Actualmente, entre un 10 y 30 por ciento de pacientes responden a la inmunoterapia con altos grados de toxicidad. Aunque este tratamiento ha cambiado el curso de la oncología, aún existen retos a los que hacer frente.

Así lo indicaba la oncóloga del Massachusetts General Hospital de Boston, Leyre Zubiri, en su intervención centrada en los retos en inmunoterapia en materia de toxicidad. Saber identificar los síntomas que experimentan los pacientes y prevenir su aparición es muy importante para la especialista, quien insiste en la necesidad de contar con registros multicéntricos y colaboración con otros centros. El objetivo de ello es “saber diagnosticar con antelación las inmunotoxicidades y saber quién tiene alta probabilidad de presentar esta respuesta”, ha explicado Zubiri. Por ello, la experta apuesta por encontrar biomarcadores para cada toxicidad con la finalidad de “disponer de tratamientos selectivos y adecuados, que permitan a los pacientes beneficiarse de la inmunoterapia”, ha destacado.

Encontrar marcadores predictivos de la toxicidad aumentaría el beneficio en los pacientes

Por otro lado, la inmunoterapia ha cambiado por completo el curso de algunas patologías como el melanoma metastásico o el cáncer de pulmón, donde ha demostrado una alta efectividad en pacientes. En este sentido la especialista agradece el conocimiento existente en la actualidad y su “potencial”. De hecho, ha destacado la combinación de inmunoterapia más quimioterapia o de inmunoterapia más inmunoterapia, con las cuales “se consigue reducir la mortalidad en determinado tipo de pacientes, e incluso curarlos”. La experta ha insistido en la importancia de estos tratamientos porque la inmunoterapia “se encarga de levantar los frenos que impiden al sistema inmune actuar contra las células tumorales”.

En definitiva, Zubiri consideraba que hay que encontrar un equilibrio. “El objetivo es conseguir el desarrollo de mejores terapias con las que se pueda tratar la toxicidad y mantener el efecto antitumoral“; para ello, apuntaba a “encontrar predictores para identificar a pacientes con riesgo de toxicidad grave, candidatos a tratamientos y a cuáles se les puede volver a tratar”.


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