El futuro de la esclerosis múltiple pasa por la personalización y la especificidad de los tratamientos

GACETA MÉDICA entrevista a Xavier Montalbán, jefe del Servicio de Neurología, Neuropsicología y Neurofisiología del Hospital Quirónsalud Barcelona

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La esclerosis múltiple (EM) es una de las enfermedades neurológicas que, en los últimos cincuenta años, ha pasado a ser una de las patologías punteras en diagnóstico, investigación y desarrollo de terapias.

Ya no se habla solo del futuro en EM, sino del presente. Así lo explica el jefe del Servicio de Neurología, Neuropsicología y Neurofisiología del Hospital Quirónsalud Barcelona, Xavier Montalbán, a GACETA MÉDICA.

Pregunta. ¿Qué novedades se aproximan en manejo de la EM?

Respuesta. El presente y el futuro de la EM tienen una muy buena perspectiva. Cada vez tenemos mayor capacidad para ofrecer un tratamiento personalizado, disponemos de 14 fármacos y dos más van a entrar próximamente en el arsenal terapéutico. Somos también capaces de realizar una evaluación del pronóstico de un paciente al inicio de la enfermedad, lo que nos ayuda a tomar decisiones terapéuticas. Por otra parte, hay una gran cantidad de proyectos de investigación en marcha en busca de biomarcadores, diagnósticos de respuesta y nuevas moléculas, no solo para los procesos inflamatorios, sino para el proceso neurodegenerativo.

“Cuando se comparan pacientes con EM diagnosticados en 1990 con los diagnosticados en el 2010-2015, no tiene nada que ver”

P. ¿Es posible predecir el pronóstico de cada paciente?

R. Ahora disponemos de algoritmos que manejan datos demográficos, datos clínicos, datos de resonancia y datos laboratorio. Con esos algoritmos tenemos una idea muy aproximada del riesgo que presenta cada paciente de desarrollar discapacidad al cabo de 10, 15 o 30 años. A su vez, el pronóstico de la enfermedad ha cambiado de forma muy extensible. Cuando se comparan pacientes con EM diagnosticados en 1990 con los diagnosticados en el 2010-2015, no tiene nada que ver. El porcentaje de pacientes que llega un grado de discapacidad determinado a la edad de 40 años es muchísimo menor que lo que sucedía hace 25 años. La medicación que estamos utilizando, y cuando empezamos a aplicar esta medicación, está modificando de forma positiva el pronóstico de la enfermedad.

P. ¿Hacia dónde se dirigen las nuevas dianas terapéuticas?

R. Las moléculas cada vez son más específicas. En el pasado disponíamos de fármacos eficaces a muchos niveles pero con escaso control del mecanismo fundamental de la enfermedad. Ahora mismo eso está cambiando muchísimo. Los biomarcadores son un proceso más dentro de la personalización y la búsqueda de la especificidad del tratamiento.

“El hecho de suprimir del todo la forma inflamatoria hace que el paciente también pueda mejorar. Sin embargo, no tenemos ni un solo potencial neuroregenerador”

P. ¿Podremos revertir el proceso de neurodegeneración?

R. En los ensayos donde se investiga con fármacos antiinflamatorios también hemos observado que un porcentaje de pacientes mejora la discapacidad en sí. El hecho de suprimir del todo la forma inflamatoria hace que el paciente también pueda mejorar. Sin embargo, a nivel de neuroprotección o neurodegeneración no tenemos ni un solo potencial neuroregenerador. La Alianza Internacional de la EM Progresiva está realizando una investigación muy potente en la forma progresiva de la enfermedad. Hay decenas de ensayos con fármacos potencialmente reparadores pero no tenemos ni un solo positivo por el momento.

P. ¿Cómo ha evolucionado el diagnóstico de la enfermedad?

R. Los criterios diagnósticos de la EM se van revisando cada ‘x’ años. Ahora estamos utilizando la revisión del año 2017 donde se incorporó la presencia de bandas oligoclonales específicas de líquido céfalo-raquídeo. Ahora somos capaces de diagnosticar en las primeras 24 horas del primer síntoma.

Entrevista impulsada por Celgene, una compañía de Bristol Myers Squibb.