Gaceta Médica entrevista a Francisco-Félix Rodríguez Vidigal, especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario de Badajoz, Unidad de Patología Infecciosa.

1. La idea de utilizar anticuerpos para tratar enfermedades infecciosas no es nueva: en 1984 Cesar Milstein recibió el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de los anticuerpos monoclonales. ¿Qué son y cómo funcionan?

Los anticuerpos monoclonales se descubrieron hace ya varias décadas y cada vez se utilizan en más campos de la medicina. Clásicamente comenzamos a administrarlos en los procesos inflamatorios, como la artritis reumatoide o la enfermedad de Crohn, y ahora se utilizan en las enfermedades neoplásicas. Recientemente, hemos empezado a utilizarlos en las enfermedades infecciosas. Son anticuerpos producidos por un único clon de linfocitos B que actúan frente a un antígeno específico. En el caso de la COVID-19, los anticuerpos monoclonales que se han desarrollado se unen específicamente a la proteína S (SPIKE) para evitar que ésta se una al receptor celular.

Francisco-Félix Rodríguez Vidigal, especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario de Badajoz, Unidad de Patología Infecciosa.

2. ¿Cuál es el valor de las terapias con anticuerpos como alternativas para hacer frente a la pandemia?

Sobre todo, presenta dos utilidades. La primera, la prevención de una infección en personas de riesgo. Por otro lado, el tratamiento de pacientes con enfermedad leve o moderada para evitar que progrese a una enfermedad grave.

3. ¿Qué perfiles de pacientes son los que más se pueden beneficiar de estos tratamientos?

Los pacientes que más se pueden beneficiar son aquellos que se encuentran más inmunodeprimidos porque no pueden desarrollar una respuesta adecuada de linfocitos T y de linfocitos B frente al virus. No disponen de anticuerpos para neutralizar el virus y se encuentran más ‘desarmados’ frente a la entrada del patógeno en sus células.

Esos pacientes son, sobre todo, los trasplantados, tanto de órganos sólidos como de médula ósea, los pacientes con enfermedades inmunológicas y en tratamiento con inmunosupresores e inmunomoduladores, y los pacientes con enfermedades oncohematológicas que reciben un fármaco biológico que inhibe la producción de anticuerpos por los linfocitos B.

4. ¿Hasta qué punto es importante actuar rápido con estos tratamientos?

Estos tratamientos están diseñados para utilizarlos de forma precoz e impedir la entrada del virus en la célula.  En los primeros 5-7 días de infección parece que es cuando más utilidad pueden tener.  No obstante, en casos excepcionales, en algunos pacientes inmunodeprimidos que no disponen de anticuerpos y existe una replicación persistente del virus se pueden utilizar en una fase más tardía.

5. La COVID-19 ha llegado para quedarse y está evolucionando de manera impredecible. Ante este contexto, ¿los anticuerpos son eficaces ante las sucesivas mutaciones del virus?

Algunos sí y otros no. Pudimos observar que algunos anticuerpos que eran eficaces frente a la variante DELTA dejaron de ser eficaces frente a la variante ÓMICRON. Sin embargo, en la actualidad, estamos hablando de subvariantes. Hay bastante controversia sobre ello porque disponemos de datos in vitro y poco a poco vamos conociendo su eficacia en la población real. No todos los anticuerpos monoclonales están todavía comercializados en Europa, pero sotrovimab, que se está administrando en España, parece que mantiene la eficacia frente a BA.4 y BA.5. Por su parte, cilgavimab, que forma parte del Evusheld, también mantiene la eficacia en los datos in vitro.

Es difícil conocer datos certeros. Solemos emplear la base de datos de la Universidad de Standford que proporciona la cuantificación de las veces que se altera la neutralización que producen los anticuerpos frente al virus.

6. ¿Cuál es el papel que tienen estas terapias a largo plazo en el “kit de herramientas” frente a la COVID-19?

De momento es lo que tenemos y considero que van a continuar siendo útiles para los pacientes de riesgo. Cada vez somos más agresivos en tratar ciertos tipos de cáncer, enfermedades hematológicas y cada vez hay más pacientes trasplantados. Por tanto, aumenta constantemente el número de pacientes inmunodeprimidos en los que estos fármacos van a ser muy necesarios.

7. ¿Cuáles son las claves para garantizar el acceso óptimo de los pacientes a este tipo de tratamientos en España?

El acceso está regulado por la AEMPS con las farmacias de cada hospital y de cada comunidad autónoma, pero conforme han ido transcurriendo los meses el protocolo se ha ido actualizando. Aparte de la existencia de protocolos, es importante que exista una mayor transmisión de información con las especialidades que atienden a pacientes inmunodeprimidos. Por otro lado, también es fundamental que España apruebe la especialidad de enfermedades infecciosas de una vez por todas.

Actualmente, la mayor parte de los hospitales cuentan o tienen la facilidad de adquirir el fármaco en cuestión de horas o un día.

8. ¿Cuál es el papel de la Atención Primaria ante estas herramientas?  

El principal papel de Atención Primaria es individualizar y seleccionar a los pacientes. Por un lado, identificar a los pacientes que son mayores y pluripatológicos, pero que presentan síntomas leves y no es necesario que sean derivados al hospital. Por otro lado, identificar a los pacientes inmunodeprimidos con sintomatología leve. Es muy importante enviar a este segundo grupo al hospital precozmente para que puedan recibir el tratamiento lo antes posible.

9. Los tratamientos con anticuerpos para la COVID han salvado muchas vidas. Sin embargo, todavía no han logrado ser demasiado populares… ¿a qué cree que es debido?

Puede que se deba a la saturación de información sobre el coronavirus. Asimismo, todo el mundo está más pendiente de los datos epidemiológicos, de las célebres olas, del número de fallecidos… Lo que ha provocado una pérdida de interés en los nuevos fármacos. Aun así, la población de inmunosuprimidos empieza a tener más información sobre estas terapias.

10. Poniendo el foco fuera de España, ¿diría que estos fármacos gozan de una mayor popularidad en otros países?

Sí, en países donde se empezaron a utilizar antes, como Italia o Alemania.


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