Esther Martín del Campo Madrid | viernes, 15 de septiembre de 2017 h |

Los oncólogos europeos esperaban con interés la presentación en sesión presidencial de los resultados del estudio Monarch-3. El tercer trabajo, según confirmó uno de sus autores, Angelo Di Leo, oncólogo del Hospital de Prato, en Italia, “que demuestra que la combinación de terapia endocrina con un inhibidor CDK4/6 es mejor que la terapia endocrina sola” en cáncer de mama (CM) avanzado HER2-/ER+.

Monarch-3 comparó el empleo del inhibidor de ciclinas abemaciclib, añadido a terapia endocrina, con un inhibidor no esteroideo de la aromatasa con anastrozol o letrozol como terapia de inicio en mujeres postmenopausicas con este tipo de cáncer de mama avanzado.

Los autores presentaron los resultados de un primer análisis a los 18 meses del comienzo del estudio. Según estos datos, cuando se compara con una terapia endocrina usada como monoterapia, la combinación de abemaciclib y un fármaco endocrino prolonga la supervivencia libre de progresión de manera significativa. La respuesta fue del 59 por ciento en pacientes tratadas con este fármaco, frente al 44 por ciento en el grupo que recibió placebo.

En la rueda de prensa en la que se avanzaron estos datos, Javier Cortés, jefe de Sección de cáncer de Mama y tumores ginecológicos del Hospital Universitario Gregorio Marañón, remarcó que “el tratamiento optimizado de hormonoterapia con estos fármacos permite a los pacientes demorar de manera muy llamativa la utilización de quimioterapia”.

Otro de los estudios más destacados por los especialistas en cáncer de mama es el ensayo Lorelei, que presentaba resultados en fase II.

Cristina Saura, jefa de la Unidad de Mama del Servicio de Oncología Médica e investigadora principal del grupo de Cáncer de Mama y Melanoma del Hospital Universitario Vall d´Hebron de Barcelona y del Vall d’Hebron Instituto de Oncología, ha expresado a GM la satisfacción por la evolución de este trabajo, que evalúa el uso de taselisib en neoadyuvancia (antes de la cirugía) en cáncer de mama en estadio inicial positivo HER2-/ER+ en pacientes tratadas durante 16 semanas con letrozol.

En ESMO presentaron objetivos primarios de eficacia del estudio: “Hemos conseguido aumentar la tasa de respuestas objetivas en toda la población, de un 39 a un 50 por ciento, con una OR de 1,55 y una P estadísticamente significativa, con tasas aún más marcadas en pacientes con una mutación del PI3K. En este subgrupo, la tasa de respuestas aumentaba desde un 38 a un 56 por ciento, con una P estadísticamente significativa y un OR de 2”, indica. No obstante, admite que no han conseguido aumentar la PCR, aunque considera que cuatro meses de tratamiento es muy poco tiempo para poder observarlo.

En cualquier caso, concluye, “hemos confirmado lo que ya intuíamos de estudios previos, y es que taselisib es mejor tolerado que otros inhibidores de esta clase, con toxicidades de grado 4 o 5 por debajo del 5 por ciento”.

Los oncólogos europeos esperaban con interés la presentación en sesión presidencial de los resultados del estudio Monarch-3. El tercer trabajo, según confirmó uno de sus autores, Angelo Di Leo, oncólogo del Hospital de Prato, “que demuestra que la combinación de terapia endocrina con un inhibidor CDK4/6 es mejor que la terapia endocrina sola” en cáncer de mama avanzado HER2-/ER+.

Monarch-3 comparó el empleo del inhibidor de ciclinas abemaciclib, añadido a terapia endocrina, con un inhibidor no esteroideo de la aromatasa con anastrozol o letrozol como terapia de inicio en mujeres postmenopausicas con este tipo de cáncer de mama avanzado. Los autores presentaron los resultados de un primer análisis a los 18 meses del comienzo del estudio. Según estos datos, cuando se compara con una terapia endocrina usada como monoterapia, la combinación de abemaciclib y un fármaco endocrino prolonga la supervivencia libre de progresión de manera significativa. La respuesta fue del 59 por ciento en pacientes tratadas con este fármaco, frente al 44 por ciento en el grupo que recibió placebo.

En la rueda de prensa en la que se avanzaron estos datos, Javier Cortés, jefe de Sección de cáncer de Mama y tumores ginecológicos del Hospital Universitario Gregorio Marañón, remarcó que “el tratamiento optimizado de de hormonoterapia con estos fármacos permite a los pacientes demorar de manera muy llamativa la utilización de quimioterapia”.

Taselisib en neoadyuvancia

Otro de los estudios más destacados es el ensayo Lorelei, que presentaba resultados en fase II.

Cristina Saura, jefa de la Unidad de Mama del Servicio de Oncología Médica e investigadora principal del grupo de Cáncer de Mama y Melanoma del Hospital Universitario Vall d´Hebron de Barcelona y del Vall d’Hebron Instituto de Oncología, ha expresado a GM la satisfacción por la evolución de este trabajo, que evalúa el uso de taselisib en neoadyuvancia (antes de la cirugía) en cáncer de mama en estadio inicial positivo HER2-/ER+ en pacientes tratadas durante 16 semanas con letrozol.

En el marco de ESMO se presentaron objetivos primarios de eficacia del estudio. “Hemos conseguido aumentar la tasa de respuestas objetivas en toda la población, de un 39 a un 50 por ciento, con una OR de 1,55 y una P estadísticamente significativa, con tasas aún más marcadas en pacientes con una mutación del PI3K. En este subgrupo, la tasa de respuestas aumentaba desde un 38 a un 56 por ciento, con una P estadísticamente significativa y un OR de 2”. No obstante, admite que no han conseguido aumentar la PCR, aunque considera que cuatro meses de tratamiento es muy poco tiempo para poder observarlo.

En cualquier caso, concluye, “hemos confirmado lo que ya intuíamos de estudios previos, y es que taselisib es mejor tolerado que otros inhibidores de esta clase, con toxicidades de grado 4 o 5 por debajo del 5 por ciento”.

Saura subraya que parte de la gran importancia de este estudio es lo se va a aprender sobre biomarcadores. “En todas las pacientes de este estudio se recogían muestra de la biopsia inicial, a la semana tres y en el momento de la cirugía. Es importante para entender por qué algunas pacientes han respondido mejor o peor a este tratamiento. No solo por las pacientes del estudio, sino para entender y ayudar al desarrollo del fármaco en el contexto metastásico”, expone.

La investigadora añade que hay un estudio en fase 3, que ya ha acabado el reclutamiento, Sandpiper, y del que se esperan resultados para el año que viene. “Todos los marcadores que podamos investigar en el Lorelei servirán también para este otro trabajo”, indica.

“Probablemente con la información combinada de los dos estudios podamos ayudar a desarrollar de la mejor manera posible este fármaco para pacientes con cáncer de mama receptor hormonal positivo y HER2-, que parece que es la población que más parece beneficiarse de este fármaco”, subraya.

En el marco del congreso, los investigadores han aprovechado para definir algunas líneas. Saura explica que han mantenido varias reuniones para valorar qué técnicas son mejores para analizarlo. “Tenemos previsto emplear técnicas de análisis de proteínas, análisis de fosfoproteínas para entender bien cómo se regula la vía. Hemos recogido sangre de estas pacientes y vamos a ver si somos capaces de identificar en sangre algunas alteraciones que nos permitan ver que el paciente responderá mejor o peor sobre este fármaco”, puntualiza.