Premios BiC 2020

Lo vienen avisando los expertos y un estudio más lo ha puesto sobre la mesa: la mascarilla es uno de los pilares fundamentales en el control de la pandemia de la COVID-19. Lo es porque fundamentalmente puede ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad y garantizar así que una mayor proporción de nuevas infecciones sean asintomáticas. Así lo recoge un artículo publicado en New England Journal Medicina. Como aseguran los expertos en este trabajo “si se confirma la hipótesis, la mascarilla universal podría ayudar a generar inmunidad y ralentizaría la propagación del virus a la espera de una vacuna”.

Experiencia desde marzo

Los autores del Centro de Investigación del SIDA, especialistas en enfermedades infecciosas, epidemiología y bioestadística de la Universidad de California, recuerdan como desde marzo es evidente que el enmascaramiento universal es una forma posible de prevenir la transmisión del virus en las personas infectadas asintomáticas. De hecho, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades recomendaron en abril la mascarilla de manera universal.

La evidencia que existe en relación a otros virus respiratorios indica que la mascarilla puede proteger a la persona de la infección, y bloquear así la entrada de partículas virales en la nariz y boca.

Las investigaciones epidemiológicas sugieren que existe una fuerte relación entre la mascarilla y el control de la pandemia

Las investigaciones epidemiológicas que se han hecho en todo el mundo, sobre todo en países asiáticos –acostumbrados al uso de las mascarillas desde hace años- sugieren que existe una fuerte relación entre esta medida y el control de la pandemia.

De hecho datos recientes de Estados Unidos muestran que la infección por SARS-CoV-2 disminuyó entre los profesionales sanitarios tras extender el uso de la mascarilla en los hospitales a finales de marzo.

Menos carga viral

Los autores de esta investigación recuerdan que la COVID-19 tiene la capacidad suficiente de causar innumerables manifestaciones clínicas, que van desde la ausencia total de síntomas hasta la neumonía, el síndrome de dificultad respiratoria aguda y la muerte.

De este modo, los datos virológicos, epidemiológicos y ecológicos recientes “han llevado a la hipótesis que la mascarilla también puede reducir la gravedad de la enfermedad entre las personas que se infectan”. Esta posibilidad es consistente con la teoría de la patogénesis viral que sostiene que la gravedad de la enfermedad es proporcional al inóculo viral recibido. Como apuntan los investigadores, con las infecciones virales en las que la respuesta inmunitaria del huésped juega un papel fundamental en la patogénesis viral, una alta dosis de inóculo viral puede desregular las defensas inmunitarias innatas, aumentando así la gravedad de la enfermedad

La mascarilla puede reducir la gravedad de la enfermedad entre las personas que infectan

En este sentido, si el inóculo viral es importante para determinar la gravedad de la infección por SARS-CoV-2, una razón adicional para el uso de mascarillas sería reducir el inóculo viral al que está expuesta la persona y el impacto clínico posterior de la enfermedad. “Dado que las mascarillas pueden filtrar algunas gotitas que contienen el virus, estas podrían reducir el inóculo que inhala una persona expuesta”. Si esta teoría se confirma, apuntan los autores, el uso obligatorio de la mascarilla, con cualquier tipo de mascarilla que aumente la aceptabilidad y adherencia, podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones por SARS-CoV-2 que son asintomáticas.

De hecho, los CDC estimaron que la tasa típica de infección asintomática por COVID-19 era del 40 por ciento a mediados de julio, pero en la actualidad estas tasas de infecciones asintomáticas son superiores al 80  por ciento en entornos donde el uso de la mascarilla está extendido, “lo que proporciona evidencia observacional de esta hipótesis”, dicen.

Estos investigadores recuerdan que los países que han adoptado la mascarilla obligatoria han obtenido mejores resultados en términos de tasas de enfermedades graves relacionadas con COVID y muerte, lo que en entornos con pruebas limitadas sugiere un cambio de infecciones sintomáticas a asintomáticas.

Dos ejemplos claros:

Los autores de esta investigación explican estos resultados con dos ejemplos claros. Por un lado, un brote en un crucero argentino, donde los pasajeros recibieron mascarillas quirúrgicas y el personal llevaba mascarillas N95. De este modo, la tasa de infección asintomática fue del 81 por ciento, en comparación con el 20 por ciento en brotes anteriores en cruceros sin el uso de la mascarilla.

Por otro lado, en dos brotes que tuvieron lugar en plantas procesadoras de alimentos en Estados Unidos, los trabajadores recibieron mascarillas todos los días, así la proporción de infecciones asintomáticas entre las más de 500 personas que se infectaron fue del 95 por ciento, con solo el 5 por ciento en cada caso. Los enfermos de este brote experimentaron síntomas leves a moderados.

Los autores concluyen que la tasa de letalidad en países donde el uso de la mascarilla es obligatorio y está extendido se ha mantenido baja.

La reinfección

Asimismo, los autores ahondan en la posibilidad de reinfección por SARS-CoV-2. Como explican, la reinfección por COVID-19 parece ser poco común, a pesar de llevar más de ocho meses de circulación en todo el mundo. La comunidad científica ha estado aclarando durante algún tiempo los componentes humorales y mediados por células de la respuesta inmune adaptativa al SARS-CoV-2 y la insuficiencia de los estudios de seroprevalencia basados ​​en anticuerpos para estimar el nivel de células T y memoria B más duraderas. Es decir, la inmunidad celular al SARS-CoV-2. 

La tasa de letalidad en países donde el uso de la mascarilla es obligatorio y está extendido se ha mantenido baja

En las últimas semanas han surgido datos prometedores que sugieren que una fuerte inmunidad mediada por células puede resultar una infección leve o asintomática por SARS-CoV-2, “lo que cualquier estrategia de salud pública que pueda reducir la gravedad de la enfermedad debería aumentar también la inmunidad de toda la población”.

De hecho, para probar la hipótesis de estos autores de que el uso de mascarilla es una de esas estrategias, advierten de que son necesarios más estudios que comparen la tasa de infección asintomática en áreas donde el uso de mascarillas sea o no obligatorio. “La lucha contra la pandemia implicará reducir tanto las tasas de transmisión como la gravedad de la enfermedad. La creciente evidencia sugiere que el uso de la mascarilla en toda la población podría beneficiar a ambos componentes de la respuesta”.