La mutación del gen EGFR se encuentra en aproximadamente el 15 por ciento de pacientes con cáncer de pulmón no microcítico. Dentro de este grupo de pacientes hay varios subtipos: aquellos con mutaciones frecuentes como las delecciones en el exón 19 y mutaciones puntuales en el exón 21, los cuales representan el 80 por ciento de los casos, y las inserciones del exón 20 del EGFR, que afectan a entre el 2 y el 12 por ciento de todos los pacientes con CPNM y mutación EGFR.

Como explica Pilar Garrido, jefa de servicio de Oncología Médica en el Hospital Ramón y Cajal, “en pacientes con mutación EGFR, vimos que aquellos con mutaciones en los exones 19 y 21 eran muy sensibles a fármacos orales inhibidores de la tirosina quinasa EGFR”. Pero en palabras de Garrido, “con el tiempo, cuando empezamos a disponer de tecnología diagnóstica más potente, vimos había otro subgrupo de pacientes con mutaciones EGFR en la inserción del exón 20 que eran resistentes a estas pastillas; por ello, el tratamiento estándar para estos pacientes era la quimioterapia, que era lo que se usaba en estos pacientes antes de contar con los fármacos orales”.

Actualización de resultados

Ahora, nuevos resultados del estudio Chrysalis, en Fase I, presentados en el Congreso Europeo de Cáncer de Pulmón 2023, reflejan que amivantamab aporta resultados positivos a largo plazo. Estos datos apuntan que, en pacientes con CPNM y mutaciones de inserción del exón 20 del EGFR, tras fracaso a quimioterapia previa basada en platino y con las dosis recomendadas, la supervivencia global con amivantamab fue de 23 meses con una tasa de supervivencia global a los dos años del 47 por ciento. En todos los subgrupos analizados, el tratamiento con este anticuerpo monoclonal mostró una eficacia consistente.

“Los resultados iniciales se habían presentado hace un par de años y ahora se han actualizado los resultados con una mediana de seguimiento de 19 meses; lo que se ha visto es que el perfil de toxicidad es el ya conocido, no se han observado efectos adversos diferentes ni con una duración del tratamiento más prolongada ni al evaluar a un mayor número de pacientes”, destaca Garrido.

La experta indica que “la noticia buena es que el tratamiento además tiene unos efectos adversos manejables, que son fundamentalmente la reacción a la primera infusión y la aparición de toxicidad cutánea”. “Se ha visto que estos no empeoran con el tiempo y que los resultados de eficacia son interesantes, porque hay un porcentaje de casos que siguen con la medicación a los dos años”, añade.

Nueva generación de fármacos

Una vez caracterizado este tumor e identificadas las resistencias de la mutación en la inserción del exón 20 del EGFR, Garrido destaca que con terapias como amavantimab “se está viendo que hay una nueva generación de fármacos dirigidos que se orientan a mutaciones como esta; en concreto, este es un anticuerpo monoclonal que se administra por vía intravenosa”.

Contar con esta alternativa es relevante puesto que, aunque no representan a un grupo demasiado grande dentro de aquellos pacientes con CPNM y mutación EGFR, “son un grupo de pacientes también, y tienen que contar con alternativas de tratamiento”.

En cuanto al mecanismo de acción de amavantimab, Garrido desarrolla que “es un fármaco que es capaz de unirse al receptor en la parte externa de la célula; es un anticuerpo monoclonal y actúa de manera diferente a los tratamientos orales inhibidores de la tirosina quinasa que se usan para otros pacientes EGFR”. Siguiendo este hilo agrega que otra de las diferencias que conllevan este tipo de fármacos es que ”tienen unos retos organizativos que hay que tener en cuenta”. Y es que, a diferencia de los fármacos orales que se utilizan en otros pacientes EGFR, “este tratamiento es diferente y, de hecho, la primera vez que se administra hay que partir la dosis en dos para evitar las reacciones”.


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