Juan José Carballo

Juan José Carballo es psiquiatra adjunto del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón. El experto analiza para GACETA MÉDICA el impacto de la pandemia sobre la salud mental de estos grupos.

Pregunta: Durante el confinamiento, se alertó de los problemas sobre la salud mental de niños y adolescentes, ¿se han cumplido las previsiones iniciales?

Respuesta: El periodo de confinamiento presentó para la población infanto-juvenil, como para otros grupos de edad, retos y también oportunidades para el crecimiento personal y la cohesión familiar. Los expertos en salud mental en niños y adolescentes señalaron que los síntomas de ansiedad, la falta de contacto con los compañeros y menores oportunidades para regular su estrés diario podrían afectar el estado emocional de los niños y adolescentes, especialmente en niños con necesidades especiales, como discapacidad, aquellos con experiencias traumáticas previas o con problemas de salud mental previos.

Asimismo, se señalaron no sólo factores individuales, sino también factores familiares y sociales condicionados por el confinamiento que podrían incidir en los niños y adolescentes de forma significativa como sería el desarrollo o agravamiento de trastornos psicológicos en los padres, violencia dentro de la familia o problemas económicos y laborales en los padres.

P. ¿En qué situación estamos un año después del inicio de la pandemia?

R. Se han podido observar esas circunstancias planteadas; por un lado, de desarrollo positivo para el niño y sus familias en un porcentaje significativo, y también, por otro, el aumento de la incidencia de problemas de salud mental en los niños y adolescentes con mayor vulnerabilidad tanto individual como socio-familiar, con dos problemas clínicos más relevantes, aumento de presentaciones de urgencia de conductas suicidas y de trastornos de la conducta alimentaria.

P. ¿Cómo está afectando la pandemia a niños jóvenes con problemas de salud mental previos?

R. A nivel internacional y también consistente con datos de nuestro país, se indicó un descenso en el número de urgencias psiquiátricas en el período inicial de confinamiento acompañado de un incremento en la severidad de los pacientes atendidos en dispositivos de urgencias psiquiátricas, lo que enfatiza la necesidad de detección precoz de situaciones de descompensación de los pacientes con problemas de salud mental previos a la pandemia.

Uno de los retos que afrontábamos los profesionales de salud mental de niños y adolescentes era garantizar la continuidad asistencial durante el periodo de confinamiento y en las posteriores restricciones de movilidad, para evitar un incremento de la sintomatología o aparición de nuevas complicaciones en aquellos pacientes ya seguidos en consulta.

“Ha sido preocupante el incremento en la frecuencia y severidad de los intentos de suicidio en la población adolescente”

El desarrollo e implementación de actividades complementarias a las previamente desarrolladas en el ámbito hospitalario o de centros especializados como la telemedicina nos permitió ser testigos de experiencias positivas para los niños y sus familias durante el confinamiento en un porcentaje significativos de casos. Pero también observar que en aquellos pacientes con mayor vulnerabilidad, la disrupción de sus rutinas, por ejemplo, condicionó, en muchos casos, un agravamiento de su sintomatología previa. En otros, retrasar la ayuda especializada por temor al contagio pudo contribuir a una mayor expresión y gravedad de los síntomas. 

También ha sido preocupante el incremento en la frecuencia y severidad de los intentos de suicidio en la población adolescente. Si se tiene en cuenta que el pesimismo, el aislamiento social y la desesperanza en pacientes con trastornos depresivos podrían facilitar el paso al acto desde pensamientos de muerte a los intentos autolíticos, la pandemia COVID-19 ha supuesto un reto especialmente importante en la atención y salud mental de adolescentes vulnerables.

P. ¿Y a la población infantil y juvenil que inicialmente no parecía presentar ninguna predisposición?

R. Durante la pandemia, el confinamiento inicial y las posteriores restricciones de movilidad, así como las propias consecuencias de la enfermedad COVID-19 en miembros familiares ha favorecido la aparición de factores de riesgo en la salud mental en algunos niños y adolescentes que previamente no presentaban ningún trastorno.

Es necesario también reflexionar que muchas de las reacciones que han presentado niños y adolescentes son las propias y necesarias en la adaptación a una situación extraordinaria y sin precedentes como es la pandemia COVID-19. Así, es esperable que se haya sentido miedo, preocupación, en otros momentos aburrimiento, tristeza… La mera presencia de estas emociones no podrían considerarse patológicas. La duración, intensidad y el impacto de estas reacciones en la vida de los niños y adolescentes y sus familias determinarían su significación clínica.

“La mera presencia de emociones como miedo, preocupación o tristeza no podrían considerarse patológicas”

Cambios en los horarios de sueño, de alimentación, alteración en la actividad física, incremento de las horas de uso de juegos en red o de conexiones online, unido a factores emocionales como la incertidumbre o miedo y la pérdida de factores de protección como el apoyo directo de una red familiar y de amistades o la conflictividad con los mismos han podido contribuir a la aparición de manifestaciones clínicas en la esfera emocional o conductual que han requerido derivaciones a especialistas en salud mental cuando el impacto de las mismas era significativo.

P. Se ha referido al aumento de trastornos de la conducta alimentaria, ¿cómo se explica este aumento de casos? ¿se puede prevenir de algún modo?

R. Efectivamente, se ha indicado en nuestro entorno un incremento en los casos de trastornos de la conducta alimentaria que han requerido atención clínica tanto ambulatoria como en hospitalización.

“La detección de los factores de riesgo de trastornos de la conducta alimentaria y la intervención temprana podría ayudar a prevenir la aparición de complicaciones”

En el caso concreto de los trastornos de conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa, si además del incremento de factores de riesgo y disminución de los factores de protección tanto individuales y socio-familiares generales mencionados, sumamos una mayor autoobservación e hipervigilancia del funcionamiento fisiológico del cuerpo en un momento evolutivo en el que el aspecto físico es altamente considerado por la población prepuberal y puberal podrían ser factores que hayan contribuido al incremento de casos descritos.

La detección de los factores de riesgo y la intervención temprana podría ayudar a prevenir la aparición de complicaciones.