C. S. Madrid | viernes, 05 de diciembre de 2014 h |

La combinación de un trazador superparamagnético de óxido de hierro (SPIO) y un magnetómetro permite la detección del ganglio centinela en pacientes con cáncer de mama en fases iniciales, cuya cirugía requiere de la realización previa de una biopsia del mismo.

Esta técnica consiste en un dispositivo no radioactivo, que utiliza un marcador magnético de óxido de hierro, a diferencia de la técnica anterior que empleaba material radiactivo con tecnecio 99, destaca el director de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico Universitario San Carlos, José María Román.

El hecho de que se utilicen partículas magnéticas, en lugar de radioisótopos, aporta importantes ventajas, entre las que destacan su fácil manejo, almacenamiento y manipulación. Asimismo, elimina los problemas derivados del uso de material radiactivo. “Tiene menos riesgos que la tradicional, aunque una técnica no anula a la otra. Ambas pueden coexistir”, incide Román.

Por el momento, la técnica ha sido avalada en 10 hospitales españoles —Murcia, Madrid y Sevilla son algunas de las comunidades que cuentan con algún centro que ha validado la misma—, entre ellos el Clínico. Lo cierto, es que el quipo de la Unidad que dirige Román llevó a cabo un ensayo con más de 180 pacientes, en el que compararon tanto la tradicional como ésta y observaron que ambas son similares con la salvedad de que la más nueva no implica radiación y su utilización podría suponer un incremento de la eficiencia en el tratamiento del cáncer de mama.

Lo importante, para los especialistas, es que exista la oportunidad de utilizar las dos. En cualquier caso, esta nueva técnica está principalmente indicada “cuando no haya un servicio de Medicina Nuclear cerca”, precisa. En cuanto a sus ventajas, indica que a los especialistas les resultará más sencillo precisar el tratamiento pero sobre todo resalta el hecho de que puede ser realizada tanto por ginecólogos como por cirujanos sin formación específica.

Protocolo

Para realizar esta técnica, los profesionales sanitarios tienen que, primeramente, inyectar el trazador de óxido de hierro.

Posteriormente, tras un ligero masaje en la mama de la paciente para facilitar la migración del isótopo hasta el ganglio; ya se puede iniciar su localización y la posterior extirpación del tumor, explica Román, al tiempo que recuerda que este cáncer representa la principal causa de muerte entre la población femenina, aunque la buena noticia es que el pronóstico es relativamente bueno, con una supervivencia a cinco años de, entorno, un 80 por ciento.

Según los especialistas, no sólo es el tumor más frecuente que sufren las mujeres sino que en los próximos años, y en función del país en el que se viva, afectará a alrededor de un 11 por ciento de la población.