| viernes, 17 de septiembre de 2010 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

En breves días, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) celebrará en Canarias su congreso anual. En las mismas fechas, la Wonca, apadrinada por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), protagonizará también en España, concretamente en Málaga, su evento científico. A estas alturas de la vida, ya da igual quién trató de perjudicar a quién para que ambos congresos se solapasen y se produjera una diversificación de la concurrencia. Tampoco viene al caso entrar en guerras de cifras, ni meter el dedo en la llaga asegurando, por ejemplo, que Semergen será secundada por más de 5.000 facultativos, lo que constituiría todo un récord, frente a los pocos cientos que en el peor de los casos podrían acudir a la ciudad andaluza al llamamiento de la asociación internacional.

El escenario actual ha cambiado tan rápido y de forma tan vertiginosa, que no hay lugar para las disputas estériles, vacuas y contraproducentes. La crisis económica está lastrando las cuentas de las administraciones públicas y de las empresas, y a estas alturas resulta insostenible celebrar a la vez dos congresos sobre los mismos temas cuando, además, la tendencia de la prescripción va cambiando y el médico de familia pierde fuerza en medio de la pasividad de los dirigentes de los facultativos. Esta pérdida de peso se recrudece ante las preferencias de los propios enfermos, la inspección, las mutuas, los farmacéuticos o las propias consejerías, que son las que empiezan a decir lo que hay que recetar, como ocurre en el País Vasco o en Castilla-La Mancha. Los laboratorios están tomando buena nota de ello.

En este escenario, mantener dos eventos científicos anuales puede carecer de sentido. Y no digamos ya si a ellos se les unen el de la minoritaria Sociedad Española de Medicina General, o los congresos autonómicos que protagonizan los apéndices autonómicos de las tres sociedades por toda la geografía española. Este panorama de recortes, en el que las administraciones tienden a burocratizar aún más la labor de los facultativos del primer nivel asistencial condenándoles a ejercer como meros funcionarios, exige nuevos aires, giros de 180 grados y mentes abiertas capaces de adaptarse a los cambios. En una palabra: hace falta una unidad de acción, que consiga por sí misma lo que no logran por su escasa fuerza ni los denostados colegios, ni los etéreos sindicatos. La unidad es, si cabe, más necesaria aún, si se atiende a la historia y se cae en la cuenta de que la aparición de varias sociedades científicas en la llamada puerta de entrada al sistema fue una treta política diseñada hace años, con evidente acierto, para dividir al médico de primaria y, en una palabra, debilitarlo en su posición ante el ya extinto Insalud y las autoridades sanitarias presentes y futuras.

Los facultativos de familia tienen en su haber el hecho de que constituyen, posiblemente, uno de los colectivos más cohesionados, combativos y asociativos de toda la Medicina española. Semfyc y Sermergen, Semergen y Semfyc, tanto monta, monta tanto, han de sentarse de una vez por todas en una mesa y ponerse a hablar. En el diálogo se encuentra la base del éxito, y es posible que ambas sociedades pierdan, y tengan que renunciar a principios hasta ahora inalterables, para que el colectivo gane, y sea una voz única ante las autoridades de cualquier signo político. El esfuerzo, desde luego, merece la pena.