Rocío chiva Madrid | viernes, 05 de septiembre de 2014 h |

La unión de una cantidad elevada de la proteína p45 al complejo formado por la proteína p75 y los receptores Nogo (NgR), complejo generado a partir de la liberación de moléculas de mielina que tiene lugar tras una lesión en el sistema nervioso central (SNC), podría lograr la no interacción de estas moléculas —y, por ello, la no formación del complejo y la no dimerización de p75—, lo cual se traduciría en la inhibición de la función de neurodegeneración característica de p75. Este descubrimiento, publicado en la revista Plos Biology, abre la puerta al desarrollo de nuevas terapias de regeneración del daño medular.

En concreto, Marçal Vilar, director del Laboratorio de Neurodegeneración de la Unidad Funcional de Investigación del Instituto de Salud Carlos III (UFIEC-ISCIII), explica que p75, proteína del SNC con la que ya llevan mucho tiempo trabajando, es la encargada, tras una lesión medular, de “desencadenar una ruta de señalización que lleva a que el nervio dañado no pueda volver a crecer, tanto en animales como en humanos”.

Ahora, y basándose también en otro trabajo anterior publicado en Plos One, este equipo de investigación ha descubierto otra proteína con una estructura parecida, p45 —expresada en ratones y no en humanos—, capaz de inhibir la actividad de p75 si se encuentra sobreexpresada. “Si bien su papel fisiológico todavía no está claro, parece que en cantidades normales, dado que se expresa en las mismas neuronas, p45 se encarga de modular la actividad de p75”, destaca Vilar. Así, dado que p75 tiene una importante función en la formación de sinapsis del sistema nervioso, p45 parece que ayudaría a la activación o no de esta proteína en determinadas neuronas, “midiendo” su actividad en ellas.

Además, el descubrimiento de esta proteína también ha servido para determinar “qué zonas de p75 son críticas para su actividad”, señala este profesional, que destaca el hallazgo de que p45 se une al dominio transmembrana de p75. Así, lo que está intentando ahora el equipo de científicos del Laboratorio de Neurodegeneración del UFIEC-ISCIII es “diseñar inhibidores químicos del dominio transmembrana de p75 para inhibir su dominio en condiciones patológicas”, tal y como detalla Vilar.

Un reto con importantes dificultades, ya que esta proteína p75 no tiene actividad catalítica ya que, como subraya este investigador, “no es una quinasa ni una fosfatasa, sino una proteína un poco especial que desencadena su ruta de activación a partir de la interacción con otras proteínas”. Una meta a la que hay que añadir otra: la búsqueda de una molécula química que, como p45, inhiba la dimerización de p75, impidiendo así que se inicie el proceso de neurodegeneración. Para ello, este equipo del ISCIII se encuentra actualmente “testeando” librerías de moléculas para intentar dar con alguna capaz de “sustituir” a p45 en la práctica clínica.

Pero éste no es el único reto al que se enfrentan estos investigadores, que tienen que contar también con la mayor complejidad del funcionamiento del SNC en seres humanos en los que, además de p75, hay que añadir la intervención de otras proteínas y de cuatro NgR más. Todo ello con un objetivo claro: “que la respuesta del organismo no sea tan negativa tras la lesión, tener una ventana de tiempo que nos ayude a que el nervio se regenere”. Porque Vilar cree precisamente que el futuro va a ir por ahí, por la posibilidad de aplicar moléculas inhibitorias de p75 inmediatamente después de la lesión que impidan la degeneración.