C. S. Madrid | viernes, 02 de septiembre de 2016 h |

Una de las variantes del asma es aquella que está relacionada con el trabajo (ART). Esta, a su vez, se divide en el asma ocupacional (AO), que puede ocasionarse por sensibilización alergénica o por irritantes y cuya incidencia asciende a entre 250 y 300 casos por millón de habitantes; y el asma agravada por el trabajo (AAT). La principal dificultad según la neumóloga Isabel Urrutia, miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) es detectar la AO a tiempo. ¿A qué se debe este infradiagnóstico?

“Los médicos de familia y los neumólogos no tenemos tanta cultura laboral, como los especializados en Medicina del Trabajo”, asegura la experta, quien agrega que lo importante es, al menos, intentar relacionar los posibles síntomas que presente el paciente asmático con el ámbito laboral. Existen guías que muestran qué preguntas formular para detectar si el trabajo ocasiona esta patología o no, apostilla. “Digamos que la dificultad va por escalones: primero el médico de familia, luego en el especialista —neumólogo— y de ahí a un experto en AO”, añade Urrutia, quien resalta que otro de los problemas asociados es que una vez se confirma el diagnóstico de AO por una sustancia sensibilizante es “imprescindible que el paciente cese por completo” la exposición a dicha sustancia, por lo que este debe abandonar el puesto de trabajo que le afecta a su salud.

“La mayor prevención es la no exposición”, subraya la experta. No obstante, aunque los factores de riesgo más importantes para el desarrollo del AO son el grado y la duración de la exposición a los agentes responsables, también se deben tener en cuenta la predisposición genética, las alergias, la rinoconjuntivitis, el consumo de tabaco o el género.

También existe el valor límite ambiental que delimita, como su nombre indica, los niveles límites (de agentes químicos) a los que pueden exponerse los profesionales para evitar problemas de salud. “Esta podría ser la primera medida preventiva”, concluye.

Desde la Separ, se incide en que es importante que el paciente esté correctamente informado de su condición y que reciba el tratamiento farmacológico adecuado, en función de la gravedad del asma y según las pautas establecidas en las guías de manejo, como en la GEMA.