C. OSSORIO Barcelona | viernes, 11 de julio de 2014 h |

En la actualidad el trasplante hepático obtiene un éxito “inesperado”, con tasas de supervivencia del 98 por ciento al año y superiores al 75 por ciento a los cinco años, según destaca Juan Carlos García-Valdecasas, jefe del Servicio de Cirugía Digestiva, Hepatobiliopancreática y Trasplantes del Hospital Clínic de Barcelona. Ahora bien, existe una preocupación creciente por las carencias formativas que pueden comprometer el mantenimiento de la calidad asistencial en un momento en el que, gracias a los avances, “la cirugía se ha complicado y sofisticado mucho”.

Si bien la formación residente es “excelente”, faltan programas en las áreas específicas que requieren una gran especialización, como la cirugía colorrectal, del hígado, esofágica, de páncreas o de trasplante hepático.

Por este motivo, García-Valdecasas ha impulsado el programa “Fellow en trasplante hepático y cirugía de hígado”, patrocinado por Astellas Pharma, que para este 2014 ha seleccionado a una especialista en Cirugía General y Digestiva, que se encontraba trabajando en una Unidad de Trasplante de Hígado en Birmingham (Reino Unido).

“Gracias a este tipo de programas hoy apoyados por la industria farmacéutica probablemente se podrá seguir teniendo una cirugía hepática y trasplante que es líder en el mundo, y esto no es por casualidad”, expresa el doctor. De momento, se trata de una iniciativa pionera en España, que también se lleva a cabo desde el servicio de Cirugía Gastrointestinal del centro, que pretende formar a un cirujano de forma anual.

Puesto que los resultados actuales del trasplante hepático son muy positivos, y el hígado no es uno de los órganos más problemáticos en lo referente al rechazo del injerto, uno de los principales desafíos a los que se enfrentan los expertos en este campo es el de “rescatar” a pacientes antes no candidatos a trasplante, así como disminuir las listas de espera. Por otra parte, manejar los efectos de la inmunosupresión a largo plazo. Así, aunque un 15-20 por ciento de pacientes presentarán rechazo, la mayoría responde de forma positiva al tratamiento. Por tanto, “no es la inmunosupresión inmediata la que nos preocupa, pues está muy bien sistematizada, pero como la supervivencia es muy alta, la medicación de la inmunosupresión genera daño renal, arterial y pancreático”, añade el experto. De ahí que, un paciente trasplantado hace 15 años de hígado presente el riesgo de sufrir insuficiencia renal y pueda requerir un trasplante de riñón.

Para evitar estos efectos adversos, en la actualidad comienzan a reducir la inmunosupresión hasta el punto limite y suficiente para mantener el órgano. “La dosis del tratamiento estándar, con tacrolimus, se puede reducir a partir de los diez años y asociarle otros medicamentos que no tienen esta toxicidad sobre el riñón, como el micofenolato”, indica García-Valdecasas.

Trasplante dominó

En cuanto a las técnicas, en España la mayoría de los trasplantes de hígado se realizan de donante fallecido, y tan sólo un 2 por ciento de donante vivo, pues las complicaciones que supone para el donante no justifica esta práctica. Además, también emplean en un porcentaje pequeño el “trasplante dominó”, que aprovecha el hígado sano de pacientes que requieren ser trasplantados por enfermedades metabólicas raras, como la polineuropatía amiloidótica familiar, que acumula la proteína transtiretina en los nervios motores autonómicos, y a partir de los 35-40 años empieza a dar síntomas y reduje drásticamente la esperanza de vida. Un hígado que, no obstante, es válido para un paciente de edad más avanzada que asuma la posibilidad de desarrollar una enfermedad rara 25 años más tarde, según apunta el doctor.

Sólo en los países que no permiten la donación cadavérica, como los asiáticos, está justificada la donación de vivo, donde se ven casos de trasplante en cadena. “En estos casos, la única alternativa que tiene un paciente de ser trasplantado de donante vivo cuando es incompatible es mediante trasplante cruzado”, aclara.

En la actualidad, tienen una lista de espera permanente de 80 pacientes, de los que un 15 por ciento fallece antes de ser trasplantado, según los registros en Cataluña. En el Clínic han reducido el número de trasplantes, entre 75 y 80 anuales, cuando antes alcanzaba los 80 y 90. En Cataluña, la cifra global es de alrededor de 180 anuales, y en España, aproximadamente 1.000 al año.