| viernes, 04 de noviembre de 2016 h |

La inmunoterapia está avanzando a grandes pasos en el campo del tratamiento del cáncer. Pero, aun así, es necesario seguir investigando porque hay pacientes que no se benefician de este tipo de abordaje. Así lo señalaron los expertos reunidos durante la 9ª Conferencia Europea de Oncología Científica (ESOC9).

En este sentido, Ignacio Melero, investigador de la Unidad Central de Ensayos Clínicos de la Clínica Universidad de Navarra y del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), comentó que está cobrando importancia el concepto de inmunogenicidad de los tumores, es decir, la capacidad de provocar una respuesta inmunitaria. Como señaló este experto, esta capacidad “depende, por un lado, de la carga antigénica que presenten los tumores, es decir, de las mutaciones que dan lugar a neoantígenos, y, por otro lado, del grado de influencia adyuvante, es decir, de la intensidad de las señales de alarma que despiertan y que ponen en marcha al sistema inmune”.

De este modo, la antigenicidad es la capacidad de reconocer al tumor como una presencia extraña, mientras que la adyuvancia sería el conjunto de factores proinflamatorios, como señales de daño, citoquinas o patrones moleculares de gérmenes, que son capaces de activar las células dendríticas que ponen en marcha la respuesta inmunitaria.

Microambiente tumoral

Actualmente, en el campo de la inmunoterapia existen los inhibidores de checkpoints inmunes, pero, como dijo Melero, sería necesario actuar a otros niveles para lograr una mejor respuesta inmunitaria. “Por ejemplo, habría que conseguir despertar una respuesta inmunitaria que permitiera generar la mayor cantidad posible de linfocitos T respondedores, desarrollar coestímulos para determinados receptores de citoquinas y, además, modificar el microambiente tumoral, que en condiciones normales es refractario a ser infiltrado por linfocitos T y que cuenta con células mieloides y factores solubles que son capaces de reprimir la respuesta del sitema inmunitario”, indicó.

Es cierto, dijo este experto, que hay un importante porcentaje de pacientes que se benefician de los inhibidores de checkpoints inmunes, “pero probablemente habrá que combinar el abordaje en varios niveles para que la inmunoterapia sea eficaz todavía en más pacientes”.

Precisamente, en referencia al microambiente tumoral, Melero explicó que su centro está realizando una investigación sobre el efecto abscopal de la radioterapia en cáncer. Este efecto es la capacidad de un tratamiento localizado, como es el caso de la radioterapia, de ser eficaz más allá de la zona en que se focaliza. “Hemos observado en ratones y pacientes que cuando se combina la radioterapia con inhibidores de checkpoints —dijo Melero— se produce un efecto sinérgico que logra que el efecto beneficioso se produzca también fuera del campo irradiado. Por tanto, la inmunoterapia sería capaz de potenciar los efectos abscopales de la radioterapia”. En el caso de que más estudios confirmen estos resultados, señaló Melero, “es posible que la radioterapia deje ser en un futuro un tratamiento local para ser aplicado también a la enfermedad diseminada”.

Inhibidores de ‘checkpoints’ inmunes

En cuanto a la eficacia de los inhibidores de checkpoints inmunes, Luis Paz-Ares, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital 12 de Octubre, de Madrid, realizó un repaso de los estudios más relevantes de los últimos meses. “En ESMO se presentó un trabajo en melanoma en primera línea con pembrolizumab en tumores que tienen alta expresión del ligando de PD-L1. En este subgrupo de pacientes, este fármaco ha demostrado ser más eficaz que la quimioterapia”, subrayó.

Este experto también comentó que la combinación de anti-PD-L1 y de inhibidores de cinasas dependientes de ciclinas 4 en melanoma “proporciona un beneficio incremental en un subgrupo de pacientes, sobre todo, en aquellos con PD-L1 negativo”.

Paz-Ares puso el énfasis en que los inhibidores de checkpoints inmunes ya han demostrado que son más eficaces que la quimioterapia, que es el tratamiento estándar, en melanoma, cáncer de pulmón, cáncer renal y cáncer de cabeza y cuello.

IL-8 como marcador

Por su parte, José Luis Pérez Gracia, del Departamento de Oncología de la Clínica Universidad de Navarra, comentó los resultados de un trabajo que muestra que la interleucina-8 (IL-8) podría ser un biomarcador farmacodinámico de la respuesta al tratamiento inmunoterapéutico. “No es un marcardor predicitivo —dijo este experto—, ya que su análisis en sangre no sirve al principio del tratamiento. Pero sí durante el mismo para ir viendo cómo va el paciente, ya que los niveles de IL-8 bajan en los pacientes que responden al tratamiento y aumentan en los pacientes que progresan, ya que se incrementa la carga tumoral. Y esto lo hemos visto tanto en melanoma como en cáner de pulmón”. Por tanto, señaló Pérez Gracia, la monitorización de los niveles de IL-8 podría ser una alternativa a los exámenes de imagen. “La clave para monitorizar a los pacientes que reciban inmunoterapia será contar con una combinación de varios marcadores”, añadió este experto.

Los inhibidores de checkpoints inmunes están demostrando eficacia en la inmunoterapia contra el cáncer. Pero sería necesario actuar a otros niveles para lograr una mejor respuesta inmunitaria. “Por ejemplo, modificando el microambiente tumoral”, señaló Ignacio Melero, durante la 9ª Conferencia Europea de Oncología Científica. P?