La composición de las células del cerebro puede transformar la forma en que se entienden y tratan las afecciones neuropsiquiátricas, abriendo un nuevo camino de tratamiento para enfermedades como la epilepsia, el autismo, la esquizofrenia o la depresión.

Un estudio de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Ottawa demuestra cómo el ecosistema de un cerebro y su diversidad de células pueden permitirle mantener una función normal mientras responde mejor a cambios, perturbaciones o lesiones. La respuesta a tales “insultos”, como los acuña el estudio, es amplificada por células que están demasiado conectadas o son demasiado parecidas, lo que las hace menos resistentes e incapaces de mantener la actividad necesaria para preservar la función cerebral.

Inspirándose en ‘El origen de las especies de Charles Darwin’ y en la idea de que la biodiversidad de los ecosistemas naturales es la clave para la supervivencia, el autor principal del estudio, Jérémie Lefebvre, y su equipo, utilizaron modelos matemáticos de circuitos cerebrales para analizar cómo las neuronas responden a los “insultos” y cómo las células la diversidad ayuda a prevenir fallas.

“Nuestros resultados demuestran cómo la diversidad es un ingrediente fundamental y esencial en la constitución de los circuitos cerebrales”, afirma Lefebvre, miembro del Instituto de Investigación del Cerebro y la Mente de la Universidad de Ottawa, a EurekAlert.

“Al igual que la biodiversidad de los ecosistemas, la diversidad de neuronas es igual de importante y representa una nueva forma de interpretar ciertas enfermedades, como la epilepsia”, asegura.

Exploración de células

Lefebvre y el equipo de investigadores, que incluye miembros del Instituto del Cerebro de Krembil, parte de la Red de Salud de la Universidad en Toronto (Canadá), utilizaron grabaciones eléctricas para explorar las células cerebrales de pacientes con epilepsia y descubrieron que las células de la región del cerebro que provocan las convulsiones en la epilepsia se parecen más y son menos diversas. La baja diversidad impide que las neuronas y las células se adapten adecuadamente, ya que los circuitos cerebrales no pueden mantener una actividad saludable, lo que provoca convulsiones.

“Usando nuestros métodos interdisciplinarios, pudimos demostrar que las células cerebrales deben ser diferentes entre sí para garantizar que el cerebro mantenga su función frente al tiempo y los cambios”, explica Lefebvre.

“Este es un recordatorio importante del papel crítico que juega la diversidad en los sistemas naturales y cómo responde al cambio inevitable. Esto no solo se aplica a los ecosistemas, las neuronas y los circuitos neuronales, sino también a los humanos y las comunidades”, señala Lefebvre.

La investigación, según los integrantes de la misma, también puede brindar orientación para el tratamiento del autismo, la esquizofrenia y la depresión, que también son estados del cerebro marcados por un exceso de conectividad y sincronicidad.


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