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En comparación con los no fumadores, los consumidores de tabaco aumentaron el riesgo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en un 704 por ciento (buen nivel de evidencia). Los usuarios de pipas de agua, por su parte, lo hicieron en un 218 por ciento (fuerte), mientras que los de cigarrillos electrónicos registraron un incremento del 194 por ciento (buena). Así lo ha reflejado un estudio publicado en el ‘European Heart Journal’, diario de la Sociedad Europea de Cardiología. Se trata, además, de la primera comparación mundial de los efectos de las tres formas de fumar y vapear.

Por otro lado, los cigarrillos y pipas de agua aumentaron el riesgo de cáncer de pulmón en un 1.210 por ciento (fuerte) y 122 por ciento (fuerte) respectivamente. No obstante, los responsables señalan que el nivel de evidencia en los cigarrillos electrónicos no fue suficiente para sacar conclusiones confiables.

Además, observaron cuánto las tres técnicas de fumar endurecieron las arterias, un indicador pronóstico importante para el riesgo de problemas cardíacos y accidentes cerebrovasculares. En comparación con los no fumadores, los cigarrillos de tabaco aumentaron la rigidez arterial en un 10 por ciento, las pipas de agua en un 9 y los cigarrillos electrónicos en un 7 por ciento (nivel medio de evidencia para los tres).

Efectos adversos

El primer autor de la revisión, el profesor Thomas Münzel, del Departamento de Cardiología del Centro Médico Universitario de Mainz, ha explicado el objeto de esta revisión. “Se centra principalmente en los efectos adversos de estas tres técnicas en la disfunción endotelial y la relación con el estrés oxidativo y, en segundo lugar, con la enfermedad clínica”.

“Las tres formas de fumar y vapear conducen a una mayor producción de radicales libres derivados del oxígeno en el tejido de los vasos sanguíneos, como el superóxido. Esto descompone el óxido nítrico, que es liberado por el endotelio, y es importante para ayudar a que los vasos sanguíneos se dilaten y para proteger contra la inflamación y la obstrucción de las arterias”.

Los investigadores dicen que los principales productos químicos tóxicos en el vapor del cigarrillo electrónico incluyen formaldehído y acroleína, así como trazas de productos químicos llamados metales de transición y compuestos orgánicos volátiles (COV), que se sabe que dañan las células.

En contraste, los cigarrillos de tabaco y el humo de la pipa de agua contienen una mezcla mucho más compleja de productos químicos nocivos y otras sustancias. Por su parte, el humo de la pipa de agua contiene partículas sólidas, que se originan principalmente del carbón utilizado para quemar el tabaco. Esto también está presente en concentraciones más bajas en el humo del cigarrillo.

Además, la nicotina está presente en los tres productos de tabaco, es adictiva y es responsable de los efectos biológicos nocivos.

¿Cómo incide su consumo respecto a la COVID-19?

Los investigadores también observaron los efectos del tabaquismo y el vapeo en las infecciones por COVID-19. Respecto a ello, apuntan que “según lo descrito por la OMS, fumar cigarrillos de tabaco y pipas de agua puede contribuir a una mayor carga de síntomas debido a COVID-19 en comparación con no fumar”. En este sentido incluyen el ingreso a cuidados intensivos, requiriendo ventilación mecánica y sufriendo graves consecuencias para la salud”.

Así, concluyen que “no hay duda de que dejar de fumar es y seguirá siendo el enfoque más poderoso para prevenir la enfermedad cardiovascular y respiratoria inducida por fumar. Esto puede ser aún más importante a la luz de la pandemia de COVID-19 como el uso de productos de tabaco probablemente aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares y otras complicaciones graves asociadas con COVID-19 en fumadores y vapeadores”.


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