es el mismo hasta el momento”, agregando que “muchas veces se aboga por que se haga más investigación y se incluyan las variables de género y sexo“. “Ya sabemos que hay diferencia en el caso de los tumores de colon en hombres y mujeres, por ejemplo, en cuanto a la localización; los de colon derecho son más frecuentes en el sexo femenino y se ha visto que en este tipo de neoplasia, ellas tienen fenotipos más agresivos”, ejemplifica la oncóloga. “Tenemos datos que demuestran que biológicamente los tumores pueden ser diferentes y actualmente no se toman decisiones diferenciadas en función del sexo”, precisa Vera. Para lograrlo, apunta, “son necesarios más estudios que ayuden a conocer mejor el impacto de estas variables”.

Dentro del cáncer colorrectal, Vera detalla que “en el caso de 5-fluorouracilo sabemos que su farmacocinética es totalmente diferente en hombres que en mujeres; de hecho, a la misma dosis, en mujeres la concentración es mayor y también se ha observado un aumento de la toxicidad”. “Sabemos también que el cálculo de la dosis de la quimioterapia, que a día de hoy se hace por superficie corporal, es diferente en función del sexo”, añade. “A día de hoy no se usa, es una observación pero no existen estudios que lo documenten, lo que nuevamente pone de manifiesto la necesidad de que en la mayoría de ensayos clínicos incluyan estas variables”, señala.

Acerca de esta necesidad de investigación, Vera explica que “en los últimos años se están haciendo análisis retrospectivos sobre la influencia del sexo en determinados tratamientos y, por ejemplo, parece que la inmunoterapia puede tener más toxicidad en mujeres”. Asimismo, pone el foco en que “ahora lo que se recomienda es insistir en todas las recogidas de datos y toda la información que se está generando sobre nuevos fármacos integrando las variables de sexo y género y que ayuden a tomar decisiones”.

Actualidad y desafíos

Por otra parte, Vera considera que “habría que tener en cuenta también las diferencias de género, tener en cuenta cómo una mujer se enfrenta a la aparición de síntomas para llegar a un diagnóstico lo más precoz posible”.  “Por ejemplo, se ha visto que las mujeres en edad adulta o anciana tienden más a rechazar tratamientos, sobre todo si son agresivos, muchas veces por no molestar a la familia, no hacer que les acompañen al hospital o que no sufran”, expresa la oncóloga. También, expone, “las mujeres son menos participativas en ensayos clínicos  y los oncólogos debemos tener en cuenta esto para tratar de contar con datos y poder caracterizar las diferencias”.

Durante todas las fases del proceso oncológico, quedan diversos desafíos pendientes. “Hay aspectos relativos a estas variables como el cálculo de dosis de fármacos y su manejo o los programas de screening que todavía no sabemos cómo incorporar a la rutina diaria”, resalta vera. Así, cree que uno de los retos pasa por “incrementar el conocimiento en esta materia”.

Desde SEOM y el grupo que Vera coordina, están trabajando en una serie de artículos con publicación en la revista Clinical & Translational Oncology (CTO) recogiendo la evidencia que se genera a través de estas variables. “Actualmente estamos trabajando en tres artículos: uno aborda específicamente las diferencias de sexo y género en cribado, diagnóstico y tratamiento en cáncer colorrectal; el segundo lo estamos elaborando en colaboración con la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) para identificar las diferencias de toxicidad en tratamientos oncológicos en función del sexo y género y, el tercero, sobre las diferencias en el abordaje oncológico en personas transgénero”, concluye.


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