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MARÍA CLARA MONTOYA Madrid | viernes, 24 de marzo de 2017 h |

El déficit de la hormona del crecimiento (DHC) trae consecuencias psicológicas y sociales en los pacientes que la sufren y uno de los principales problemas que conlleva es que no se diagnostica a tiempo, según declaró la presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP), Beatriz García.

García participó en una jornada que abordó los retos que tienen los trastornos de crecimiento y explicó que el tratamiento para DHC es “caro y con una adherencia baja” y eso impide que los pacientes puedan mejorar su pronóstico en muchas ocasiones.

Aunque no hay datos concretos para España, se conoce que el DHC afecta aproximadamente a uno de cada 3.800 niños nacidos en el mundo y se estima que alrededor del cinco por ciento de los menores que visitan al pediatra tienen una patología relacionada con el crecimiento.

Para ver que un paciente tiene una producción disminuida de DHC “se hacen pruebas de laboratorio para comprobar que la talla está por debajo de una desviación estándar y que hay una velocidad de crecimiento inferior”, explicó García.

Criterios de medición desiguales

Otro de los problemas a la hora de abordar el DHC según la especialista es “la falta de renovación de los criterios estandarizados” para tomar las medidas de los niños y que “la talla tiene muy poca importancia en las revisiones”.

“La población es mucho más alta que hace veinte años y es necesaria una revisión periódica de estos parámetros porque se están utilizando algunos que ya son muy antiguos”, reclamó.

Además, mostró su preocupación ante los “desiguales” criterios de tratamiento que hay en las diferentes comunidades autónomas españolas y solicitó “la colaboración de los farmacéuticos de hospital para promover la adherencia.

Consecuencias psicológicas

La directora médica de Merck, Isabel Sánchez, explicó que el DHC “no solo tiene consecuencias físicas sino que también puede hacer que la calidad de vida de los pacientes disminuya notablemente”.

“Con la baja estatura también hay consecuencias psicológicas, sociales y emocionales y por eso la intervención de las familias es crucial”.

La presidenta de la SEEP coincidió con este mensaje pero también recordó “la responsabilidad” del personal sanitario de atención primaria y pediatría a la hora de “vigilar el crecimiento diario en los casos de talla baja” y “para remitir al especialista e iniciar un tratamiento lo antes posible”.

Un cómic cómplice con los pacientes

Leo Messi, una de las figuras más importantes del fútbol de todos los tiempos, sufrió este síndrome, que empieza a tratarse desde los dos o tres años hasta aproximadamente los 15.

El perfil de los pacientes que se tratan es el del crecimiento en el primero año para después estabilizarse, pero las expertas coinciden en que al tener que administrar la medicación por vía subcutánea durante tantos años, la adherencia peligra.

Para promover una mayor adherencia e involucrar de una manera más lúdica a los pacientes, Merck ha creado la iniciativa “We Are Guardians”.

En un cómic, el protagonista Juan está acompañado por superhéroes que le ayudan a confiar en sí mismo, y lo animan a ser constante en sus tareas.

La idea es trasmitir a los niños “lo importante que es el implicarse en su propio tratamiento”, declaró Sánchez.