Oncología/ El Nobel arremete contra la “naturaleza conservadora” en investigación

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c. o. Barcelona | viernes, 11 de enero de 2013 h |

James Watson, el codescubridor de la doble hélice de ADN, base de todos los descubrimientos genéticos, que le valió el Premio Nobel de Medicina en 1962, ha desmontado algunas vías terapéuticas y de investigación por las que la comunidad científica está apostando para luchar contra el cáncer.

Según defiende en Open Biology, existe una idea equivocada sobre el papel de las dietas antioxidantes que, lejos de ejercer un papel positivo frente al cáncer, es perjudicial cuando el tumor ya está extendido, promueve su progresión e impide su curación.

El rector emérito del Laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York (EEUU) explica que la gran mayoría de los agentes utilizados para matar directamente las células cancerosas trabajan de forma directa o indirecta en la generación de especies reactivas de oxígeno (radicales libres) que bloquean pasos clave en el ciclo celular. Estos radicales, si bien deterioran el ADN en células sanas, generan apoptosis en las cancerosas, por lo que los antioxidantes podrían bloquear ese proceso y entorpecer el efecto de los tratamientos. De hecho, especifica que las células conducidas por los oncogenes RAS y Myc son las más difíciles de tratar, a menudo debido a sus altos niveles de antioxidantes. Watson sugiere, si bien aún está por demostrar, que este hecho explicaría la incurabilidad del cáncer de páncreas.

A su juicio, el principal obstáculo para llegar a una verdadera revolución contra el cáncer es la “naturaleza conservadora” de los centros de investigación oncológica, “que siguen demasiado centrados en cócteles de fármacos dirigidos contra moléculas como HER2, RAS, RAF, MEK, ERK, PI3K, AKT y mTOR”.

A su vez, defiende que son más necesarias moléculas anti-Myc “más allá de los nuevos inhibidores BRD4, como JQ1”, así como nuevos medicamentos que inhiban las moléculas antioxidantes y aumenten la efectividad de todos los regímenes de quimio y radioterapia. Su conclusión: “si no se reducen los niveles antioxidantes, la última etapa del cáncer será en 10 años tan incurable como hoy”.

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