Almudena Fernández Madrid | viernes, 30 de octubre de 2015 h |

Durante los últimos cuatro años, Grupo CTO, a través de su fundación, promueve el voluntariado entre sus alumnos para que, una vez presentados al MIR o EIR, dediquen un mínimo de cuatro semanas a proyectos solidarios.

En concreto, la Fundación CTO (fundacioncto.com) organiza dos días de charlas durante los cuales los alumnos pueden conocer de primera mano los proyectos que tienen en marcha cuatro ONGs: Agua de Coco, AISE, Amigos de Calcuta y Acoes, en países como India, Honduras, Ecuador, Madagascar o Camboya.

Sandra Matas, enfermera y alumna de CTO, fue voluntaria el año pasado con Amigos de Calcuta y asegura a GM que considera su experiencia “gratificante y única”.

Y es que, tal y como explica, llevaba tiempo queriendo participar en un voluntariado sanitario en el extranjero pero no encontraba exactamente lo que buscaba hasta que CTO organizó las jornadas de presentación de las ONGs. Según avanzaba el encuentro, no dudó de que esta asociación cumplía las características que ella buscaba: una ONG pequeña, con ganas de dar a conocer un proyecto muy humano y con unos objetivos claros y transparentes. A su juicio, la labor de la Fundación CTO en este sentido es “muy necesaria” porque aumenta la seguridad de los voluntarios y evita que puedan encontrarse ante una situación fraudulenta, tratándose de un voluntariado “tan complejo” y en otro país.

Este proyecto consiste en promover la salud y el desarrollo de niños ofreciéndoles asistencia médica. “Cada uno de los voluntarios que fuimos nos dejamos la piel en mejorar la salud de los niños y, cuando obtienes frutos, aunque sean pequeños, es una sensación muy satisfactoria”, señala.

En cuanto a los futuros voluntarios, Matas aconsejó que llenen su maleta de la ropa y el calzado adecuado, “sin olvidar meter su ilusión y ganas de vivir en este proyecto tan real y bonito”. Además, les recomienda que disfruten de cada segundo de su estancia allí, “que sientan y rían como los niños”, que olviden sus costumbres y vivan al más puro estilo indio, “recordándoles lo valientes y afortunados que son al vivir esta experiencia”. Animó también a otras personas en su misma situación a conocer a esta ONG.

Desde el otro lado, el de las ONGs, ven en la Fundación CTO “un gran apoyo”. Paloma Aguilera, Eva Rodríguez y Estíbaliz Guillén, de Agua de Coco, así lo aseguraron, y añadieron que da la oportunidad de ser conocidos por un grupo de profesionales especializados y con conocimientos imprescindibles para el funcionamiento de su proyectos. “Esto es muy valioso, ya que de otra forma sería imposible llegar a tantas personas de este ámbito”, subrayan.

Este proyecto comenzó en 2008 como apoyo a las familias y se hacía un trabajo desde el punto de vista social, atendiendo a las necesidades más urgentes y graves desde el punto de vista sanitario.

Después, se empezó a intervenir más directamente en casos de malnutrición infantil aguda, dando seguimiento y entrega de leche en polvo a los bebés en estado más grave. En 2010 se realizó un estudio de campo, evaluando el peso y talla de una parte de los niños beneficiarios de sus proyectos y, a partir de estas conclusiones, comenzó el proyecto de Lucha contra la malnutrición infantil, que se ha ido ampliando con la atención a madres y adolescentes.

El equipo local está formado por 125 personas, apoyadas por un conjunto de voluntariado de larga estancia y personal expatriado, que da formación técnica, asesora y acompaña al equipo local.

En su opinión, se trata de “una gran experiencia personal” porque implica irse a un país “lejano geográficamente y culturalmente”. Esencialmente, resaltan que, a nivel profesional, les permite conocer de primera mano otras realidades y necesidades y poder poner en práctica todos los conocimientos adquiridos a lo largo de su formación universitaria.

En relación con la duración de este voluntariado, estiman que entre uno y dos meses es el tiempo adecuado para ubicarse en la realidad del país, conocer bien los proyectos en marcha en el mismo y hacerse una idea clara de las necesidades para, posteriormente, trabajar en ellas.

Desde Asociación, Colaboración y Esfuerzo (Acoes), Javier Urbano apunta a que la mayoría de su trabajo en Honduras es educativo y todavía no tienen grandes proyectos sanitarios en marcha, aunque poco a poco van avanzando, conforme aumenta también la formación de los voluntarios hondureños. En cuanto a la labor de los voluntarios de otros países con formación sanitaria, que en su mayoría son españoles, por un lado consiste en realizar revisiones médicas de los alumnos de los colegios y jardines de infancia, campañas de desparasitación, de salud dental, de oftalmología, etcétera, y, por otro, contribuyen a la capacitación de los voluntarios hondureños en aspectos relacionados con la salud.

Además, tras trabajar en un proyecto de este tipo, las personas se sensibilizan al conocer un entorno “con mucha necesidad”.

Urbano continúa relatando que en Acoes no existe ni un mínimo, ni un máximo de tiempo para dedicar a esta labor pues, “aunque sean pocos días, siempre va a ser una buena experiencia”. Sin embargo, en su opinión, dos meses es el tiempo necesario para poder adaptarse y ‘aprender’ a ser voluntario. Asimismo, incide en que las personas que han sido voluntarias previamente, ya sea en España o en el extranjero, se adaptan más fácilmente.

Concluye que es “muy acertado” por parte de la Fundación CTO proporcionar estos espacios de encuentro entre las personas con inquietud y las asociaciones. Y es que gracias a este tipo de iniciativas, muchas personas han tenido la oportunidad de adecuar sus expectativas de colaboración con la asociación adecuada, y vivir una experiencia que, sin duda, va a marcar sus vidas.

En cuanto al momento en que realizan estos voluntariados, al finalizar el MIR y el EIR, le parece que es “óptimo”, ya que durante los meses de estudio se desarrollan muchas capacidades, fundamentalmente de la voluntad y del intelecto: esforzarse por un objetivo, disciplina y valorar el tiempo. Además, en esa época del año, los profesionales de medicina y enfermería que han hecho el examen disfrutan de tres meses de vacaciones.