R.C. Madrid | viernes, 27 de noviembre de 2015 h |

Actualmen te, la infección por tuberculosis (TB) se puede diagnosticar a partir de un test cutáneo, la prueba de la tuberculina, o a través del análisis de la liberación de interferón gamma (IGRAs). El problema es que la primera opción, aunque económica y fácil de utilizar, no distingue entre las personas infectadas y las personas que han sido vacunadas o que tienen infección por micobacterias no tuberculosas. Y la segunda, aunque más específica y capaz de distinguir entre las personas infectadas y las vacunadas, tiene un coste elevado tanto en tiempo como en dinero.

De ahí que los datos presentados en el 19º Taller Internacional de Tuberculosis, celebrado en Barcelona, sobre un nuevo test cutáneo, C-TB, sean una muy buena noticia. Como explica Morten Ruhwald, jefe de Inmunología Humana del Instituto Statens Serum, entidad comercializadora, “el test C-TB ofrece la misma precisión diagnóstica que los test disponibles, pero en un formato más coste-efectivo y fácil de utilizar”.

Según los datos del ensayo clínico en fase 3 presentado durante el Taller, este nuevo test es capaz de detectar a aquellas personas infectadas realmente por Mycobacterium tuberculosis, la bacteria causante de la tuberculosis, diferenciándolas de aquellas personas que han sido vacunadas, facilitando el diagnóstico y aumentando su precisión. Esta especificidad y sensibilidad similar a los IGRAs se cumple también en sujetos menores de edad y en personas con otras infecciones. En VIH, por ejemplo, el test es igualmente eficaz en personas con recuentos de linfocitos CD4 superiores a 100 células/mm3.

En el estudio han participado un total de 13 centros españoles —ocho de Cataluña, cuatro de País Vasco y uno de Galicia— que han aportado 979 pacientes, además de nueve centros en Sudáfrica que han supuesto la colaboración de 1.190 personas más. Precisamente en países como Sudáfrica, en los que todavía se vacuna contra la tuberculosis, la nueva prueba de la tuberculina C-TB permitiría simplificar los procesos de diagnóstico, lo que facilitaría entonces el acceso a tratamientos.

Asimismo, al reducir el número de falsos positivos de TB en las pruebas de tuberculina en personas vacunadas con BCG, se evitarían también muchos tratamientos innecesarios. Un problema que es además muy común en países endémicos de tuberculosis, que son precisamente aquellos con contextos sociales de recursos limitados.

Pero el nuevo test no solo es de utilidad en estos países con menos recursos económicos. Como apunta Joan Caylà, jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona e investigador principal de este ensayo clínico en España, esto es “una gran noticia para los clínicos y los programaas de control en general, ya que incluso en países de rentas altas no se dispone en ocasiones de laboratorios que realicen IGRAs”. Además, Caylà también destaca que “en los cribados comunitarios, es mucho más práctico realizar una prueba de tuberculina que recoger muestras de sangre”.